No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás se vivió

The 1975

THE 1975.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Ni la caída de Saigón ni la bancarrota de la ciudad de Nueva York ni la independencia de Cabo Verde ni la desaparición de Jimmy Hoffa ni la separación de Sui Generis dicen demasiado al músico que, sin embargo, está tan obsesionado con el año en que pasaron todas esas cosas que así bautizó a su banda de rock: The 1975. Aunque nació catorce años más tarde, en la áspera Manchester de 1989, el cantante Matt Healy comparte con otros de su edad una misma obsesión de época: la nostalgia por aquello que no vivió. La semana que viene, cuando el grupo The 1975 toque por primera vez en el festival Lollapalooza que se realiza en la Argentina, un túnel del tiempo conducirá a los músicos y al público hasta un limbo generacional: arriba y abajo del escenario se oirá el grito pelado de los millennials setentistas. 

A los 27 años, una edad maldita que lo emparenta con Kurt Cobain, Janis Joplin, Brian Jones, Jimi Hendrix o Jim Morrison, aunque él parece gozar de buena salud a pesar de cierta palidez cadavérica, Healy ya publicó dos discos y el primero, titulado con el nombre del grupo, alcanzó el puesto número uno de ventas en Inglaterra (“un disco repleto de canciones confesionales sobre drogas, sexo, más drogas y aún más sexo”, escribió la revista Rolling Stone). Prematuro habitué de los sitios de chimentos gracias a un romance nunca del todo confirmado pero tampoco desmentido con la popstar Taylor Swift, él es un ícono de la retromanía actual: si es cierto que el rock y el pop no pueden abandonar la adicción por su propio pasado, Healy rinde tributo a Iggy Pop cada vez que se saca la remera en escena para sacudirse en contorsiones espasmódicas, que confiesa horror nostálgico después de comprobar que el antro CBGB de Manhattan se convirtió en un aséptico local de zapatillas o que reniega de las taras de su propia época.

¿Pero tiene alguna utilidad pensar que todo tiempo pasado fue mejor? “Antes, el pop no estaba tan cargado de autoconciencia ni cinismo ni de miedo a no ser cool”, dijo Healy en una entrevista: “Y eso es algo que siempre vamos a tratar de invocar”. Enloquecido por lo retro y la conmemoración, el grupo The 1975 saquea los archivos del rock y en su pastiche de Genesis con Pink Floyd confirma el mashup como la marca autoral de ahora: en una generación que nació con el cut and paste al alcance de los dedos, la obra tiene el mismo proceso de pegote que un trabajito de recortes escolares.

Si hace cuarenta y dos años Saigón caía y Nueva York se declaraba en bancarrota, para Healy el año 1975 tiene reminiscencias más míticas que geopolíticas. Bautizó su grupo después de que le regalaran un ejemplar del libro En el camino, de Jack Kerouac, que en la contratapa venía con un garabato anónimo y una fecha escritos a mano: 1º de junio de 1975. Él pasaba un tiempo en una colonia de artistas y, según confiesa, era fácilmente impresionable: “Estaba sumergido en la decadencia de todo eso”, dice ahora y, en la construcción de una mitología personal que debe tanto a la nostalgia setentista como a las redes sociales, pinta los trazos de su propio retrato de artista cachorro.

Publicado en La Nación

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