Porque yo lo digo

Los mitos con que nuestros padres intentaban disciplinarnos no tienen justificación científica. Sin embargo, los repetimos con nuestros hijos.

Apuntes: vidas privadas

Oogie Boogie

// Por Nicolás Artusi

Como si el hálito del Diablo se colara por la ventana de la cocina, me pasé la primera infancia sumido en el terror al estrabismo forzoso en cada bizquera intencional: “Si te da un golpe de aire te quedás bizco. Para siempre”. ¿Un golpe de aire? ¿Y eso? La advertencia paterna tomaba la forma de una premonición agorera e indiscutible. Si el terror infantil a cada Hombre de la Bolsa no logró que, de grande, pueda tragar una cucharada de sopa, un prematuro pensamiento racionalista me empujó a discutir algunos de los mitos con los que fui criado. Y, acaso siendo un niño algo avispado por la lectura de los fascículos Tecnirama que heredé de mi abuelo, confirmé lo que sospechaba. Con escaso rigor científico, cada advertencia tenía una única fuente, siempre justificada en la inescrutable majestad del saber paterno: “Porque yo lo digo”.  Sigue leyendo

Soy solo y me gusta serlo

Los solteros son cada vez más, pero las porciones de ravioles del supermercado siguen viniendo para dos. Mitos y verdades de la relación entre estado civil y felicidad.

// Por Nicolás Artusi

Paralizado ante la góndola de congelados, vuelvo a mirar el paquete de ravioles y, como si la cifra pudiera cambiar por voluntad del cliente, otra vez confirmo: 500 gramos, dos porciones. La soltería me condena a la pasta seca y mi espíritu emprendedor me empuja a imaginar negociones: si Ned Flanders llegó a fundirse con Leftorium, su revolucionaria tienda de productos para zurdos, yo me puedo hacer millonario con el primer supermercado que venda porciones individuales. Soy solo, pero estoy a la moda. En pleno siglo XXI, el 51 por ciento de la gente está casada; en 1960 era el 72 por ciento. Mientras los cuentos infantiles encuentran su final feliz en el matrimonio, y el stand up interpreta la pareja como el más rutinario de los tormentos, es hora de aceptar la evidencia: algunos de nosotros no vamos a encontrar el amor de nuestras vidas. Y viviremos para contarlo.  Sigue leyendo

Paternidad irresponsable

En las vísperas del Día del Padre, dicen que tener un hijo es una oportunidad para madurar, pero hay quienes opinan lo contrario y reivindican las tardes de Playstation.

// Por Nicolás Artusi

Una leyenda familiar cuenta que el día que nació mi primo, en lo más cínico de la crispación post-parto, mi tía le dijo a mi tío: “Por fin vas a dejar de ser el pendejo de la casa”. Error. Si una educación higienista insiste en la idea de la “paternidad responsable”, el hombre no necesita de la llegada de una réplica en escala para renunciar a la soberbia, gozosa, vitalicia irresponsabilidad. ¿Acaso habrá que resignar las mañanas domingueras regaladas al TC 2000 por los lisérgicos elefantitos rosados de Baby TV? Se dice que, en los días posteriores al nacimiento, el hombre disfruta de una sensación de euforia que ninguna droga (¡ni siquiera una tarde completa de playstation!) puede proveer. Pero esa ketamina emocional dura apenas seis semanas. Es científico: después, todo se nivela. Mientras los médicos discuten si la depresión post-parto es extensiva a los varones, algunos padres primerizos se chocarán en el puerperio con el dolor de ya no ser los querubines de la casa y con la indiferencia cruel de madres, abuelas y tías: nadie va a correr detrás de sus berrinchesSigue leyendo