Superhéroes made in China

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“SUPER-MAN DE CHINA”.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Es un súper chino pero no tiene góndolas ni productos en oferta ni música ambiental mandarina: tiene capa y, como todos los de su especie, usa los calzoncillos por encima del pantalón. Lo más curioso es que en el medio del pecho no luce una letra S roja sobre un fondo amarillo sino el símbolo del yin y el yang. ¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, es el Super-Man chino (así, con guión en el medio), una adaptación oficial del mayor mito occidental del siglo XX para el otro lado del mundo. El ícono taoísta estampado en el pecho es la última novedad de este superhéroe. Líder de la Liga de la Justicia china, una versión oriental del grupito heroico, tiene traje rojo, capa negra, los ojos ligeramente rasgados y es el emblema máximo de un fenómeno de época: la adaptación de los ídolos occidentales a los rígidos cánones de la censura china. 

“El Super-Man chino es un nuevo cómic que existe desde hace un par de años”, me ilustra Matías Lértora, uno de los mayores conocedores argentinos del Hombre de Acero: “Es un héroe que adquirió sus superpoderes después de que experimentaran con el cuerpo del Superman original y su historieta se disfruta mucho: trata de un pibe chino con una familia complicada que fue ganando sus virtudes de a una y que hasta ese momento era un perdedor total”. Si es cierto que Clark Kent representa una crítica feroz al hombre promedio (es el disfraz que Superman usa para parecerse a cualquiera de nosotros: débil, inseguro, miope, cobarde), el alter ego del Super-Man chino es Kenan Kong, un adolescente que hasta ahora tenía una S roja en el pecho y que estrena el símbolo del yin y el yang acaso para darse ánimos en la batalla final: salvar el país más poblado del mundo junto a su nuevo aliado, el Aqua-Man de Corea del Norte.

Con una población de 1.300 millones de habitantes y un cupo de sólo diez películas extranjeras que pueden estrenarse por año, China es el territorio a conquistar por los Estados Unidos: en la guerra blanda por el control del soft power, el conjunto de contenidos culturales de un país, las grandes productoras estadounidenses se las ingenian para sortear el cerco de la censura. Toda la industria del entretenimiento china está vigilada porque el Ministerio de Propaganda la considera estratégica y el control se ejerce sobre los argumentos: los policías siempre son buenos así como los ladrones, malos; y ningún personaje con valores negativos puede lucir rasgos asiáticos. Aunque no nació en el planeta Kriptón como su primo lejano, el Super-Man chino también es un modelo de virtud sin máculas, pero sus poderes no son naturales sino que le fueron concedidos por su valor como humano.

El de los superhéroes es el único mito masivo y perdurable nacido en el siglo XX: en 1938, el Superman original impuso un molde acerca de cómo ser invulnerable con los colores de la bandera estadounidense. “La S en el pecho es un monograma vuelto monolito”, dijo alguna vez el artista pop Chipp Kidd: “El escudo familiar devenido logo moderno”. Ochenta años después, el superamigo lleva en el pecho otro símbolo: el más reconocible de la cultura de China, la nueva superpotencia.

Publicado en La Nación

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