Letras explícitas: uno, dos, ultraviolento

XXXTentacion

XXXTentacion.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Sexo oral en un Starbucks, una prostituta blanca, un cliente negro, crudísima violencia machista y un par de muñecas cortadas: la letra de la canción Look at Me! es explícita hasta para una columna sin pudores como esta. Y es el primer éxito del músico más revulsivo de la temporada: XXXTentacion, el alias de Jahseh Onfroy, un pibe de veinte años nacido en Florida que despuntaba su carrera delictiva mientras se convertía en la última gran estrella del hip hop. Pero todo terminó de forma trágica: hace algunas semanas fue asesinado en Miami. Taciturno y violento, él cantaba sobre lo que sabía: en busca de una autenticidad callejera, sus letras son siniestras y, aunque apele a la buena voluntad del oyente (“abrí tu mente antes de escuchar este álbum”, pide en la introducción de ?, su disco recién publicado), su obra plantea un dilema de la época: ¿hasta dónde es lícito mezclar el arte con la vida si esta es la de un delincuente? 

“Mientras otros artistas con antecedentes criminales separan su obra de su comportamiento, XXX los conecta. Él es muy hábil fusionando su arte con su historia”, escribió KC Orcutt, una crítica musical especializada en rap, hip hop y trap (definitivamente, el género de hoy: una lírica agresiva que toma prestado su nombre de la palabra que usan los yonquis yanquis para el lugar donde compran drogas). De origen egipcio, indio, alemán, italiano y jamaiquino, Onfroy se inició temprano en la violencia: a los seis años acuchilló a un hombre que pretendía atacar a su madre. Mientras cantaba en el coro de la escuela era castigado por agresiones a sus compañeros y, un año después de haber lanzado el tema que lo haría famoso, finalmente fue condenado por robo a mano armada. Entró, pagó la fianza y salió: tenía acusaciones por robo, posesión de armas, detención ilegal, manipulación de testigos, violencia contra una mujer embarazada (su exnovia) y violación de la libertad condicional. Esperaba sentencia en su casa, donde cumplía arresto domiciliario, y ante la gravedad de los cargos se esperaba que pudiera tocarle una larga condena en la cárcel. Por las dudas, él ya se había despedido de sus fans en las redes sociales.

“¿Está bien que el rapero XXXTentacion encabece el ranking Billboard?”, tituló el diario inglés The Guardian y ante la pregunta retórica ofreció alguna respuesta: su florecimiento como músico problemático y auténtico (“escribo sobre mi vida”, se excusaba) no alcanza para tapar el hecho de que era un hombre condenado por robo y violencia de género. Y eso es inaceptable. La plataforma Spotify borró sus canciones de las listas pero ante las quejas del pope Kendrick Lamar, que consideró la medida un acto de censura racista, volvieron a incluirlo aunque no lo promueven entre sus oyentes.

Los de XXXTentacion son “pensamientos crudos”, según tuiteó Lamar el año pasado: “Escuchen este disco si quieren sentir algo”. En el dilema, una certeza y una duda. Es cierto que la experiencia vital alimenta el arte, pero. ¿podemos ser tolerantes ante cualquier forma de violencia? Mientras me pregunto esto chequeo su cuenta de Instagram, donde tiene más de ocho millones de seguidores pero una sola foto: en blanco y negro, él mismo cabeza abajo, acaso como símbolo de un mundo que está patas para arriba.

Publicado en La Nación

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