Voces en algún lugar sobre el arcoíris

David Bowie, Laberinto

DAVID BOWIE EN “LABERINTO”.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

David Bowie me hizo gay. En la película Laberinto, con el pelo rubio desmechado, la camisa con volados y los tacos altos, provocó alguna clase de epifanía o la revelación de un mundo nuevo, en el que un personaje podía ser tan malvado como Skeletor y tan glam como la monumental Moria. Antes de eso, en 1973, Bowie había salido en la tapa del periódico inglés Gay News (donde se anunciaba “el gueto gay del rock”) y ésa es la primera imagen del sensacional libro David Bowie Made Me Gay, recién publicado en inglés: una cronología de cien años de música LGBT, desde Tchaikovsky hasta Lady Gaga. Para un adolescente fácilmente impresionable, la androginia de Bowie admitía la duda entre tantas certezas: tan sexual, tan astuto y tan extraño, ponía otros tonos en un mundo apenas coloreado de rosa y de celeste. 

“Durante años, los tabloides y las revistas llenaron sus páginas con enigmas como el romance de Elton John y Madonna, las antiguas novias de Freddie Mercury o las verdaderas razones que hicieron caer a George Michael”, escribe el periodista inglés Darryl W. Bullock: “Pero mientras las disputas de los famosos y los aspectos más sensacionalistas de su vida sexual o su consumo de drogas ocupaban los titulares, las contribuciones de los artistas LGBT a la música popular eran ignoradas”. Con afán enciclopédico y reivindicatorio, el libro recuerda a Jean-Baptiste Lully y Arcangelo Corelli, los compositores barrocos del siglo XVII que eran abiertamente gays, lamenta el derrotero de Tchaikovsky, a quien el socialismo soviético intentó disfrazar de hétero, destaca la influencia de Judy Garland después de El mago de Oz y repasa la obra de los artistas gay-friendly a partir de una pregunta retórica: “¿De verdad pensás que Cher, Madonna o Kylie podrían haber durado tanto en una industria tan cruel si no fuera por su feroz y leal base de fans LGBT?”.

La música popular tiene un mojón el 6 de julio de 1972, cuando Bowie apareció en Top of the Pops, el programa de la BBC, para cantar su tema Starman: fue visto por una cuarta parte de la población británica. Entre ellos, el célebre filósofo Simon Critchley, que alguna vez escribió: “Me quedé con la boca abierta viendo cómo aquella criatura de pelo naranja enfundada en una malla de cuerpo entero rodeaba con un brazo afeminado los hombros de Mick Ronson”. Y más aún: “Tenía doce años. Mi vida había comenzado”. En un país donde la homosexualidad había estado penada hasta poco tiempo atrás, y un prócer como Alan Turing debió padecer la castración química, esa aparición de Bowie fue revolucionaria: junto con los disturbios de Stonewall en 1969, se la considera un hito para la visibilidad de lo diverso.

“Hay un hombre de las estrellas esperando en el cielo…”, dice el tema y cualquiera que se haya sentido solo e incomprendido acaricia la ilusión de encontrar por fin a ese alguien especial. En David Bowie Made Me Gay se cuentan historias de redención gracias a los artistas que pusieron voz a nuestros anhelos. Como tantos otros, el autor tuvo un sueño: “Tengo la esperanza de que puedas descubrir a algunas de las personas que dieron sus vidas peleando para que podamos ser oídos”.

Publicado en La Nación

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