Un buen libro es una tabla para el naufragio

Libro, corazón

LEER, UNA EXPERIENCIA VITAL.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

“Los libros tienen la maravillosa capacidad de ofrecer algo que no puede dar ninguna otra clase de arte: la otredad”. Detrás de sus lentes, los ojos de Benito Taibo brillan con gracia: a sus cincuenta y siete años, vieron muchas cosas pero más que nada… leyeron. Nacido en México, es un periodista, escritor y ferviente promotor de la lectura: en sus novelas juveniles, a menudo protagonizadas por adolescentes ávidos de vida, los libros integran el equipaje imprescindible para la instrucción sentimental. Lo conocí en persona hace unos días, cuando visitó Buenos Aires, y entonces me dijo: “La otredad consiste en meterte en algún libro y convertirte en otro personaje. En las películas de Harry Potter, el actor Daniel Radcliffe hace del niño mago. Pero en el libro, yo soy Harry Potter o Sirius Black o Hermione Granger. ¡Con la literatura puedo ser quien quiera ser! Yo mismo a veces soy Wendy, de Peter Pan, o Aureliano Buendía, de Cien años de soledad”. Bestsellers entre adolescentes y adultos, los libros de Benito expresan un fenómeno de época: la lectura, a pesar de los pronósticos agoreros, es una pasión juvenil.

Aun con nuevos formatos, se lee y se escribe más que nunca. ¿Acaso los mensajes en WhatsApp no pertenecen al género epistolar y los epígrafes en Instagram no son haikus? Se dice que un lector se forma entre los once y los quince años y en las novelas de Benito algún joven atribulado encuentra consuelo o sabiduría en la literatura: el fatalismo de un desengaño amoroso se conjura con una lectura atenta de Romeo y Julieta y las ansias de aventura se aplacan con Dos años de vacaciones, de Julio Verne. En 2011, Benito publicó Persona normal, una novela sobre un adolescente que es adoptado por su tío después de la muerte de sus padres. Al final, y con el título La biblioteca de Sebastián, se reseñan los ciento sesenta libros mencionados o inferidos allí, desde La tempestad hasta En el camino. Según Benito, “cuando te vuelves lector, lo segundo que te vuelves es recomendador. No puedes quedarte con los libros que te gustaron como si fueran monedas de Rico McPato”.

Antes de los quince se inocula esa especie de veneno dulce que entra por los ojos y sale por la boca: la lectura es una enfermedad crónica (Tomás Eloy Martínez decía: “Somos los libros que hemos leído. O somos, de lo contrario, el vacío que la ausencia de libros ha abierto en nuestras vidas”). Mientras los lectores más jóvenes divulgan el hashtag #SoyTaibolero, y se identifican con Benito con el mismo entusiasmo con que un belieber adora a Justin Bieber, él se toma en serio la responsabilidad de recomendar: “El lector se va haciendo y retando a sí mismo y va buscando su propio camino. Pero todos siempre acabaremos llegando a los mismos destinos, Borges, García Márquez o Cortázar… Leer es resistir. Es piedra de toque para crear personalidad o formar civilización, bálsamo para las heridas, sábanas para las mejores noches de amor”. Si un buen libro es una tabla para el naufragio, Benito, que bautizó a sus dos personajes favoritos como Robinson y Viernes, mira con gesto pícaro por encima de sus anteojos y confirma: “Gracias, literatura: me has salvado la vida”.

Publicado en La Nación

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