El Hombre Araña contra un archienemigo con acné

SpiderMan, bully

SPIDER-MAN, “AMIGOS EN LA RED”.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

“Yo me licencié en ciencias y en recibir abusos”: embutido en su traje de neoprene azul y rojo y colgado de una telaraña enganchada en lo alto de un rascacielos, el Hombre Araña lleva consuelo a un adolescente atormentado porque no le gustan los deportes y se le dan bien las matemáticas. “Cuando tenía tu edad me acosaban constantemente y nunca se acabó del todo…”, dice el superhéroe. Y si desde esta semana se lo puede ver en el cine luchando contra El Buitre, en las historietas enfrenta al mayor archivillano de la época: el bullying. Junto con el estreno de la película se publica una nueva serie de cómics donde Spider-Man y también Los Vengadores, el dream-team integrado por Thor, el Capitán América, Ojo de Halcón y Viuda Negra, entre otros, declaran la guerra a otra clase de villanos, menos poderosos que Loki o Ultrón pero más dañinos por su persistencia: los abusones escolares. 

En la tapa de la historieta, un muy musculado Hombre Araña apoya su mano izquierda sobre el hombro de un pibe golpeado mientras lo mira el resto de sus compañeros: al fondo, y debajo del lema “acoso nunca más”, se proyecta la sombra del propio héroe cuando era adolescente, él mismo con el gesto machucado del que fue fajado en el recreo y acompañado por su tío Ben. En 1962, cuando el guionista Stan Lee y el dibujante Steve Ditko crearon a Spider-Man, fueron auténticos pioneros: todavía faltaban dieciséis años para que el psicólogo sueco Dan Olweus publicara el primer estudio serio sobre el acoso físico o psicológico sistemático y éste recibiera el nombre de bullying (en su etimología, la palabra anglo bully convertida en verbo: el matón que torea y maltrata).

Antes de ser picado por una araña radioactiva, el muy trémulo Peter Parker estaba fanatizado por la ciencia y no tenía aptitudes físicas para el deporte o el romance: era el típico alfeñique de 44 kilos. Pero ya enfundado en su traje arácnido, Spider-Man siempre fue un héroe con conciencia social: a diferencia de Hulk, que vive tiranizado por sus imprevisibles cambios hormonales, o de Iron Man, que se desvela por todo lo que pueda comprar, el Hombre Araña tomó partido en contra de la Guerra de Vietnam, a favor de los derechos civiles de los afroamericanos y en su historieta más célebre puso el cuerpo para socorrer a las víctimas del atentado contra el World Trade Center: en una revista publicada en noviembre de 2001, el superhéroe y sus enemigos olvidaron sus diferencias y se presentaron espontáneamente en la zona del desastre para socorrer a las víctimas y unirse en la batalla final contra Osama Bin Laden, el más feroz archivillano.

Ahora la guerra está en el aula: el cómic contra el bullying se titula Amigos en la red y empieza con el hallazgo de un pibe atado a un farol al que golpean porque es bueno para las ciencias y malo para los deportes. En algunos países, se regala como un alegato en contra de la violencia: ahí donde Spider-Man pueda enseñarle a un adolescente cómo zafar de un matón, y escarmentar al que se abusa del más débil, habrá cumplido con el lema que guía sus actos mientras mira el mundo desde arriba: “Un gran poder implica una gran responsabilidad”.

Publicado en La Nación

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