Cuánto tiempo hemos sido uno los dos

Perdón

“PERDON”, DE IDA HEGAZI HOYER.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Ella tiene veinte años, es maestra jardinera y conoce a Sebastian (¿o se llama Daniel?) en la playa; él tiene veinticinco, es estudiante de Filosofía, alto, flaco, solo y hermoso, y la seduce con palabras rebuscadas. El flechazo es inmediato y él envuelve el dedo anular de ella con un anillo de hilo de pescar. “Noté enseguida que era un anillo incómodo, un anillo que iba a molestarme, pero tú decías que era fuerte, más fuerte que el oro, más fuerte que la sangre, que ya no había ni un tú ni un yo”, escribe ella. Repleta de incomodidades y molestias, esta larga carta de una joven enamorada a su novio es Perdón, la extraordinaria novela de la escritora noruega Ida Hegazi Høyer que ganó el Premio de Literatura de la Unión Europea y que acaba de publicarse acá: una dolorosísima confesión sobre el amor tóxico, aunque es probable que cuando duela tanto eso sea cualquier cosa menos amor. 

“Ya no hay ni un tú ni un yo, me dijiste, y tuve la certeza de entender a qué te referías”: encandilada por la filosofía de él, ella se autoconvence de que es el hombre perfecto. Se mudan juntos a un departamento de dos ambientes, juegan backgammon, toman vino tinto y durante meses no ven a nadie más. Pero en algún momento todo se enrarece: hay pequeños signos y ligeras sospechas que sugieren que las cosas podrían no ser tal como parecen (¿por qué, cuando van a visitar a los padres de él, insiste que ella lo llame Daniel y no Sebastian?). Como los fanáticos que fuerzan las evidencias para convencerse de que esa luz en el cielo es un ovni, y no un avión, ella quiere creer. Y así, entre el realismo epistolar y el absurdo onírico, Perdón es atrapante como una novela de suspenso mientras explora el lado oscuro de una relación y otorga voz a una víctima que explica a su victimario.

A los 37 años, Ida Hegazi Høyer es una de las grandes promesas de la literatura nórdica y en este libro aborda un tema de la época: los hombres que no amaban a las mujeres. Hija única de un egipcio y una danesa que se conocieron en un boliche de Oslo, Ida descubrió la escritura como catarsis a los ocho, cuando se escondía con un cuaderno y un lápiz de los abuelos con los que vivía en un complejo de monoblocks sin baño propio. Después viajó por el mundo, estudió sociología y publicó dos novelas antes de su consagrada Perdón, en la que se propuso ir hasta el hueso del abuso machista, la mentira patológica y la mimesis entre inocente y culpable. Si es cierto que todo psicópata necesita una víctima receptiva para practicar sus malas artes, el libro es tan adictivo como las palabras de un mitómano dichas en el momento exacto.

El dedo anular izquierdo, el que los románticos empedernidos llaman vena amoris, llega directo al corazón: en la mano de ella, dedo y anillo de hilo se hacen uno hasta que el pastiche se infecta, se pudre, se absorbe y finalmente desaparece. “No quería destruir tu anillo… era sagrado”, dice ella antes del desmayo. La historia del amor tóxico en esta pareja se mueve entre la obsesión, la credulidad y el escepticismo: mudados cada uno al interior del otro, no son más que uno los dos.

Publicado en La Nación

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