Woody Allen está salvado

Investigadores de la Universidad de Rochester descubrieron que la neurosis puede ser positiva para la salud. En su estudio, evaluaron los parámetros físicos, los rasgos de la personalidad y la salud psicológica de 1.054 adultos y descubrieron que los más neuróticos (aquellos que tienen la irritabilidad entre sus características emocionales principales) tienen bajos niveles de IL-6, un indicador de la crispación y la angustia. Y como estas condiciones están asociadas con enfermedades cardíacas, ataques cerebrales y demás… ¡eureka! Conclusión: acompañada por cierta autoconciencia, la neurosis puede ser beneficiosa para la salud. Una buena razón para vivir muchos años sufriendo.

Paternidad irresponsable

En las vísperas del Día del Padre, dicen que tener un hijo es una oportunidad para madurar, pero hay quienes opinan lo contrario y reivindican las tardes de Playstation.

// Por Nicolás Artusi

Una leyenda familiar cuenta que el día que nació mi primo, en lo más cínico de la crispación post-parto, mi tía le dijo a mi tío: “Por fin vas a dejar de ser el pendejo de la casa”. Error. Si una educación higienista insiste en la idea de la “paternidad responsable”, el hombre no necesita de la llegada de una réplica en escala para renunciar a la soberbia, gozosa, vitalicia irresponsabilidad. ¿Acaso habrá que resignar las mañanas domingueras regaladas al TC 2000 por los lisérgicos elefantitos rosados de Baby TV? Se dice que, en los días posteriores al nacimiento, el hombre disfruta de una sensación de euforia que ninguna droga (¡ni siquiera una tarde completa de playstation!) puede proveer. Pero esa ketamina emocional dura apenas seis semanas. Es científico: después, todo se nivela. Mientras los médicos discuten si la depresión post-parto es extensiva a los varones, algunos padres primerizos se chocarán en el puerperio con el dolor de ya no ser los querubines de la casa y con la indiferencia cruel de madres, abuelas y tías: nadie va a correr detrás de sus berrinchesSigue leyendo

El éxito: ¿esfuerzo o suerte?

El autor Michael Lewis, guionista de las películas Un sueño posible y El juego de la fortuna, dio una conferencia universitaria esta semana que disparó la polémica en los medios académicos de los Estados Unidos: dijo que “el éxito en este mundo no es enteramente una cuestión de mérito y esfuerzo sino que una fuerza misteriosa y mística llamada ‘suerte’ juega un papel decisivo”. Graduado en Historia en Princeton, contó que su primer golpe de suerte fue durante una cena, cuando “casualmente” lo sentaron junto a la esposa de un alto jefe de Salomon Brothers, que animó a su marido a que le diera un trabajo. Con lo que vio en Wall Street escribió su primer libro, Liar’s Poker, que se convirtió en un best seller inesperado. Ocurre que “a la gente exitosa no le gusta adjudicar a la suerte el secreto de su éxito. No quieren reconocer el rol fundamental que los ‘accidentes’ tienen en sus vidas”. Es lo que los psicólogos llaman “ilusión de control”.

El muñeco maldito

Ken, el novio de Barbie, cumplió 50 años y no muestra ni un signo de la mediana edad. Tampoco, hay que decirlo, demasiada virilidad.

// Por Nicolás Artusi

En abierto desafío a la crisis de la mediana edad, llega a la madurez con las facciones intocadas: ni una arruga surca el rostro siempre bronceado, ni un amago de calvicie ralea su cabellera siempre frondosa. Acaso demasiado esbelto para la estampa clásica de un hombre saludable, Ken, el eterno consorte de la muñeca Barbie, cumple cincuenta años y, si a ella se la criticó por la rotunda protuberancia de sus pechos plásticos o la inhumana circunferencia de la cintura, en él se hace más palpable la ausencia; lo liso es sinónimo de lo perfecto pero el muñecote se muestra sin relieves justo ahí donde los hombres nos exigimos la virtud de un amante superdotado: en la entrepierna.

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Mal pronóstico para la tormenta de ideas

Inventado hace más de 50 años, el “brainstorming” está en el banquillo. Una nueva ola de estudios cognitivos dice que esta técnica de creatividad tiene un problema: no funciona.

// Por Nicolás Artusi

Con tres paquetes de cigarrillos por día, un trago old fashioned sobre el escritorio a la hora de la siesta y un riguroso arsenal de camisas almidonadas, hubo una época en que los hombres de Mad Men eran reales: cuando las agencias de publicidad no habían sido invadidas por metegoles y mesas de ping pong, un tal Alex Osborn, socio de la mítica agencia BBDO, escribió el libro Your Creative Power (Su poder creativo), que se convirtió en el best seller inesperado de principios de los ’50. Con una astuta combinación de autoayuda cientificista y anécdotas del negocio, a Osborn se le ocurrió uno de sus mejores eslóganes para vender su propia obra (“si lee este libro duplicará su potencial creativo”) aunque la epifanía llegara recién en el capítulo 33: Cómo organizar un equipo para crear ideas. Era el nacimiento del brainstorming . Formado en la rutina de inventar avisos para vender planchas de General Electric o navajas de Gillette, el gurú concluyó que, cuando las personas piensan juntas, se genera una “tormenta de ideas” capaz de resolver cualquier problema. Pero una nueva generación de estudios cognitivos desmiente la utilidad de la tempestad y afirma que el brainstorming tiene un solo inconveniente: no funciona.  Sigue leyendo

¡Estoy aburrido! Cómo lidiar con la desconexión

Las 24 horas con celular y con Internet, ya no soportamos un segundo sin la información que nos traen las redes sociales. Conexión o muerte.

// Por Nicolás Artusi

Los dedos tamborilean frenéticos sobre un mostrador de fórmica, el pasamanos de una escalera o el respaldo de una silla en esa incierta tierra de nadie llamada “sector de atención al público” en el banco: la fila se nos antoja kilométrica como la Larga Marcha de Mao a través de la China y, ahí donde las normas de seguridad impidan usar el telefonito, una crispación muda le hará subir los calores al hombre impaciente. El varón se roza la entrepierna para percibir una vibración, pero, lejos de cualquier pulsión autoerótica, nomás comprueba que el celular no esté sonando. ¿Y si justo ahora recibe una llamada importante? ¿Y si se pierde el tweet más comentado del día? ¿Y si el correo le filtra la foto de la última vedettonga enchastrada y él acá, confinado a la espera en una bóveda que se anuncia eterna?  Sigue leyendo

La era de la madurez

La medicina y el Viagra prolongaron la salud y la sexualidad de los hombres, pero el desafío no es mantenerse joven sino envejecer bien. La adultez en los tiempos de las vidas largas.

// Por Nicolás Artusi

“Tu madre tenía razón: lo mío es machopausia. Me comporto como un lunático”: la confesión del padre lo exime de mayores explicaciones para su errática conducta, recién llegado de Sevilla donde, en viaje exploratorio de la mediana edad, se entregó al flamenco. Si Dustin Hoffman en Los pequeños Fockers resume con su taconeo la renacida juvenilia del sesentón, su esposa Barbra Streisand, sexóloga enteradísima en la comedia, diagnostica el cuadro: sí, “machopausia”. En disputa con el calendario y con cualquier síntoma de declive físico, una generación de sesentones se eterniza en la vigencia aeróbica y sexual, proponiendo un modelo actualizado de varón. O, en palabras de la prensa del último momento, los sesenta son los nuevos cuarenta.

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El mundo, según tu perro

¿Huelen los perros la tristeza? ¿Cómo perciben el paso del tiempo? ¿Piensan? Una experta en comportamiento animal devela estos y otros secretos.

// Por Nicolás Artusi

Conmovido por el afecto animal, o acaso reblandecido por los festejos de un cachorro entusiasta, Charles Darwin quiso dejar por escrito su interpretación de los lametones: “Los perros tienen una sorprendente forma de demostrar su afecto, la de lamer la mano o la cara de sus amos”. Malas noticias, Darwin: las últimas investigaciones en comportamiento animal comprobaron que los perros y los lobos simplemente lamen el hocico del recién llegado para saber a través del olor dónde estuvo… y si en ese lugar había comida.

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