Tiros, líos y cosa gorda: la primera aventura de Jack Reacher

Lee Child

LEE CHILD Y SU HEROE, JACK REACHER.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Noventa y nueve por ciento de varones más bien machistas: así describe el autor a sus lectores. En sus veintiún novelas policíacas, el inglés Lee Child sólo tiene un monotema: el héroe de súper acción Jack Reacher, el único personaje del que escribe, un justiciero tipo Robin Hood que torea a la mafia barrial o salva el destino del mundo sin despeinarse (y que en el cine tuvo el rostro carilindo de Tom Cruise en las películas que llevan su nombre). La publicación aquí de Noche caliente, una novelita que relata la primera aventura heroica de Reacher a sus dulces dieciséis, es un pequeño fenómeno editorial: traducido a cuarenta y ocho idiomas, adaptado para Hollywood y habitué de las listas de bestsellers, Child nunca había sido publicado en la Argentina y, como en las fábulas de su lobo solitario, por fin se logra un acto de justicia. 

“Un estilo seco, corto y a la vez chisporroteante”, define el escritor argentino/uruguayo Elvio Gandolfo en el prólogo de Noche caliente: con escasas palabras, muchos diálogos y una acción febril, la prosa de Child retrata atmósferas norteamericanas de militares, policías, mafiosos o granujitas con la crudeza entrañable de un cuadro de Edward Hopper. Sus escenarios son las cafeterías de terminales, las estaciones de servicio, las bases militares, las comisarías desangeladas o los callejones oscurísimos. La aventura iniciática de Jack Reacher empieza esa noche caliente, la del Gran Apagón de 1977 que dejó a Nueva York en penumbras (un tema al que también se entrega el libro Ciudad en llamas, que hace un año en esta misma corresponsalía fue definido como “la novela más monumental de la temporada”: son más de mil páginas que valen el esfuerzo). A tres meses y dieciséis días para cumplir diecisiete años, en lo físico Jack Reacher ya está del todo desarrollado: metro noventa y cinco, cien kilos, puro músculo. “El producto terminado, más o menos. Pero muy recientemente terminado. Flamante”, escribe Child.

Aun en su primer viaje a Nueva York, y siendo un adolescente buenazo y curioso, él no se interesa por lo que sucede arriba del escenario del CBGB sino por lo que pasa detrás: los tejemanejes de un mafioso ítaloamericano y la posibilidad de reparar una injusticia. El clima nocturno es asfixiante (“el cielo estaba tan caliente y duro como un techo de hierro al mediodía”) y, como en toda novela policial que alumbre un mundo más allá de la intriga, Noche caliente puede abordarse como una aventura de matones o una excursión sentimental a la ciudad que ya nunca visitaremos, la de Blondie y los Ramones, la única capaz de convencernos de que si lo hacemos ahí podemos hacerlo en cualquier lado.
En poquísimas páginas (tan pocas que el libro se completa con Guerras pequeñas, otra aventura breve de Jack Reacher), el inglés Lee Child, que vive en los Estados Unidos desde hace veinte años, amplía el universo de las novelas preferidas por los varones con alta testosterona literaria. “Las contradicciones del sistema”, según dice Gandolfo: en distintos estudios de mercado, los editores de Child supieron que, entre los admiradores de Reacher, un porcentaje alto es de mujeres.

Publicado en La Nación

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