El oasis personal de un disco grabado en el desierto

floatingdesert

SAM SHEPHERD, FLOATING POINTS.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Visto desde el cielo, el desierto del Mojave es un desierto como cualquier otro: kilómetros y kilómetros y kilómetros de rocas, yucas y arena, sin oasis ni remansos (acaso la principal diferencia con cualquier otro desierto es que desde el avión se divisa un pequeño brillante perdido en el polvo que crece de tamaño a medida que uno se acerca al aeropuerto de Las Vegas). Si hubiera que buscarle un sonido al desierto, ¿ese sonido sería el de los fardos secos que vuelan sin orden ni concierto? ¿O el del viento que sopla sin paredes que lo frenen? Tal vez ésas hayan sido las preguntas que se hizo la banda inglesa Floating Points cuando se instaló durante una semana en el Mojave para grabar el disco más raro y ambiental de la temporada: Reflections – Mojave Desert, que acaba de publicarse, con media hora de música hecha en el desierto.

En agosto del año pasado, Floating Points dejó su Manchester natal para hacer una gira por el sur de los Estados Unidos. Pero cuando los músicos visitaron el parque nacional Joshua Tree se quedaron fascinados por la belleza natural de los cielos azulísimos y por la singular reverberación del sonido entre las piedras: como un turista que fantasea con abrir un chiringuito en la playa donde creyó encontrar su lugar en el mundo, se quedaron en el desierto para grabar música inspirada por el eco infinito. El resultado es hipnótico. Pongan los graves del subwoofer al máximo y oigan: detrás de los instrumentos (guitarras, bajos, baterías y sintetizadores) pueden escucharse los chiflidos del viento y los rebotes de la música sobre las rocas. Cierren los ojos e imaginen un oasis personal: aun en el runrún del subte, o la quietud del sillón, algo del desierto se materializa con la música, que parece proyectarse hasta el infinito y más allá. Igual que un ensamble de jazz, la banda improvisa canciones de pop electrónico con títulos crípticos, como Azul sirúlico (una división temporal geológica de la Era Paleozoica), aunque si hubiera que elegir un género para definir el disco podría ser rock espacial.
Espacio es lo que sobra en este desierto de rocas rojizas, y en cualquier otro.

Acostumbrado al laboratorio o el estudio, el músico Sam Shepherd quedó obnubilado ante tantos kilómetros de vacío: nacido hace treinta años en Manchester, es el líder de Floating Points pero antes estudió piano en la Escuela de Música de Chetham y después se doctoró en neurociencias y epigenética en el University College de Londres. La tapa de su disco admite distintas interpretaciones: sobre un fondo negro se superpone una maraña de ondas lumínicas amarillas que bien podrían ser un electroencefalograma o el dibujo topográfico de un desierto visto a través de un escáner.

Durante el período silúrico, la Tierra entró en una fase de cálido invernadero: el disco Reflections provoca la sugestión de sentir el calor del Mojave en pleno invierno austral. Los cactus hierven al sol. Silba el viento. Ruedan los fardos. La inmersión resulta fascinante: si la música es capaz de alterar el estado de ánimo, ésta es la obra perfecta para aislarse aun en la multitud y escuchar algo tan potente y silencioso como un grito en el desierto.

Publicado en La Nación

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