Música en tus oídos

Los auriculares son a los oficinistas lo que el casco a los obreros. En tiempos de caos y ruido, un pequeño espacio de tranquilidad y control.

Apuntes: vidas privadas

Auriculares Beats

// Por Nicolás Artusi

Una fantasía paranoide diría que la Matriz nos envía instrucciones inalámbricas y que nosotros respondemos como autómatas: caminamos por la calle con un aparato que nos tapa los oídos, en completa abstracción de la realidad circundante y, muchas veces, moviendo la boca, confirmando el sambenito social sobre los locos: ¿hablamos solos? Si la miniaturización fue la ambición máxima de la industria electrónica en los últimos años, los auriculares se convirtieron en un foco de rebeldía: cuanto más grandes, más potentes. Y mientras las nuevas leyes de la urbanidad prohíban escuchar música a todo volumen en colectivos y subtes, nos habilitan el último bastión de independencia humana mientras viajamos como ganado: crean un oasis de intimidad personal en el espacio público.  Sigue leyendo

Recetas contra la crisis

“Una crisis de cambio de civilización”: así definió el momento actual Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, según la revista Forbes. El Estado de Bienestar que Europa logró después de la Segunda Guerra Mundial “es insostenible”, porque el Estado interviene excesivamente en la economía y la únicas soluciones ante la crisis son subir impuestos, que agobian a la sociedad, o bajar el gasto público, que genera recesión. Para Slim, la crisis se resuelve con medidas concretas: achicar los Estados; cambiar los seguros de desempleo por capacitaciones pagas; trabajar tres días por semana, once horas cada día; y elevar las jubilaciones a 70 años o más, porque “ahora son sociedades de servicios, donde lo importante no es la fuerza física, sino la experiencia y el conocimiento”.

Leé más // El futuro del trabajo

La adicción moderna

Hay Internet y computadoras pero no todos saben aprovechar el tiempo. Para la mayoría, es una fuente más
en la distracción eterna.

Apuntes: vidas privadas

// Por Nicolás Artusi

Regla número uno: cerrar todas las ventanas (y cuando digo “ventanas”, se me hace inútil aclarar: sé que ya nadie piensa en esos agujeros calados en una pared para que entre luz). Regla número dos: mantener los dedos sobre el teclado (con el mismo rigor de un cura en el colegio de varones: ¡no se toquen!). Regla número tres: poner en marcha alguna clase de actividad productiva (una planilla de texto, el borrador de una columna llamada, ponele, Vidas privadas) para sostener una continuidad que genere el hábito. Si en los ’90 el término “brecha digital” distinguía entre quienes tenían acceso a Internet y quienes no, hoy significa otra cosa: la diferencia que hay entre quienes hacen algo útil con la computadora y quienes pierden su tiempo (¡su vida!) frente al monitor. Entregados al último videíto viral y a la tentación del porno gratuito, una generación de hombres considera el mouse como una extensión de su brazo y la red social como el lugar donde pasar sus días.  Sigue leyendo

El preferido del jefe

Una nueva técnica de autoayuda asoma en el salvaje mundo laboral. La de conquistar a tu superior sin perder (por completo) la dignidad.

// Por Nicolás Artusi

«Eramos tan pobres…»: el consuelo del empleado sometido compara los años infantiles de privaciones y justifica una adultez entregada a los caprichos del capo. Si en el sketch mítico de Olmedo el subordinado Pérez era capaz de entregarle hasta las sábanas al Señor Gerente, en inútil mérito para el ascenso nunca concretado a la subgerencia y como promesa de responsabilidad filial ante su señora esposa, una nueva técnica de autoayuda laboral se presenta como «el arte de ganarse al jefe». Se dirá que lo importante es encontrar el camino para ponerlo de tu parte y que es poco apto para hombres con dosis altas de dignidad, pero en la carrera por el puestito muchos oscilan entre la obsecuencia y la picardía, y hacen un credo de la frase «sí, señor, sí«.  Sigue leyendo

El éxito: ¿esfuerzo o suerte?

El autor Michael Lewis, guionista de las películas Un sueño posible y El juego de la fortuna, dio una conferencia universitaria esta semana que disparó la polémica en los medios académicos de los Estados Unidos: dijo que “el éxito en este mundo no es enteramente una cuestión de mérito y esfuerzo sino que una fuerza misteriosa y mística llamada ‘suerte’ juega un papel decisivo”. Graduado en Historia en Princeton, contó que su primer golpe de suerte fue durante una cena, cuando “casualmente” lo sentaron junto a la esposa de un alto jefe de Salomon Brothers, que animó a su marido a que le diera un trabajo. Con lo que vio en Wall Street escribió su primer libro, Liar’s Poker, que se convirtió en un best seller inesperado. Ocurre que “a la gente exitosa no le gusta adjudicar a la suerte el secreto de su éxito. No quieren reconocer el rol fundamental que los ‘accidentes’ tienen en sus vidas”. Es lo que los psicólogos llaman “ilusión de control”.

La guerra contra la juventud

François Hollande, electo presidente de Francia, ganó las elecciones con una propuesta concreta y audaz para combatir el desempleo: las empresas que contraten a menores de 30 años o a mayores de 55 no pagarán cargas sociales por esos empleados durante cinco años. Y los mayores deberán emplear el 25% de su tiempo laboral en formar a los más jóvenes. Después de la crisis financiera internacional se declaró la “guerra contra la juventud”, así bautizada por la revista yanqui Esquire: con niveles insólitos de desempleo, en Europa y en los Estados Unidos los jóvenes son los más perjudicados por el quebrando económico. Los datos son contundentes: en EE.UU., un mayor de 65 años gana US$ 170.494 promedio al año; un menor de 35 años, gana US$ 3.662. Desde que estalló la Gran Recesión, 1 de 4 jóvenes estadounidenses volvió a vivir con sus padres después de haberse independizado; 1 de 3 pospuso sus planes de casamiento; y 1 de 5 demoró la decisión de tener un hijo.

¡Estoy aburrido! Cómo lidiar con la desconexión

Las 24 horas con celular y con Internet, ya no soportamos un segundo sin la información que nos traen las redes sociales. Conexión o muerte.

// Por Nicolás Artusi

Los dedos tamborilean frenéticos sobre un mostrador de fórmica, el pasamanos de una escalera o el respaldo de una silla en esa incierta tierra de nadie llamada «sector de atención al público» en el banco: la fila se nos antoja kilométrica como la Larga Marcha de Mao a través de la China y, ahí donde las normas de seguridad impidan usar el telefonito, una crispación muda le hará subir los calores al hombre impaciente. El varón se roza la entrepierna para percibir una vibración, pero, lejos de cualquier pulsión autoerótica, nomás comprueba que el celular no esté sonando. ¿Y si justo ahora recibe una llamada importante? ¿Y si se pierde el tweet más comentado del día? ¿Y si el correo le filtra la foto de la última vedettonga enchastrada y él acá, confinado a la espera en una bóveda que se anuncia eterna?  Sigue leyendo

Los psicópatas del poder

Según un estudio, el 4 por ciento de los CEOs son psicópatas. El rol de los megalómanos en la crisis y la enfermedad de los que mandan.

// Por Nicolás Artusi

Con un desproporcionado sentido de la autoestima, son grandes promotores de sí mismos: roban los méritos ajenos, tienen tendencias megalomaníacas, esconden sus emociones y mienten descaradamente. Según la helada descripción clínica, son psicópatas: “Personas cuya conducta es amoral y antisocial que se caracterizan por sus acciones impulsivas e irresponsables, encaminadas a satisfacer sus intereses inmediatos y narcisistas, sin importar las consecuencias sociales, sin demostrar culpa ni ansiedad”. Pero no están presos o internados: son los jefes más exitosos del mundo. Un estudio comprueba que las personas psicópatas tienen cuatro veces más oportunidades de ocupar un sillón en el directorio de una gran compañía. Si en El aprendiz, el magnánimo Donald Trump te liquidaba con su lapidario “estás despedido”, para el empleado tipo la promesa de martirio llegará con otra frase: “Estás contratado”.

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El futuro del trabajo

¿Cuánto tiempo le queda a la jornada de ocho horas? Los argentinos están en el top ten de los que más tiempo trabajan por día y eso no es bueno. Un análisis sobre los modelos que buscan reemplazar la oficina con horarios de 9 a 17 y las discusiones laborales alrededor del mundo.

// Por Nicolás Artusi

Un mal día, la frente chocó contra el escritorio y el empleado quedó ahí, seco. Un eficiente escuadrón del servicio de limpieza recogió el cuerpo, vació los cajones, reseteó la computadora y, en cuestión de minutos, el cubículo estuvo listo para ser ocupado por otro empleado del mes. Log in, shut down. Con la imaginería apocalíptica de un cuento de  Philip K. Dick, la fábula transcurre en el presente imperfecto de una oficina del Japón: radiopasillo informará de otro caso de Karoshi, literalmente «muerte por exceso de trabajo», pero no alcanzará el rango de notición en un mundo que está redefiniendo los horarios laborales. Si en 1930 el célebre economista John Maynard Keynes había predicho que los hombres del siglo XXI trabajarían apenas 15 horas a la semana porque los avances tecnológicos harían inútiles las jornadas maratónicas, el avance del teletrabajo o la extinción de los estatutos profesionales están redefiniendo la cultura del «9-17» o la máxima peronista más transitada por el laburante: de casa al trabajo y del trabajo a casa.  Sigue leyendo