En la televisión seguro hay sexo (pero no siempre hay sexo seguro)

Insecure

“INSECURE”.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

“Está bien, no te preocupes. Me gusta un poco duro”. Recién devuelta a la soltería, Issa busca un pretexto para llamar a la puerta de su vecino Eddie. La escena delata la torpe destreza amatoria de una mujer recién separada en su regreso al sexo casual: tiene dificultad para quitarse los jeans ajustadísimos, se golpea contra el respaldo de la cama y cabecea fuerte la nariz del hombre (de ahí, la broma de él: “Me gusta un poco duro”). Finalmente lo hacen, con más tensión que goce. La escena de la muy contemporánea comedia Insecure, que acaba de terminar su segunda temporada (se puede ver completa en HBO GO), provocó una enorme discusión en los Estados Unidos no por lo que muestra sino por lo que esconde: no se usa preservativo. La serie sigue el derrotero sentimental y sexual de una joven negra de Los Angeles y en su repertorio de utilería muestra los objetos que conforman el ajuar de un veinteañero de hoy: está plagada de teléfonos, televisores y autos inteligentes pero nunca se ve un forro. Y en la ausencia se plantea un dilema: ¿la televisión tiene la responsabilidad de fomentar el sexo seguro? 

“No hacemos un documental, no ofrecemos un servicio público, no somos una ONG”, respondió Prentice Penny, la productora de Insecure, al sitio BuzzFeed: “Lo nuestro es una ficción con guión y buscamos la mejor manera de contar la historia”. Sin embargo, un famoso estudio titulado Sex and TV de la Kaiser Family Foundation, una organización dedicada a investigar temas de salud pública, demostró que el sexo que se muestra por televisión es la primera exposición a la sexualidad que tiene la mayoría de la gente. Hace poco entrevisté a una reconocida sexóloga española que compartía conmigo una inquietud de la época: a diferencia de mi generación, que se hizo adulta con la epidemia del VIH y que fue instruida en el uso del preservativo, los más jóvenes no lo tienen tan incorporado como nosotros. Existen varios motivos: se insiste en que la infección pudo haberse convertido en una enfermedad crónica, ya no mortal, por lo cual cuidarse no parece tan urgente como hace unos años. Y en las películas porno, tan al alcance de la mano en Internet, no se usan profilácticos.

Un pequeño gran paso en la historia mediática de la sexualidad se dio aquella noche de febrero de 1987 cuando se dijo por primera vez la palabra “condón” en la televisión abierta de los Estados Unidos: en la sitcom Valerie, la noviecita del adolescente Jason Bateman le sugiere que vaya a la farmacia a comprar preservativos (indignadas por lo que consideraban una afrenta contra las familias, algunas filiales de la cadena NBC se negaron a emitir el episodio; mientras eso sucedía en la televisión, el presidente Ronald Reagan se negaba a decir en público la palabra “sida”). Treinta años más tarde, una buena parte de la educación sexual se brinda a través de una pantalla: ¿cuántos oímos hablar por primera vez de clamidia en un capítulo de Sex and the City o de HPV en uno de Girls? Para las próximas emisiones de Insecure, su creadora se comprometió a incluir preservativos en las escenas de sexo: si es cierto que la tele educa y entretiene, la promesa no es ninguna forrada.

Publicado en La Nación

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