Canciones que llaman las cosas por su pronombre

Universal Love

LOS ARTISTAS DE “UNIVERSAL LOVE”.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

El secreto está en el pronombre. La muy pudorosa segunda persona del singular () siempre fue la preferida a la hora de cantar sobre el amor que no se atrevía a decir su nombre. Pero los tiempos están cambiando y ahí donde antes decía ella ahora dice él: el tema She’s Funny That Way, un clásico del cancionero popular norteamericano grabado en 1929, se rebautizó como He’s Funny That Way y la voz rasposa de Bob Dylan declara su amor por un hombre que está loco por él. Es la primera canción de Universal Love, un disco recién editado que reversiona grandes éxitos de la música pop en clave gay y que fue producido por el hotel MGM Resorts de Las Vegas: estas canciones de boda actualizadas serán la banda de sonido para los casamientos homosexuales, que ya son la tercera parte de todos los matrimonios que se celebran en los casinos. 

Hace tres años, cuando se sancionó la ley de matrimonio igualitario en los Estados Unidos, el juez conservador Antonin Scalia expresó su oposición cantando The Times They Are a-Changin, de Dylan: hasta ahora, el Nobel nunca se había pronunciado sobre la cuestión aunque de él se espere una opinión sobre casi todas las cosas. Pero cuando fue convocado para este disco dijo que sí al instante y propuso interpretar el clásico que popularizó Gene Austin en la década del 20 con un cambio de género. Muchas mujeres (entre ellas, Billie Holiday, Etta James y Liza Minelli) habían cantado He’s Funny That Way pero nunca un hombre, y menos un músico tan célebre. El enroque supone una pequeña gran revolución en la cultura pop: generaciones enteras de chicos-ostra analizábamos con lupa las canciones populares en la búsqueda de pistas secretas que sugirieran lo que radios y discográficas no querían que se dijera en voz alta (incluso hay quienes afirman que Por ese palpitar, el clásico de Sandro, en realidad habla de dos varones que deben esconder su amor).

“En que ha de concluir el drama singular/ que existe entre los dos tratando simular/ tan solo una amistad mientras en realidad/ se agita la pasión/ que muerde el corazón/ y que me obliga a callar…”. Acá, la primera persona del singular habla a alguien indefinido: “Yo te amo”. Sin disimulos, en el disco Universal Love se llaman las cosas por su pronombre. “Durante mucho tiempo, las personas gays tuvieron que usar el en sus canciones para evitar salir del clóset”, dijo Stephan Pennington, profesor de un curso de música queer, al diario The New York Times: “Siempre existió presión por parte de las discográficas para no ser excluyentes al utilizar un pronombre en referencia al mismo sexo. Sin embargo, las expresiones heterosexuales jamás se consideran excluyentes”.

El clásico de los Beatles ahora dice “y yo lo amo”: una sola palabra abre un mundo. Si es cierto que la música es algo que te hace mover por fuera y por dentro, como dijo Elvis Presley, las canciones pop están llamadas a ser el soundtrack de nuestras vidas: cuando nos enamoramos no suenan violines sino temas de estribillos pegadizos y melodías fugaces. Por fin, el amor universal no sólo incluye todos los colores del arcoíris sino también todas las letras.

Publicado en La Nación

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