Vaffanculo: no cualquier queso es mozzarella

Pizza italiana

LA TIPICA PIZZA ITALIANA.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

“No estamos ofendidos, en realidad estamos vomitando”: así se desahoga un tal Alessandro en Twitter, la red social de la catarsis. Es el mensaje fijado arriba de todo en la cuenta @ItalianComments, uno de mis últimos favoritos: un sitio donde los italianos locos por la comida se quejan de lo mal que se preparan sus platos alrededor del mundo. Porca miseria: esa pizza no puede llevar ananá y ese minestrone parece más un engrudo que una sopa. Si es cierto que en esta época nos la pasamos hablando de comida más que cocinando o comiendo bien, como dijo el antropólogo gastronómico Michael Pollan, y que para los italianos hablar de cocina es un juego que se toma muy en serio, este vomitorio colectivo parece una olla a presión: enojadísimos por las aberraciones culinarias que se cometen en nombre de su tradición, los mensajes pasan del inglés al italiano y de las minúsculas a las mayúsculas, lo que en Internet equivale a HABLAR GRITANDO. 

El periodista estadounidense Zach Champion detectó que cada vez que sitios como Tasty o Tastemade publican la receta de un plato italiano se vuelcan cientos de comentarios injuriosos. Entonces se le ocurrió compilarlos (dice que aún tiene más de 750 capturas de pantalla sin revisar) y, por acumulación, el efecto es doblemente brutal: resume el odio que se supura en las redes sociales y la pasión que despierta la comida. “Eso no es pasta, yo soy italiano y sé cómo hacer la pasta. Eso es una mierda”, dice un tal Amedeo. Para Fabio, “al morir, todos los que comen pizza con ananá irán al infierno sin excusas y serán desterrados al fuego eterno, donde comerán alimento para perros”. En más de un millar de mensajes puede advertirse que el idioma del Dante y la personalidad volcánica de los italianos ofrecen un repertorio especialmente pintoresco de agravios. 

Desplazada de los restaurantes más distinguidos por las cocinas francesa y española, la italiana está viviendo un renacimiento aun no en las hornallas sino en el campo de los estudios culturales: libros como Delizia, del historiador John Dickie, o Por qué a los italianos les gusta hablar de comida, de la ensayista Elena Kostioukovitch, demuestran que la cocina de la península es un patrimonio tan valioso como La divina comedia o la Capilla Sixtina. “Siempre que voy en busca de comida lo hago no por razones de paladar sino de cultura”, escribió el muy piamontés Umberto Eco: “Quiero decir, no (o no solamente) por sentir un sabor en la boca sino por tener una iluminación, o el asomo de un recuerdo, o por entender y hacer entender una tradición, una cultura”.

En @ItalianComments, un siciliano se une con un milanés, y un véneto con un sardo, para decirle al mundo que eso que cree italiano no lo es o, en todo caso, es igual de poco chino que la típica comida china que se come… afuera de China. Como la bandera, el himno, el fitito, la selección de fútbol, el ristretto o las canciones de Raffaella Carrà, la comida es un enorme motivo de orgullo nacional porque, como escribe en Internet un tal Fabio muy acalorado, “cada vez que Tasty llama ‘mozzarella’ a una loncha de queso, muere una vaca en Italia”.

Publicado en La Nación

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