Cuando los auriculares conectan los oídos con el corazón

David Byrne

DAVID BYRNE.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

¿Ponés canciones tristes para sentirte mejor? Quién no. ¿Y canciones alegres para deprimirte? “La misma música puesta en un contexto diferente puede cambiar no sólo la manera en que el oyente la percibe sino que puede también darle un significado enteramente nuevo”, escribe el músico escocés David Byrne en Cómo funciona la música, un sensacional libro que recién se publicó acá y que, a pesar de su nombre, no es un manual de instrucciones sino una exploración a la mente de un hombre que piensa con sonidos. “Según donde la oigas, en una sala de conciertos o en la calle, o cuál sea la intención, la misma pieza musical puede resultar una intromisión molesta, desagradable y ultrajante, o puede hacerte bailar”. Una cumbia en un velorio o un réquiem en un cumpleaños: la música existe desde que la gente empezó a reunirse en comunidades y cómo (o cómo no) funciona depende no sólo de ella sino del contexto: dónde se escucha, cómo es interpretada, quién la vende, con quién se oye, cómo suena y, al final, qué es. 

“Byrne tiene una cualidad ausente y desmembrada de ciencia ficción y, aunque hay algo incomprensible y autista en él, hace que el autismo sea divertido”, escribió hace unos años Pauline Kael, la más célebre crítica cinematográfica de los Estados Unidos. Hoy se sabe que Byrne, creador de la mítica banda The Talking Heads, padece una forma leve de Asperger, la enfermedad cercana al autismo que puede engendrar genios aislados e incomparables. A los 65 años, también es fotógrafo, artista visual y escritor y en este libro se propone la obra monumental: en casi quinientas páginas, explicar qué sentimos cuando escuchamos música. Pero no es un tratado académico ni un texto de memorias aunque desborda de anécdotas sobre sus años en la vanguardia neoyorquina o sus relaciones siempre tensas con los sellos discográficos. Acaso más modificada por la tecnología que las demás expresiones del arte, la música tiene una historia que es también una crónica de los aparatos de su época: del fonógrafo a Spotify, y más allá, la técnica para grabarla y reproducirla cambia nuestra relación con el modo de tocarla y escucharla.

¿La tecnología da forma a la música? Si la primera grabación de sonido fue en 1878, y entonces se la entendió casi como un acto de magia (una reproducción perfectamente fiel e imparcial de un sonido grabado en el mundo real en otro tiempo), hoy la música es cualquier cosa menos… fiel e imparcial: en la cápsula de aislamiento que genera un buen par de auriculares, el oído se conecta con el corazón y la música despierta una sinfonía de asociaciones que refieren a nuestros contexto e historia. 

En la tradición de los ensayos anglosajones que combinan antropología popular, memoria personal, divulgación científica y vuelo literario, Cómo funciona la música analiza el eco público y privado de ese extraño temblor inmaterial que despierta tantas emociones sin ofrecer demasiadas explicaciones. “¿Arruina el deleite hacerse tales preguntas en un intento de ver cómo funciona la máquina?”, razona Byrne: “Para mí no. La música no es frágil. Saber cómo funciona el cuerpo humano no impide disfrutar de la vida”.

Publicado en La Nación

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