Los enredos de Wanda

China, Disney y el control de la geopolítica de los dibujos animados.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Mickey Mouse, trampa

Mickey Mouse es historia. Con sus calzoncillos rojos, los guantes de mayordomo y la voz aflautada, el ratón pasó de moda: aun con toda su diplomacia milenaria, el altísimo ejecutivo chino Wang Jianlin dice que el frenesí por Mickey y el pato Donald ya fue, que Disney no produce nada nuevo desde hace años y que el furor por las secuelas demuestra que los yanquis sólo saben copiarse a sí mismos. Multimillonario y poderosísimo, Wang es el presidente de Wanda Group, el mayor conglomerado chino de entretenimientos, que ahora declara a los Estados Unidos la guerra por el soft power: sin tanques ni soldados, una guerra de montañas rusas y muñecos de felpa. En la ciudad de Nanchang, Wanda inauguró un elefantiásico parque de diversiones tres semanas antes de que Disneylandia abriera sus puertas en Shangai y allí se refleja un fenómeno de época: este siglo, las guerras mundiales serán por el control de la geopolítica de los dibujos animados.  Sigue leyendo

#NoEsNo

En los aires del norte y del sur, tres palabras contra la violencia machista.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Alice Bag

Tres palabras expresan los gritos del silencio. Desde el escenario, una mujer con el pelo teñido de violeta canta con ritmo furioso: “Ella usa tacos y una pollera ajustada, ajustada/ ella te sonríe, parece que te coquetea/ ¡pero no, no, no es no!”. El público aúlla, se une en el coro de las tres palabras y entre olas de música y delirio Alice Bag se sacude con cabeceos epilépticos y repite el estribillo de su última canción. Nacida hace 57 años en Los Angeles, es la leyenda viva del punk chicano, un género bastardo con el que ella denuncia la doble opresión de ser mujer y ser latina en una tierra de cowboys. Y aunque es un ícono contracultural desde la década del 70 nunca grabó un disco. Hasta ahora. Hace unos días se publicó con su nombre propio como título y, en once temas de ritmo frenético, tiene una dramática resonancia de época: mientras Latinoamérica se une en contra de la violencia de género, tres palabras se convirtieron en un hashtag atronador, que es la manera en que hoy se expresan los reclamos más agudos, #NoEsNo.  Sigue leyendo

Paraísos de hoy

Un edén donde los bancos no son lo que parecen y las joyas se confunden entre el mar, el sol y los dólares.

Souvenir: recuerdos de las islas Caimán

Caimán, playa

La rutilante arquitectura del dinero nos convenció de que los bancos sólo pueden construirse de una forma (con grandes paños de vidrio, pisos de mármol y detalles en las mil versiones de lo cromado), pero acá los grandes bancos internacionales ocupan casitas de pocos pisos, con el techo a dos aguas y los tablones de madera pintados en distintos tonos pastel, amarillo-patito o rosa-flamenco. Hasta los cajeros usan sombrero panamá y ya desde que aterrizo en las Islas Caimán advierto que, aun en el centro de América, se maneja a la manera británica (por la izquierda), que el retrato regio de la Reina Isabel custodia todas las reparticiones públicas o las señales de tránsito, y que esas casitas de madera son el símbolo perfecto del dinero mal habido y bien escondido: modestas por fuera, fortalezas inexpugnables por dentro. A una hora de Miami, los empresarios advenedizos y los políticos corruptos esconden sus millones en alguno de estos trescientos bancos y si el castigo divino al pecado original fue la expulsión del Paraíso, los pecadores de hoy dotan de un nuevo sentido a la palabra porque el único paraíso que anhelan es éste, el paraíso fiscal.

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Dale leña

Una prodigiosa novela creada desde la obsesión y las manos sangrantes de un escritor.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Mike Wilson

“Ayer derribé mi primer árbol”: para llegar hasta acá hicieron falta diecisiete páginas y toda una vida. En la existencia de este leñador, el árbol es el desafío iniciático que lo hace hombre. Fue soldado y boxeador y cuando creyó que su vida necesitaba un giro argumental (“fracasé en las islas y en el ring”), dejó su país buscando alejarse de todo y se mudó a los bosques de Yukón, al noroeste de Canadá, casi en la frontera con Alaska, donde fue admitido en un campamento de hombres grandes, toscos y barbudos que le dieron un hacha con filo de acero y mango de olmo liso. La idea original era estudiar su oficio, pero la aventura fue transformadora y lo duro de esa vida en los bosques es lo que cuenta Leñador, la extraordinaria novela de Mike Wilson que acaba de publicarse en la Argentina: un tronco de quinientas páginas sin capítulos ni remansos que compila absolutamente todo (¡todo!) lo que se puede decir o saber acerca del ser leñador porque, en su epifánica experiencia, el narrador madura a través del conocimiento: “Aprendí cosas”, dice.  Sigue leyendo

Titanias en el ring

Como una pantomima de las emociones, la lucha libre es más efectiva que el teatro.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Glow

“Chicas, no hagan esto en sus casas”: la proverbial recomendación del relator cambia de género cuando la práctica del cortito, la toma manubrio o la doble Nelson queda en manos de ellas. Si es cierto que el catch es un deporte innoble, falseado y con el ganador arreglado, la lucha libre femenina goza todavía de menor reputación: pone a la mujer en ejercicio de “lo masculino” y eso, para algunos, resulta intolerable. Pero ese prejuicio tal vez cambie cuando Netflix estrene su nueva serie, una comedia dramática basada en GLOW, la sigla de Gorgeous Ladies of Wrestling, la liga de mujeres que en 1986 se subieron a un ring de Las Vegas para deslumbrar con sus patadas voladoras: en un tributo al kitsch, las polainas y la lycra, la productora Jenji Kohan, creadora de Orange is the New Black, lleva a la tele el show de las emociones sin repliegues porque la lucha libre, como el teatro griego, la comedia italiana o la corrida de toros, resume la naturaleza de los grandes espectáculos: es el melodrama de la vida.  Sigue leyendo

Sexo, mentiras y video

La obsesión de los casi famosos y una moraleja de las operaciones mediáticas.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Yacht, sex tape

El comunicado tiene casi las mismas palabras que tantos otros: “Claire y yo, que somos compañeros artísticos y románticos desde el 2006, hicimos un sex tape. Era sólo para nosotros (…). Ahora es una vergüenza”. Hace unas semanas, el grupo YACHT, un dúo de música electrónica de Los Angeles integrado por Jona Bechtolt y su novia Claire Evans (una de esas bandas modernitas que se escucha en mis programas de radio), denunció públicamente que un hacker les robó un video hot que grabaron en la intimidad de su dormitorio. Enviaron cartas a los diarios, se mostraron compungidos en entrevistas, ofrecieron conferencias de prensa y en la abulia mediática de los sitios de chimentos, el tema originó una pequeña revolución pero, aun con las habilidades informáticas de un Mr. Robot, los fisgones de las rutinas amatorias ajenas no pudieron encontrar el video por ningún lado. Finalmente, Jona y Claire confesaron: el sex tape nunca existió, apenas fue una farsa para promocionar su último disco, que empieza con una canción titulada I Wanna Fuck You Til I’m Dead. Si la ambición de él es amarla hasta que caiga muerto, en la operación mediática se delata una tara enfermiza de la época: la obsesión por el sexo de los casi famosos.  Sigue leyendo

Contraseñas del amor

Entre series y películas, el romance se organiza alrededor del streaming.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Tonya

“Estamos fusionando bibliotecas”, me escribe un amigo un domingo a la mañana. Él y su pareja se van a vivir juntos y, en el ocio productivo del fin de semana, agrupan a los autores y descartan los repetidos: como ellos, los libros también se ensamblan en la nueva organización del concubinato. Y yo, siempre teñido de una melancolía que se enrosca en los finales más que en los principios, recuerdo la última separación de ese mismo amigo y el duelo doloroso que siguió: la división de libros, películas y discos en los tuyos, los míos y los nuestros. Cómo se hará ahora, me pregunto, cuando los artefactos culturales ya no son cosas palpables sino archivos intangibles y no se guardan en bibliotecas sino en “la nube”, tan etérea y ajena. La contraseña compartida de Netflix, acaso el bien ganancial más querido en las parejas que se cuecen al calor del silloneo, puede trazar la historia de una relación: si es posible reconstruir una cartografía sentimental a partir de las canciones que escuchamos juntos, el romance de esta época se organiza alrededor del streaming y las series y películas que miramos juntos. Sigue leyendo

Arde la city

La novela más monumental del año, sobre la promesa de una babilonia moderna.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

New York 1977

“Hemos conocido al enemigo, y somos nosotros”: narcotraficantes, herederas, pungas, prostitutas, políticos, pandilleros, punkies, policías y travestis celebran la noche de Año Nuevo de 1976 en Nueva York pero, muy lejos de la postal turística del árbol encendido del Rockefeller Center, ellos tienen otros planes para la ciudad: prenderla fuego. A mediados de la década del 70, la última antes del ultracapitalismo, el boom inmobiliario y la Tolerancia Cero, el Central Park era un antro de delincuentes y la Quinta Avenida, un punto de encuentro para comprar o vender todas las drogas que se hubieran inventado: las tarjetas personales impresas con el prefijo 212 y una única palabra (“reparto”) servían como contraseña. Ésta es la historia que cuenta Ciudad en llamas, la novela más monumental que aparecerá este año, próxima a publicarse en la Argentina pero ya disponible en ebook: un mamotreto adictivo de más de mil páginas que pinta un retrato alucinante de los seis meses que pasaron entre aquel Año Nuevo y la noche en que se produjo el gran apagón y la ciudad que no miramos se convirtió en una bacanal de saqueos, orgías y violencia.  Sigue leyendo

Etiqueta del spoiler

¿Hasta cuándo guardar el secreto de lo que sucede en una película o una serie?

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Jon Snow, vivo

“¡Está vivo!”: apenas dos palabras bastaron para provocar una ola de indignación mundial. A principios del mes pasado, la revista Entertainment Weekly publicó en su tapa la foto del personaje más querido de la serie Game of Thrones, uno cuyo destino final era un secreto que el actor que lo interpreta mantuvo con múltiples distracciones, como mutismos incorruptibles, pistas falsas y grabaciones aisladas, hasta que un título emocionante (“He’s alive!”) aguó la sorpresa del que llegó tarde al episodio en que reabre los ojos como Lázaro (el personaje bíblico, no el habitué de los noticieros). En el escándalo se expresó un debate actual: ¿hasta cuándo hay que guardar el secreto de lo que sucede en una película o una serie? Si en inglés la palabra spoiler deriva del verbo que significa “estropear”, en español se adaptó al infinitivo como “espoilear”: develar el enigma de una ficción o, como sacar fotos en el colectivo sin permiso y chatear durante una cena familiar, una de descortesías más reprobables de la época.

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Jóvenes titanes

Los estudios buscan películas de superhéroes para seducir con sagas interminables.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Mark Twight

El hombre más buscado de Hollywood no es un director ni un productor ni un actor taquillero: es un personal trainer. O “gurú del fitness”, como lo promueven sus representantes. En nueve meses, Mark Twight se dice capaz de gestar un cuerpo nuevo: lo hizo con los actores de la película 300, flacuchos espartanos a los que convirtió en gigantes hercúleos capaces de ganar batallas sin un rasguño, y con los de Batman versus Superman, entre muchos otros tanques: si el poder iniciático de un superhéroe es aquel capaz de transformar a un alfeñique de 44 kilos en un Atlas, el entrenador usa los métodos extremos del ejército estadounidense para sacar el musculito o eliminar el rollo ahí donde haga falta. Y así confirma las prioridades de un fenómeno de época: suena lógico que en tiempos de películas anabolizadas, un personal trainer obtenga los presupuestos más inflados.  Sigue leyendo