Periodismo en cómic: cuando los límites se desdibujan

Oscuridades programadas

OSCURIDADES PROGRAMADAS.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

¿Es posible informar sobre la vida de alguien sin intervenir en ella? La pregunta martillea en la cabeza de todos los que alguna vez practicamos el periodismo (en mi caso, cuando puse en tapa del diario más vendido del país a un adolescente de la primera generación que nació con VIH o cuando entrevisté para la televisión a un sobreviviente de una tragedia que abría sus heridas como nunca antes). Una posible respuesta genera nuevas preguntas: “Hay reglas periodísticas que son de sentido común: no mentir, ser independiente, minimizar los perjuicios. Pero, a partir de ahí, los límites se desdibujan”. El mejor manual de ética periodística no fue publicado por una universidad ni por un medio prestigioso: es un cómic. Recién editada en la Argentina, la historieta Oscuridades programadas es una crónica dibujada desde Turquía, Siria e Irak que ilustra una postal actual: la guerra en Medio Oriente, sus consecuencias en la población y los dilemas de los corresponsales, siempre ansiosos por ofrecer respuestas aunque a ellos les surjan más preguntas. ¿Qué es el periodismo? ¿Cómo se propagan las noticias? ¿Cuándo se confunden la memoria y la verdad? 

Hace unos años, la ilustradora estadounidense Sarah Glidden organizó un viaje junto a dos amigos, fundadores de una ONG de periodismo. No eligieron un grand tour por Europa ni un crucero por el Caribe: fueron al polvorín del planeta. Armada con lienzos, acuarelas y un grabador, Glidden registró todo lo que veía y oía: “No se suponía que hiciera un libro para explicar el conflicto en Medio Oriente porque no estaba calificada para eso. Iba para reportear sobre los reporteros”. En su interacción con un elenco variado de personajes (un bloguero iraní, un taxista iraquí, un marine estadounidense), Glidden expone los conflictos éticos de los periodistas que ven el horror de cerca pero se excusan de actuar y así la obra alcanza el máximo nivel en un género de esta época: la crónica gráfica, que cuenta la realidad con los recursos de la historieta.

Encerrados adentro de las cuatro líneas de una viñeta y siempre coronados por un globo o una nube, los personajes hablan o piensan: “¿Qué es la distancia periodística? ¿Puede medirse? ¿Qué importancia tiene en realidad?”. Nacida en Boston en 1980, Glidden empezó a dibujar cómics hace diez años (su primer libro, Una judía americana perdida en Israel, es una joya del género) y ahora, en su obsesión por mostrar lo que hay detrás de las noticias, Oscuridades programadas es una obra mayor, acaso: el único libro que todo periodista debería leer este año.

Durante dos meses, ella vivió en compañía de los refugiados de Suleimaniya, la histórica capital kurda destruida por un conflicto interminable, o de los habitantes de Damasco, en guerra civil desde hace seis años. Los observó mientras comían o paseaban. Grabó todas las conversaciones y esos diálogos son los que se repiten en los globos del cómic. Si una misión del periodismo es buscar respuestas para explicar un mundo caótico, la conclusión a la que una dibujante llegó en aquellas tierras devastadas es diferente: “Empiezo a ver que gran parte de la praxis se reduce a plantear preguntas que tal vez no tengan respuesta”.

Publicado en La Nación

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