Detrás de las noticias: el popstar más informado del mundo

Declan McKenna

DECLAN MCKENNA.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

“Escuché que vendiste el Amazonas/ para demostrar que el país del que venís/ es donde todo el mundo debería querer estar”: éstas son las primeras líneas de Brazil, el hit más insólito de la temporada. Fue compuesto durante un recreo de la secundaria hace tres años, cuando un quinceañero inglés se indignaba con las noticias previas al Mundial: si en la adolescencia una inquietud hormonal dicta letras de amores no correspondidos, a él se le ocurrió escribir sobre los negociados de la FIFA que manchan la pelota (“quiero jugar al hermoso juego mientras estoy en Brasil”, exige). Ahora con dieciocho, Declan McKenna es un popstar con postura, que no es lo mismo que un popstar en pose: con sus cincuenta kilos enfundados en overoles XL, las uñas pintadas de negro, los ojos delineados con maquillaje y las zapatillas de lona gastadísimas, canta sobre la corrupción en el fútbol, la brutalidad policial, el desprecio a las minorías sexuales y los mandatos de la religión.  Sigue leyendo

El muerto que vos matás goza de buena salud

JP Cuenca

J.P. CUENCA.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Un sábado de abril de 2011, a João Paulo Cuenca le avisaron que estaba muerto. En realidad, que llevaba muerto tres años, desde aquel día de 2008 en que un cadáver fue identificado por la Policía de Río de Janeiro con su partida de nacimiento. Por suerte para él, Cuenca es escritor y más temprano que tarde alguien le dijo que con esa historia debería escribir un libro. Y así empieza la alucinante novela Descubrí que estaba muerto, recién publicada en la Argentina: prologada con una frase del explorador portugués Brás Cubas (“la franqueza es la primera virtud de un difunto”), es una investigación kafkiana para explicar el entuerto burocrático y, a la vez, un descenso al Hades carioca: como en Vértigo, el clásico de Hitchcock, un hombre común es sometido a circunstancias extraordinarias y en el proceso se enreda en una espiral de locura y de muerte. Es oportuno recordar que el título de la novela en que se basó aquella película era De entre los muertos: entonces y ahora, lo que empieza como una intriga policial termina como una fábula existencialista.  Sigue leyendo