Quién quiere ser como el resto y otros dilemas de hoy

Shes Gotta Have It

“SHE’S GOTTA HAVE IT”.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

“Me considero anormal pero… ¿quién quiere ser como el resto?”. En la pregunta retórica, un dilema de época. A Nola Darling, artista veinteañera que vive en el Brooklyn de hoy, no le gusta que le digan friki, lo que le dicen siempre, porque no cree “en las etiquetas de una sola palabra”. ¿Una declaración de principios para los tiempos en que tagueamos de manera compulsiva? Me gusta (¡mucho!) la serie She’s Gotta Have It, una adaptación de Spike Lee de su propia película de 1986: si “ella tiene que tenerlo”, según la traducción del título, Nola no se impone límites. Esta fábula de una mujer con tres amantes que representan tres arquetipos masculinos (el considerado, el excéntrico, el narcisista) en realidad es un fenomenal retrato contemporáneo que podrá hacer por Brooklyn lo que Sex and the City hizo por Manhattan: dotar de una nueva mitología a la ciudad con mayor índice de modernidad por metro cuadrado. 

Alquileres inalcanzables, aburguesamiento de los barrios viejos, acosos callejeros, cafeterías de ultimísima moda: los temas de la serie, que se puede ver completa en Netflix, son los que pintan la vida en las grandes ciudades en la segunda década de este siglo. “No cederé ante el imperialismo hipster”, se indigna Clorinda, una amiga de Nola, ante lo que considera inaceptable: que le sirvan el trago con un vodka distinto al que pidió. Fruto del cruce de varias culturas urbanas, el hipster es un neo-bohemio cuyos intereses están organizados alrededor del consumo. “O peor: los hipsters son una subcultura fruto del neoliberalismo, esa infame tendencia de nuestra época que defiende la privatización de los bienes públicos y la redistribución de la riqueza hacia las clases altas”, escribió el periodista neoyorquino Mark Greif en su famoso ensayo ¿Qué fue “lo hipster”? Sea en Brooklyn o en Palermo, los problemas se parecen. En la serie, a los padres de Nola les ofrecen una millonada para comprar su casa ahí donde quieren construir un edificio con amenities. Pero ellos no venden. Si es cierto que “hipster es una forma de denominar al ‘consumidor a la ‘ultima’”, según Greif, los hipsters de Spike Lee están mandatados por la novedad: la novísima cervecería artesanal o la red social en la que es imposible no figurar. Según el crítico cultural Christian Lorentzen, “lo que empezó como un estilo de vida orgánico, fresco y posmoderno es ahora una copia a carbón de una copia a carbón, respaldada por Urban Outfitters y vendida como si fuera comida basura”.

“¿Quién quiere ser como el resto?”, vuelve a preguntarse Nola y con cierta vocación por el exotismo y la rareza, entre una multitud de personas con el mismo corte de pelo, la misma remera vintage y el mismo anteojo de marco grueso, ella encuentra la diversidad en la multiplicidad de amantes. “¿Lo hago tan bien como los otros?”, le pregunta Marc (el excéntrico). Corte. “Vos sos el número uno”, responde ella… a otro de sus hombres. Cinéfila clásica en una época en que las grandes películas se miran en la pantalla chica del teléfono, Nola dice que aplica la técnica Rashomon para la vida: aunque hoy todos parezcan iguales, ella los ve con una óptica distinta.

Publicado en La Nación

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