Vivir a pie

Harto del tráfico y los embotellamientos, un intento por volver a la caminata en las grandes ciudades.

Apuntes: vidas privadas

Walking Men 2

// Por Nicolás Artusi

La vida a 5 kilómetros por hora: chacinados adentro de una lata con ruedas, vemos pasar la existencia ante nuestros ojos mientras el semáforo alterna con la tricromía de un daltónico, rojo-amarillo-verde-amarillo-rojo. Manoteamos el teléfono para leer un tuit, hacemos un zapping frenético por las radios, nos entregamos al hojeo ocioso de una guía Filcar, nos martirizamos con el monólogo interior: “¿Sabías que hay una calle que se llama Achupallas?”. El auto no se mueve, el tiempo se congela y la vista se enturbia por la crispación. Si a fines de los ‘90 el movimiento slow militó por un desafío al culto a la velocidad y mientras la publicidad nos convenció de los perjuicios del tránsito lento (je), las calles del siglo XXI hacen de aquella elección casi ludita una exigencia pragmática: la mismísima revista Forbes, biblia de los millonarios y los aspirantes, recomienda al ejecutivo estresado: “Venda su auto”. Si una queja trillada del conductor en la hora pico es que se circula “a paso de hombre”, que el varón moderno haga su propio elogio de la lentitud y se convierta ya no en ciclista, siempre que pueda: en caminante.  Sigue leyendo

Palermo no se acaba nunca

Palermo Soho

SnackEn los últimos tiempos, el ingenio inmobiliario y la creatividad mediática (¿) crearon distintos barrios adentro de un barrio: Palermo Hollywood, Soho o Queens. Alguien lo definió como “un barrio Inception”, con una realidad metida en otra. Pero hay otros Palermo, más ocultos. Fascinado por un barrio con múltiples personalidades, el sitio The Bubble, con noticias de la Argentina escritas en inglés para el mundo, se encargó de recopilar los nuevos tipos de Palermo. ¿Querés saber cuáles son?  Sigue leyendo

Ciudades rápidas, ciudades lentas

Ipanema

SnackUn nuevo concepto se propone medir la calida de vida de las grandes metrópolis: ciudades rápidas o ciudades lentas. La consultora internacional Mercer, junto con la aerolínea British Airways, realizó una encuesta mundial y los resultados determinaron dos grupos de urbes. La “velocidad” de una ciudad no puede medirse según el crecimiento de su población o su superficie, según la eficiencia de su transporte público o la calidad de su aire. La “velocidad” es un “estado de la mente, una actitud”. Y eso midió Mercer: la escala humana de ciudades donde todavía haya tiempo para tomar un café con un amigo o la manera en que un ciudadano promedio trabaja y pasa el tiempo con su familia. ¿Querés saber cuáles son las ciudades rápidas y cuáles son las lentas?  Sigue leyendo

El incordio de las comodidades

Mi vida como presidente del consorcio

Hong Kong, edificio

// Por Nicolás Artusi

Desde que se inauguró este bonito edificio con amenities soy miembro fundador de la asamblea de copropietarios, el triunvirato que decide la suerte de las 18 unidades funcionales y sus espacios comunes (ciertas aspiraciones republicanas me animan a presentarme como “el presidente del consorcio“; en fin, cosas mías). Es que soy el único votado para este cargo durante siete períodos consecutivos y si alguno pudiera sospechar de mi ambición de aferrarme al sillón consorcial, debería notar que el cargo es totalmente ad honórem, que insume interminables horas de reuniones para legislar siempre a favor de los vecinos y que nuestra carta magna (que vendría a ser el Reglamento de Copropiedad) no prohíbe la re-re-re-re-re-re-re-elección. La estimula. Nadie como yo conoce los meandros de la membrana asfáltica de la medianera que da hacia la avenida o los dilemas que entraña la administración del salón de usos múltiples (en términos catastrales e inmobiliarios, el SUM).  Sigue leyendo

Tracción a sangre

El furor actual por bicicletas, longboards, skates y rollers devela el punto de saturación de las ciudades pero también dice mucho de nosotros como seres urbanos: pedaleamos para encontrar un remanso zen en el caos o para volver a sentirnos chicos por un rato.

Nuevas formas de transporte en la ciudad

Bicis Puerto Rico

// Por Nicolás Artusi

Empachado de chocolates y apurado por la precisión suiza que condena como un pecado mortal llegar tarde a cualquier lado, en mi primer viaje a Ginebra me pregunté: “¿Cómo hacen estos tipos?”. Siempre peinados y bien vestidos, puntuales hasta la manía, amables y educados hasta la parodia, circulan por calles angostas y mudas, recoletas en su estatismo. Silencio en pleno centro. De la observación surgió la epifanía: no manejan autos. Van en monopatín. Todos. Se impulsan con una pierna, toman envión, afirman el manubrio, hacen equilibrio, disfrutan del viento en la cara el adolescente ansioso o el juez venerable, la dama o el caballero. En aquellos días en Suiza pude soñar con un futuro sin smog ni bocinazos, sin nafta ni lubricantes: compré mi propio medio de locomoción y, aunque tuve que pagar exceso de equipaje en el avión de regreso, sentí que estaba contribuyendo a una causa noble. Ahora, cualquiera que viva cerca de mi casa habrá observado un bólido que trajina la bicisenda que me plantaron en la puerta del edificio y dirá, como dicen las comadres del barrio: “Ahí va el del monopatín”.  Sigue leyendo