La historia del almuerzo

Una monumental muestra en la Biblioteca Pública de Nueva York exhuma la historia del almuerzo como institución social en las grandes ciudades. De las primeras colaciones y la lunchera escolar, al carrito para comer en la calle y el almuerzo en la oficina.

Comidas en el recuerdo

Lunch Hour 1

// Por Nicolás Artusi / Desde Nueva York

“De las tres comidas que marcan el día, el almuerzo es la única que adquirió su identidad moderna aquí, en las calles de Nueva York”: con letras de molde y la custodia de dos beatíficos leones de granito, la monumental Biblioteca Pública de la 5º Avenida consagra la fundación mítica del almuerzo como institución social. La imagen ploteada de un carrito que vende hot dogs abraza la puerta y admite el ingreso gratuito a Lunch Hour, una originalísima exposición que seguirá abierta hasta el 17 de febrero, ideal para visitar en la hora del almuerzo, cuando la secretaria ejecutiva promedio lleva los zapatos de taco alto en una mano y una ensalada en la otra. Si la palabra anglo “lunch” deriva de la muy española “lonja” (según la Real Academia, “cosa larga, ancha y poco gruesa, que se corta o separa de otra, como ‘lonja de tocino’”), en 1755 apareció por primera vez en el mítico diccionario inglés de Samuel Johnson, pero no fue hasta el siglo XX que se convirtió en una norma social, protegida incluso por los estatutos laborales. La hora del almuerzo es un derecho de cualquier trabajador. Allá por 1820, por 6 centavos de dólar un empleado podía comer todas las ostras que quisiera (hoy cada pieza cotiza a 2,25 dólares). Bajo las presiones de la industrialización, y con Nueva York asumida tempranamente como “la capital del mundo”, se concluye que el lunch urbano nació en estas calles: ahí donde la tradición rural convertía la cena en la comida más importante del día casi a mitad de la tarde, el almuerzo fue una necesidad de los empleados. Sometidos a las enormes distancias de la modernidad, los horarios de las comidas se codificaron y cuando la ciudad se expandió y los que trabajaban en el centro ya no pudieron volver a sus casas durante el mediodía, nació la hora del almuerzo. Buen provecho.  Sigue leyendo

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