Los gritos del silencio

Junot Díaz

JUNOT DIAZ.

F5: después de publicar esta carta, el propio Junot Díaz fue acusado de abuso por varias mujeres y debió renunciar al comité que entrega el premio Pulitzer.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

“Más que ser dominicano, más que ser inmigrante, más que ser incluso descendiente de africanos, mi violación me definió. Gasté más energía escapando de eso que la que gasté viviendo”. En pocas palabras, el escritor Junot Díaz pone en blanco sobre negro uno de los temas más dolorosos de la época: el abuso de menores. “Me cagó la infancia. Me cagó la adolescencia. Me cagó la vida entera”, escribe en El silencio, una carta abierta publicada hace pocos números en la revista The New Yorker. Si con su novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao, ganadora de los premios Pulitzer y National Book Critics Circle hace justo diez años, supo dar voz al típico nerd de gueto que parece condenado a una existencia de insultos y burlas, ahora describe el abuso en primera persona. “Sí, me pasó a mí”, confiesa: “Nunca le dije a nadie lo que había sucedido, pero ahora te lo cuento a vos. Y a cualquiera que quiera escuchar”. 

Escrita en segunda persona del singular, la carta se dirige específicamente a X, un joven que hacía fila para que Junot firmara uno de sus libros: “Tengo un recuerdo distintivo de vos en la fila, sin decir nada a nadie, intenso. Asumí que me ibas a pedir que leyera un manuscrito o que te ayudara a encontrar un agente, pero en lugar de eso me preguntaste acerca del abuso sexual al que se alude en mis libros. Me preguntaste, tranquilamente, si me había pasado a mí. Me tomaste completamente por sorpresa”. En ese momento se quedó callado. Y aunque Junot volvió a Amherst, la ciudad donde sucedió esto, nunca pudo encontrar al joven que lo increpó y no sabe quién es. Por eso lo bautizó X y le dedicó una carta en la revista más admirada del país. “Te respondí con alguna mierda evasiva. Y eso fue todo”. Dice que se escapó como si la muerte lo persiguiera. Y aunque trató de pensar en otra cosa, sintió lo mismo que desde aquella tarde fatídica de sus ocho años que nunca pudo olvidar.

Nacido en la República Dominicana pero instalado desde chico en Nueva Jersey, Junot es un escritor anfibio: “That violación”, dice en su ya clásica literatura bilingüe, una dualidad idiomática que no es spanglish sino la combinación del inglés y el español que se habla en los barrios latinos de los Estados Unidos (una prueba de la novela con la que ganó el Pulitzer: “Listen, palomo: you have to grab a muchacha y méteselo. That will take care of everything. Start with fea. Coge that fea y méteselo”). Ahora sabemos que Junot encontró en los libros una redención similar a la que Óscar Wao halló en su fanatismo por Viaje a las estrellas: una manera de superar la agonía, la amargura, la autorrecriminación, el asco y la necesidad desesperada de esconderse o hacerse invisible.

Miedo, miedo, miedo. Es la única sensación que conoce la víctima de un abuso. El texto de Junot es probablemente lo más conmovedor que haya escrito uno de los autores más brillantes de este siglo: es la narración de un hecho atroz que parte al medio el planeta íntimo de alguien, que lo deja fuera de órbita y que esparce los pedazos a regiones oscuras del universo donde la vida no parece posible. “I can say, truly, que casi me destruyó”, escribe y, en una constelación de palabras que se confunden, una de ellas ofrece una luz de esperanza. Casi.

Publicado en La Nación

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