¡Libre soy! El dibujito animado por fin sale del clóset

Star vs fuerzas del mal

STAR VS. LAS FUERZAS DEL MAL.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Tomados de las manos y con los ojos cerrados, se dan un beso en la boca. Son dos hombres. Son dibujitos animados. La pareja enamorada aparece en la serie infantil Star vs. las fuerzas del mal y aunque parezca evidente que la princesa Elsa de Frozen es una pequeña lesbiana que sale del clóset al grito de “¡libre soy!” o que el príncipe Eric de La sirenita está en realidad más interesado en los marineros que en las doncellas acuáticas, ésta es la primera vez que un dibujo de Disney consagra un feliz fenómeno de época: el amor público entre personajes del mismo sexo. Si hasta hace poco tiempo había que interpretar las pistas veladas de aquellos que insinuaban una sexualidad diversa (hubo muchos más: Terkina, la mona marimacho de Tarzán, el muy afeminado gobernador Ratcliffe de Pocahontas o Pleakley, el extraterrestre que se viste de mujer en Lilo & Stitch) ahora los dibujos incluyen en sus paletas los siete colores del arcoíris. 

Muy lejos del estereotipo de la princesa zonza que espera el beso redentor, Star Butterfly es la monarca adolescente del reino de Mewni, ubicado en otra dimensión, y en pleno ejercicio de su título nobiliario lucha contra monstruos feroces gracias al poder derivado de su varita mágica, un regalo que le hizo su madre al cumplir los catorce y que empoderó a las mujeres de su familia durante incontables generaciones. La serie, que acá se emite en el canal Disney XD, supone una pequeña revolución de género porque es la segunda creada por una mujer en toda la historia del estudio: exalumna del Instituto de las Artes de California, la guionista Daron Nefcy siguió los pasos del camino abierto por Sue Ross, que creó Pepper Ann hace veinte años. En Star vs. las fuerzas del mal, la heroína se transporta a este planeta para vivir con una familia terrícola y el choque de culturas alumbra un universo de nuevos hábitos: durante un concierto de rock, Star ve que todos los espectadores se besan y, entre ellos, dos hombres. El año pasado, el canal Nickelodeon ya había incluido un matrimonio de varones en su serie The Loud House pero ahora Disney, el emblema mundial del “entretenimiento familiar”, muestra justamente una nueva clase de familia: si es cierto que las sociedades occidentales están migrando de la penalización de la homosexualidad a la penalización de la homofobia, las industrias culturales empiezan a reflejar esta revolución de las costumbres con menos disimulo y más naturalidad.

En la versión con actores de La bella y la bestia que ahora mismo está en los cines, el escudero LeFou es el primer personaje abiertamente gay en una película de Disney. Siempre se sospechó de los motivos ocultos tras su fidelidad sin condiciones al arrogante Gastón (en la película animada se aprecia cada mirada de arrobamiento que le dedica al villano, un amasijo de músculos y mandíbula cuadrada) pero ya no es necesario ocultar sus inclinaciones naturales. Ante esa mezcla de admiración y deseo que se confunde en cierta clase de relación viril, el director Bill Condon despejó las dudas: “LeFou es alguien que un día quiere ser Gastón… y al día siguiente quiere besarlo”.

Publicado en La Nación

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