El cristal con que se mira

Cómo es la perturbadora experiencia de mirar y ser observado a través de Google Glass, los anteojos que cambiarán la manera de relacionarse entre las personas. La distopía de la conexión permanente en una sociedad obsesionada con el control.

Google Glass: qué hay detrás de la pantalla

Vogue, Google Glass

// Por Nicolás Artusi

Un trench de guanaco teñido de turquesa con etiqueta Oscar de la Renta, una polera negra de Gucci, guantes y cinturón de cuero Michael Kors y anteojos de plástico producidos en serie por Google, Inc.: si un mito editorial de nuestros tiempos es el September Issue de la revista Vogue, la edición de septiembre que es récord en cantidad de páginas y avisos al marcar las tendencias de la próxima temporada (“esto sí, aquello no”), este año supo combinar alta costura con alta tecnología: por primera vez en la historia, a tono con el espíritu revulsivo de su editora Anna Wintour y con la promesa de “una visión futurista de la moda”, la revista dedicó doce páginas a combinar los modelos de los más cotizados diseñadores con Google Glass, los anteojos de realidad aumentada que van a cambiar el futuro y la manera de relacionarse entre los hombres. Si el estilo periodístico admitiera la primera persona, aquí confesaría que, en mi último viaje a Nueva York, me sentí intimidado al cruzarme con los adelantados de anteojos que dan un aire extraviado a sus portadores, una inquietante sugerencia de inhumanidad en la mirada: calculé que, al verme a través de esos cristales, estarían googleando mi currículum, evaluando la prosa de mis tuits más faveados, midiendo la conveniencia de solicitarme “amistad” según parámetros cuantificables: las fiestas a las que me invitan, las fotos de mis últimas vacaciones o la cantidad de amigos que tengo.  Sigue leyendo

Soy infeliz

Instagram, almohada

SnackEl Instituto The Human-Computer del Carnegie Mellon demostró que el “consumo pasivo” de las actualizaciones de los amigos en Facebook es directamente proporcional con sentimientos de soledad y hasta depresión: en algunas personas, observar las vacaciones, las fiestas o las mascotas de otros genera ansiedad, envidia y frustración. A tono con la velocidad de las redes sociales, nuevos estudios sugieren que Instagram es aún más deprimente que Facebook. ¿Cuáles son los motivos? 1. Instagram refuerza el aspecto más negativo de Facebook: la compulsión por mostrar. 2. Instagram se basa únicamente en la imagen y funciona como un espejo de nuestra propia vida. 3. Instagram confunde el sentido del tiempo. 4. Instagram vuelve difusa la ligera línea gris del acoso.

Cómo ganar seguidores

Twitter, off on

SnackSi un viejo libro de autoayuda proponía “cómo ganar amigos” (el subtítulo de la obra de Dale Carnegie además ofrecía “cómo influir sobre las personas”), la necesidad de la época es cómo ganar seguidores: el 80% de los usuarios de Twitter tiene menos de diez followers, lo cual desmiente la promesa de horizontalidad de la red social. Un nuevo estudio de la Universidad de Michigan analizó medio millón de tweets de 507 usuarios y analizó todas las variables para responder la pregunta de la época: cómo ganar seguidores.

Lo que no hay que hacer

Sólo emitir, sin interactuar; ser negativo; usar hashtags en exceso; ser autoreferencial

Lo que hay que hacer

Construir una red; escribir tweets que puedan ser retuiteados; difundir información y links; tener un perfil detallado; ser positivo; ser elocuente; precisar tu locación; aferrarse a un tópico.

En el limbo o en la nube

Los libros impresos y los discos compactos son posesiones materiales que nos pueden acompañar hasta el final de nuestros días y, después de la muerte, probablemente pasen a nuestros herederos. Pero, ¿qué pasa con los contenidos digitales? Este es el debate que se discute actualmente en los Estados Unidos. Los archivos digitales (libros, música, películas o revistas) entraron en un limbo legal después de la muerte de su legítimo dueño. Los consumidores pueden tener la impresión de que están “comprando” e-books o canciones en sitios como Amazon o iTunes, pero en realidad están adquiriendo una licencia de uso, que es intransferible a otra persona. Los expertos en propiedad intelectual no se ponen de acuerdo: ¿nuestros contenidos digitales deberían heredarse o quedar para siempre perdidos en la nube?

 

La cofradía del emoticón

Las redes sociales cambiaron los protocolos de la interacción humana: se coincide en el tiempo, no en el espacio, y ese “minuto a minuto” se parece a la euforia.

Comunicación en la era de Internet

// Por Nicolás Artusi

En esa voz segura y algo metálica, él creyó oír el sonido del amor verdadero: David se enamoró de Siri, sin importarle que Siri fuera el sistema de reconocimiento de voz que responde las preguntas del dueño de un iPhone. “¿A cuántas cuadras queda el sushiclub más cercano, Siri?”. “A cinco, David”. Esta es la fábula que narra el libro Siri and Me, que recién se publicará en octubre pero que ya es un best-séller anticipado en Amazon.com, la mayor librería virtual del planeta. Su autor es el blogger David Milgrim, que ya había publicado la novela Goodnight iPad y que ahora explora el peculiar vínculo amoroso que un hombre establece con su teléfono inteligente cuando se fascina con la misteriosa, y a veces críptica, mujer que reside adentro del aparato. Que se acabe la pasión pero no la batería: al principio, David y Siri entienden que la buena comunicación es el secreto para sostener una relación exitosa. Pero después se dan cuenta de que tomar la mano cálida de la pareja es algo incomparable.  Sigue leyendo

La adicción moderna

Hay Internet y computadoras pero no todos saben aprovechar el tiempo. Para la mayoría, es una fuente más
en la distracción eterna.

Apuntes: vidas privadas

// Por Nicolás Artusi

Regla número uno: cerrar todas las ventanas (y cuando digo “ventanas”, se me hace inútil aclarar: sé que ya nadie piensa en esos agujeros calados en una pared para que entre luz). Regla número dos: mantener los dedos sobre el teclado (con el mismo rigor de un cura en el colegio de varones: ¡no se toquen!). Regla número tres: poner en marcha alguna clase de actividad productiva (una planilla de texto, el borrador de una columna llamada, ponele, Vidas privadas) para sostener una continuidad que genere el hábito. Si en los ’90 el término “brecha digital” distinguía entre quienes tenían acceso a Internet y quienes no, hoy significa otra cosa: la diferencia que hay entre quienes hacen algo útil con la computadora y quienes pierden su tiempo (¡su vida!) frente al monitor. Entregados al último videíto viral y a la tentación del porno gratuito, una generación de hombres considera el mouse como una extensión de su brazo y la red social como el lugar donde pasar sus días.  Sigue leyendo

Google Street View, ¿una nueva forma de arte?

“Usted puede tomar una caminata virtual por casi cualquier lugar del mundo desarrollado y eso está inspirando una nueva forma de arte”: El diario inglés The Guardian publicó un ensayo sobre la influencia decisiva, y todavía no estudiada, de Google Street View sobre el mundo moderno. El fotógrafo alemán Michael Wolf ganó una mención de honor en los World Press Photo Awards con su serie de instantáneas tomadas de su computadora mientras “recorría” las calles de distintas ciudades. En la aplicación, él busca lo que llama “Eventos desafortunados”: fotos de las ciudades tomadas por el auto de Google, donde se ven altercados y accidentes, gente orinando o teniendo sexo en las calles, peleas y fatalidades. Según Wolf, se está dibujando una nueva forma de arte que prescinde del artista, que convierte a cualquier persona en sujeto u objeto de la obra y que redefine la vigilancia casi policíaca de la época.

La guerra de los sexos en las redes sociales

Es fácil darse cuenta de que Google+ es para hombres y Pinterest para mujeres. ¿Pero qué pasa con Facebook y Twitter? Las mujeres son mayoría en ambas redes sociales y empiezan a ocupar lugares tradicionalmente masculinos, como los jueguitos: el 60% de los usuarios de los entretenimientos online de Zynga es femenino. Insólito: las mujeres mayores de 55 años juegan más que los hombres de entre 15 y 34. Todavía más vinculados al mundo del trabajo, los hombres son mayoritarios en LinkedIn, donde hay más de un 63 % de masculinos.

Dime cómo te fotografías…

Posadas o espontáneas, serias o graciosas, solos o en grupo: los retratos que subimos a las redes sociales dicen mucho sobre nosotros.

// Por Nicolás Artusi

Móvil en vivo desde mi muro de Facebook, señor director, imágenes ya: de arriba hacia abajo, Pablo P. muestra medio rostro, como si hubiera sido biselado por un cirujano sin carné habilitante; Fede B. se ilumina la cara con una linterna, como en un examen maníaco de fondo de ojo; Mary P. sacude la cabeza y revolea la melena en ambiente de fiesta electrónica; Alejandro S. grita junto a un alambrado con la camiseta de River. ¿Qué dicen de nosotros las fotos del perfil? Enigmático, introspectivo, atrevida. Descendido. Ahí donde Roland Barthes haya definido lo que se quiere ver en las fotos de la gente (“una imagen capaz de crear un impacto emocional desde el primer vistazo”), las redes sociales habilitan el retoque para todos: si es cierto que nadie es tan feo como en su foto del documento ni tan lindo como en su foto del perfil, del promedio saldrá una identidad verdadera.  Sigue leyendo