El fracaso de las listas

Los propósitos para 2014 pueden ser una nueva causa de frustración. Consejos para evitarlo.

Apuntes: vidas privadas

Calendario fin de año

// Por Nicolás Artusi

“Este año fue un desastre”: en un respiro del entrenamiento en el gimnasio, mi amigo se queja de un esguince que lo tiene dolorido, se lamenta de un arreglo imprevisto del auto, patalea por un aumento del ABL y, claro, sufre por la ola de calor que atonta y que lo empuja a la repetición todavía más enfática (“¡este año fue un desastre!”) aunque recién sean las cinco de la tarde del 4 de enero. La anécdota, absolutamente verídica, habla de ESTE año, que para él ya está rancio como un yogur en la madrugada de un supermercado chino, apenas cuatro días que habrán sellado la matriz de lo que vendrá: todo para peor. En el comentario acre se esconde la expectativa desmedida frente a un simple cambio de páginas en el calendario y la sospecha, casi una certeza, de que los grandes cambios previstos quedarán atascados en la bandeja de salida como un mail no enviado, sepultados por el spam de la vida: contratiempos módicos y otras prioridades. “En el 2014 empiezo la dieta”; “este mes aprendo chino”; “de enero no pasa que pido un aumento”. Si las resoluciones de Año Nuevo no son más que deseos voluntaristas condenados al fracaso, ¿cómo evitar darse un corchazo contra la realidad?  Sigue leyendo

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Otro secreto del éxito: los grupos de amigos

Max Ernst

SnackLas ciencias del comportamiento se empeñan en averiguar los secretos de la gente exitosa y ahora llegaron a una nueva conclusión: tienen muchos grupos de amigos. Las ideas son como gérmenes: se esparcen a través de la gente. Por eso, las personas que en su vida social funcionan como “nodos” de distintos grupos hacen circular más las ideas propias, se nutren de las ajenas y tienen más chances de alcanzar el éxito en lo que se propongan. Según un estudio de la Universidad de Chicago, la clave no es la cantidad de amigos que uno tenga sino la organización: es más útil que los vínculos se organicen en “racimos” y que uno pueda articular con ellos, adoptando el papel de “conector”.

Leo clásicos, luego existo

Me pongo serio y recomiendo leer. Pero no tuits, leer de verdad: Cervantes, Tolstói y Dostoyevski.

Apuntes: vidas privadas

Marilyn, Ullyses

// Por Nicolás Artusi

Agotado de la urgencia en la comanda laboral o de la fugacidad en los vínculos líquidos, el hombre moderno tiene un arma secreta para ganar una batalla decisiva entre la guerra de la calle y la paz del espíritu: leer a Tolstói. O a Dostoyevski. O a Cervantes. Que el ánimo se disponga a sumergirse en novelones de mil páginas y decenas de personajes: en los clásicos de la literatura está la “invención de lo humano”, según la totémica definición del crítico Harold Bloom en su ensayo sobre Shakespeare. Ahora, un estudio publicado en la revista Science demuestra que leer los grandes clásicos aumenta la inteligencia emocional y la habilidad social. En épocas de textos a 140 caracteres, un desafío de resistencia para el lector fugaz: si hace unos años un best seller de autoayuda proponía “más Platón y menos Prozac” como la receta filosófica contra el trastorno de ansiedad generalizada, las novelas sagradas aguantan como un bastión de resistencia contra el imperio de lo efímero: un camino para ir en busca del tiempo perdido leyendo tuits, matando soldados en una consola o actualizando nuestro “estado” ante el interrogatorio diario del Facebook: “¿Qué estás pensando?”. Más Joyce y menos joystick.  Sigue leyendo

Preferiría decir que no

Entre las habilidades necesarias para sobrevivir en el mundo, hay una fundamental: cómo negarse.

Apuntes: vidas privadas

NO, camión

// Por Nicolás Artusi

Un obstáculo insuperable separa al hombre digno del abuso de un jefe tiránico o el mangueo de un cuñado díscolo: tiene el sí fácil. O el no difícil. El mandato productivista de la época nos anima a desarrollar habilidades sociales y profesionales como la resiliencia o la efectividad, pero nadie nos enseña a decir “no” con eficiencia. Hasta ahora. Ahí donde la culpa por defraudar las expectativas ajenas o el temor de enfrentar al prójimo hagan del hombre trémulo una víctima de su incapacidad para negarse (a él le tocará quedarse en la oficina después de hora o comprar carbón al momento del asado), la ciencia estudia el lenguaje del comportamiento y encuentra una manera irrebatible de negarse sin sufrir en el intento. Todo un desafío para flojos de carácter frente al superior iracundo o la esposa dominante: cómo decir “no”. Y lo más importante: que funcione.  Sigue leyendo

Con la nena, sí

La ciencia confirmó lo que ya sabíamos: el padre es el modelo de hombre alrededor del cual las mujeres construyen su ideal romántico. Incluso para buscar su opuesto.

Apuntes: vidas privadas

Monsters Inc.

// Por Nicolás Artusi

Siempre en la búsqueda de abrigo y consuelo, la nena se abraza a los muslos largos y peludos del hombre que pueda ser su papá. Es casi un paso de comedia con final conocido, que se repite en plazas o parques donde el entusiasmo la anima a encontrar un padre aun entre las piernas extrañas (es literal, no abusen de las interpretaciones lacanianas). La confusión se resolverá con risas de propios y ajenos y, en una elipsis inevitable, al hacer FFWW hasta la adolescencia de esa niña trémula, el padre observará, entre complacido y consternado, que la hija perseguirá novios que se le parezcan mucho o que no se le parezcan nada. Él será el meridiano a partir del cual ella construya sus relaciones. En la tele, un folklore cómico popular repetirá el entuerto en infinidad de sketches, siempre con un padre protestón y de recurrente ascendencia italiana, que eterniza el remate como latiguillo y declaración de guerra ante la aparición de cada nuevo candidato: “¡Con la nena, no!”.  Sigue leyendo

Retrato de un insomne

Consecuencias sociales, culturales y científicas de la dificultad para dormir. Ya se habla de “jet lag social”. Qué se esconde detrás del insomnio y cómo el sueño puede convertirse en una herramienta política.

El horror de no poder dormir 

Insomnio

/ Por Nicolás Artusi

“El primer requisito cuando nos disponemos a dormir es dejar la mente en blanco, tan vacía como nos sea posible, silente, ofreciéndonos con ánimo receptivo a la noche. Para muchos, y de manera habitual, este esfuerzo concluye donde empieza. No hay deliberación, la puerta se abre y luego desaparece”: ésta es una trasnochada confesión de Blake Butler, niño terrible de la nueva narrativa joven estadounidense y autor de Nada, retrato de un insomne, una cruza de ensayo, novela, memoria o ejercicio grafómano de ansiedad acerca de su propia dificultad para conciliar el sueño: “Si no fuese porque he pasado noches junto a otras personas que se quedan dormidas tan pronto como caen en la cama –durante esos viajes por carretera que terminan en habitaciones de hotel-, jamás hubiese sido conciente de mi trastorno, a pesar de que la noche nunca me haya parecido normal: un caudal invertido, cada vez más despierto en los últimos momentos del sueño hasta que, finalmente, me echo de nuevo al mundo más cansado que horas antes”. Titilante en la mesita de luz, el despertador contagia la urgencia de un reloj de aeropuerto en el instante previo a perder un vuelo e ilumina la habitación con el verdor pálido de un terror nocturno. En una época de mandato productivista, las horas de sueño deben ser aprovechadas en el máximo de su beneficio. Y si ya se habla de “jet lag social” para referirse a las personas que no pueden vincularse con el descanso, el insomnio tiene consecuencias culturales, científicas y hasta morales.  Sigue leyendo

Soy infeliz

Instagram, almohada

SnackEl Instituto The Human-Computer del Carnegie Mellon demostró que el “consumo pasivo” de las actualizaciones de los amigos en Facebook es directamente proporcional con sentimientos de soledad y hasta depresión: en algunas personas, observar las vacaciones, las fiestas o las mascotas de otros genera ansiedad, envidia y frustración. A tono con la velocidad de las redes sociales, nuevos estudios sugieren que Instagram es aún más deprimente que Facebook. ¿Cuáles son los motivos? 1. Instagram refuerza el aspecto más negativo de Facebook: la compulsión por mostrar. 2. Instagram se basa únicamente en la imagen y funciona como un espejo de nuestra propia vida. 3. Instagram confunde el sentido del tiempo. 4. Instagram vuelve difusa la ligera línea gris del acoso.

El fantasma de mi ex

Separarse ya no es lo que era. En tiempos de Facebook y otras redes sociales, resulta imposible no caer en la tentación del fisgoneo masoquista.

Apuntes: vidas privadas

Web

// Por Nicolás Artusi

Ya son los dos demasiado mayorcitos como para destrozarse, así que terminen esto de una manera civilizada: aunque te duela ver que ella prefiera apretar todas sus cosas en un bolsito de tan insoportable que se le hace vivir con vos, que se vaya, que olvide tu nombre, tu cara, tu casa y que pegue la vuelta. Y si te he visto, no me acuerdo. Un higienismo de la separación recomienda mantener distancia y no enterarse nada de nada pero, ay, es prender nomás la computadora que ahí aparece: ostentando su rapidísima recuperación ante el duelo del divorcio, feliz con amigos, en la liviandad del sentirse libre. Si en la comedia tontolona Los fantasmas de mi ex, la pesadilla del hombre era toparse con los muertos sentimentales que guardaba en el ropero, en la edulcorada Simplemente no te quiere, la mujer se lamentaba de la multitud de formatos que la tecnología ofrece para que un tipo la plante. SMS. E-mail. FacebookSigue leyendo

El recuerdo de lo que aún no sucedió

Recuerdos futuro

SnackSi uno quiere recordar cosas pasadas de su vida, hay miles de fotos o e-mails que traen esos recuerdos del pasado. ¿Pero cómo recordar lo que todavía no sucedió, como una reunión de trabajo, un partido de fútbol con los amigos o cerrar la ventana del balcón antes de salir de casa? Esa es la diferencia entre la memoria retrospectiva y la memoria prospectiva. ¿Por qué suele fallar esta última? La memoria prospectiva nos dice que hay hacer una tarea A cuando estés en el lugar B en el momento C. El problema es que el lugar B o el momento C no nos dicen por sí solos cuál es la tarea A. Hasta ahora. Una nueva generación de aplicaciones usará la geolocalización para que, al pasar por un sitio en un momento determinado, una alarma nos recuerde lo que tenemos que hacer.

Efecto “cabeza quemada”: 10 preguntas

Burn Out

SnackEnero es el mes clave en el diagnóstico del efecto “burn out” o, entre nosotros, “cabeza quemada”. Los que aún no se van de vacaciones sienten que no tienen la energía suficiente para encarar el inicio de un año nuevo. El año que aparece por delante parece interminable y las reservas de energía mental parecen estar agotadas. Pero antes de golpearse el cráneo con un matafuegos, es conveniente hacerse algunas preguntas para autoevaluar el nivel de quemazón y elegir un conveniente protector solar para la cabeza… pero del lado de adentro.

10. ¿Estoy realmente muy ocupado o sólo es una sensación?
09. ¿Cuál es la prioridad?
08. ¿Qué pasa si no tengo suficiente tiempo?
07. ¿Estoy rodeado de gente que consume mi energía?
06. ¿Debo hacerlo todo yo mismo?
05. ¿Qué pasaría si dijera “no”?
04. ¿El consumo me está consumiendo la vida?
03. ¿Todo el stress es malo?
02. ¿Está bien combatir la ansiedad o es normal estar nervioso?
01. ¿Cómo hago para dejar de mirar el reloj?