Detrás de las noticias: el popstar más informado del mundo

Declan McKenna

DECLAN MCKENNA.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

“Escuché que vendiste el Amazonas/ para demostrar que el país del que venís/ es donde todo el mundo debería querer estar”: éstas son las primeras líneas de Brazil, el hit más insólito de la temporada. Fue compuesto durante un recreo de la secundaria hace tres años, cuando un quinceañero inglés se indignaba con las noticias previas al Mundial: si en la adolescencia una inquietud hormonal dicta letras de amores no correspondidos, a él se le ocurrió escribir sobre los negociados de la FIFA que manchan la pelota (“quiero jugar al hermoso juego mientras estoy en Brasil”, exige). Ahora con dieciocho, Declan McKenna es un popstar con postura, que no es lo mismo que un popstar en pose: con sus cincuenta kilos enfundados en overoles XL, las uñas pintadas de negro, los ojos delineados con maquillaje y las zapatillas de lona gastadísimas, canta sobre la corrupción en el fútbol, la brutalidad policial, el desprecio a las minorías sexuales y los mandatos de la religión. 

Aunque la crítica musical más exigente cuestione a los rockeros que componen mirando el noticiero (por poco imaginativos), a Declan le resultan inspiradoras las noticias: escribe The Kids Don’t Wanna Come Home, un tema sobre la posverdad informativa, y Brazil, donde denuncia los afanes de los capos del fútbol por aumentar sus negocios. Los noticieros que mira desde chico usan su canción para musicalizar las notas periodísticas sobre los escándalos de la FIFA y, en una elipsis fenomenal, el videojuego FIFA 17 incluye en la banda de sonido su temita Isombard, que habla de violencia, racismo y acoso policial. Se dice que dio vuelta el partido. Empiezan a invitarlo a la televisión y a los festivales y en un momento bisagra para su vida estudiantil se da cuenta de que es imposible combinar las giras con la secundaria y, en una conclusión inevitable para cualquier pibe al que se lo haga elegir entre ser un bachiller o un rockstar, deja el colegio.

Es el menor de seis hijos de una “familia comprometida” y canta sobre temas mayores: la abulia de su generación, las manipulaciones de los grandes medios o las taras de las redes sociales. Ahí donde un pensador contemporáneo repita una frase con la que acuerdo (“el mundo siempre está mejorando”), para Declan todo lo horrible de hoy admite una posibilidad de redención para mañana: “La gente de mi edad también habla de los temas que yo trato. Los jóvenes se preocupan por este tipo de cosas. Vengo de una generación que piensa mucho en cómo cambiar el mundo”, dijo a la revista española CaféBabel. Y aunque sus fans todavía no tengan la edad para votar, repiten sus consignas: “Mis amigos son inteligentes y hablan de las mismas cosas que yo”.

En plena efervescencia creativa, Declan se anima a reinterpretar a los grandes: las palabras célebres de Martin Luther King (“si no podés correr entonces caminá”) adquieren un nuevo significado en la obra de un genio precoz nacido en la época de la banda ancha y que debió huir de los matones del recreo. En algún momento de todos sus conciertos, Declan mira fijo a algún pibe como él y le grita: “¡Si no podés caminar entonces corré!”.

Publicado en La Nación

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