Salvando el mundo con estilo

Una muestra en el Metropolitan de Nueva York devela cómo los superhéroes y sus trajes corporizan las metáforas sociales del siglo XX.

// Por Nicolás Artusi / Desde Nueva York

Cuando tenés siete años, una toalla te puede cambiar la vida: te la anudás al cuello y te convertís en Superman.

Ahora, un juego de espejos engaña la vista y el anodino ambo de Clark Kent, modelo de “hombre beige”, se transforma en una calza prieta mientras la malla desteñida de La Mujer Maravilla confirma cierta dejadez en los hábitos higiénicos del superhéroe, lo que podría ser otro síntoma de sus problemas de autopercepción: “¡Me pongo estos anteojos y nadie me reconoce!”. Mientras las esculturas grecorromanas se exhiben impúdicas en sus músculos sobrehumanos, los fondos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York se convierten en una Baticueva con la muestra Superheroes: Fashion and Fantasy, que devela cómo el paladín fue usado para corporizar metáforas sociales y realidades políticas.  Sigue leyendo

El mundo, según tu perro

¿Huelen los perros la tristeza? ¿Cómo perciben el paso del tiempo? ¿Piensan? Una experta en comportamiento animal devela estos y otros secretos.

// Por Nicolás Artusi

Conmovido por el afecto animal, o acaso reblandecido por los festejos de un cachorro entusiasta, Charles Darwin quiso dejar por escrito su interpretación de los lametones: “Los perros tienen una sorprendente forma de demostrar su afecto, la de lamer la mano o la cara de sus amos”. Malas noticias, Darwin: las últimas investigaciones en comportamiento animal comprobaron que los perros y los lobos simplemente lamen el hocico del recién llegado para saber a través del olor dónde estuvo… y si en ese lugar había comida.

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La carcajada final

“Public speaking” es un documental de Martin Scorsese sobre la figura de Fran Lebowitz, la mítica escritora que sufre un bloqueo creativo desde 1979.

La cosa por la que me castigaban en casa terminó siendo la misma por la que me pagan”. La parábola premia con justicia el acto de hablar en público de manera compulsiva y, ahí donde Raymond Carver haya reclamado “querés hacer el favor de callarte por favor”, la afilada Fran Lebowitz le habría respondido con otro tsunami de palabras. Blablablá. Hombruna, ancha en sus sacones, vestida siempre de varón, con la voz cascada por el cigarrillo, a los 60 años sigue siendo una observadora cínica y brutal del Imperio desde los días del flower power hasta el hipotético default , un mito de la inteligencia neoyorquina y una mujer que, verborrágica en la oralidad, se confiesa impotente en la escritura: hace tres décadas que no puede terminar un libro. Pero hizo del bloqueo una carrera exitosa. Si en la desesperación por el best-seller algún editor argentino patentó el oxímoron del “lector que no lee”, Fran Lebowitz es la escritora que no escribe: sin textos desde 1981, cuando publicó Social studies , el segundo de sus dos libros de “ensayos cómicos”, hizo de la pereza una marca de autor.  Sigue leyendo