Usemos el pelo al estilo socialista

Made In North Korea

LA CAJA DE UNA PISTOLA DE JUGUETE.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Un erizo de carita pacífica tiene una pistola en cada mano y con la derecha dispara a un lobo feroz que usa un casco con el sello de los Estados Unidos. El dibujo está en la caja de un revólver de juguete que foguea balas de cebita y es apenas uno de los cientos de productos fotografiados en Made in North Korea, un sensacional libro recién publicado en inglés que compila el diseño de los objetos cotidianos del país más hermético del mundo. Ya sabemos que tiene bombas atómicas pero lo que no sabemos es mucho más. ¿Con qué juguetes se divierten los chicos? ¿Qué marcas de cigarrillos fuman los grandes? ¿Cómo son las cajas de alimentos congelados? El documentalista inglés Nicholas Bonner se pasó media vida coleccionando objetos de Corea del Norte y ahora los reúne en un libro fundamental para entender la idiosincracia de un país que instruye a sus niños en el odio a los yanquis con pistolas de juguete que traen impreso un lema: “Uno de los nuestros es igual que cien enemigos”. 

Si en la economía capitalista el packaging tiene la misión de seducir al consumidor que puede elegir entre cientos de productos, en el sistema comunista el diseño cumple con un afán más didáctico: existe sólo una marca de atún y por eso el dibujo de la lata se limita a mostrar lo que hay adentro (un pescadito). Según Bonner, que vive en Beijing y viaja a Pionyang desde 1993, allá no existe la publicidad al estilo occidental: los envases y los anuncios se reducen a un repertorio botánico o paisajístico. “Hay un sentido distintivo de coreanidad a través de los objetos retratados en el libro”, escribió la revista inglesa Creative Review: “Los productos muestran imágenes de paisajes bellos o iconografías famosas. Un paquete de cigarrillos puede exhibir la vista de una montaña y un ticket aéreo muestra el perfil urbano de Pionyang. Esta clase de imaginería sirve para promover la idea de que lo nacional es mejor, y de superior calidad, que los bienes extranjeros”. Sobre el papel que envuelve medio kilo de fideos, una muestra de orgullo del país fundado por Kim Il-Sung en 1948, quien respondía a los títulos de Querido Líder, Genio Incomparable, Mariscal Padre, Camarada Inmortal, Dios entre los Hombres y Salvador del Mundo, y que tuvo como hijo a Kim Jong-Il, que nació en la montaña más alta de la península cuando un arcoíris doble y la aparición de una nueva estrella anunciaron al mundo el alumbramiento.

Ahí donde cada pieza de diseño gráfico debe ser autorizada por el gobierno existe una inspiración retro: el packaging parece congelado en la década del cincuenta, repleto de simbologías comunistas y tipografías anticuadas. Por eso, el libro de Bonner es un hallazgo: organizado en ocho capítulos titulados con distintas consignas del régimen (Los yanquis son lobos con forma humana o Usemos el pelo al estilo socialista), nos deja ver algo de la vida cotidiana del país que es todo un enigma: el licor de frutas que toman las abuelas en las noches frías o la botella de cerveza de 640 mililitros a la que tiene derecho cada trabajador al mes, una excusa para brindar por el Querido Líder cuando llega el día de pago.

Publicado en La Nación

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