Orgullo, prejuicio y zombies en la serie más oscura de la temporada

Taboo

TOM HARDY EN “TABOO”.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

El muerto que camina: aun sin ser un zombie, James Keziah Delaney parece recién salido de la tumba. Cuando toda la mugrienta y embarrada Londres de 1814 lo daba por perdido, él vuelve de un destierro en África para vengar la muerte de su padre y, en la faena, recuperar lo que es suyo por herencia. Tiene el cuerpo estampado con tatuajes tribales, el ojo izquierdo cruzado por una cicatriz profunda, la voz convertida en gorjeos guturales y la cara de rufián entrañable del actor inglés Tom Hardy (de quien se dijo que “parece un chiflado recién salido de una pelea pero que se mueve y actúa en cada momento como si llevara en la mano una taza de porcelana fina”). No conviene develar mucho más de Taboo, la miniserie más oscura y angustiosa de la temporada: recién estrenada en el canal Fox+, es una delirante pieza del género gore decimonónico o el improbable caso de una novela de Jane Austen adaptada para la televisión por George A. Romero. 

“Ya vi tres episodios y todavía no puedo decir de qué se trata”, escribió el crítico Darren Franich en la revista Entertainment Weekly. Algunas pistas: Taboo trata de bestialismo, necrofilia, canibalismo, incesto, salvajismo, violación, esclavismo y asesinato. También tiene subtramas sobre la locura del rey Jorge, los conflictos entre Inglaterra y los Estados Unidos en la época en que se dibujan las fronteras norteamericanas y la codicia precapitalista de la Compañía de las Indias Orientales, un antepasado directo de la voracidad omnívora de las multinacionales de hoy. Pero lo más sugerente de Taboo es todo lo que no muestra: en 1814, Londres vive en la penumbra. Y entre las sombras se mueve Delaney, envuelto en capa, botas y galera negras, emitiendo ese rugido rasposo que Tom Hardy convirtió en aullido maníaco cuando fue el archivillano de Batman en El caballero de la noche asciende o enfrentó el futuro apocalíptico en Mad Max: furia en el camino. A los 39 años, es el protagonista, productor y guionista de Taboo (que escribió junto a su padre, Chips) y, aunque su estampa de galán recio lo deja pintado para las más zonzas películas de superacción, también es uno de esos actores arriesgados que disfruta poniéndose en la piel de reventados y retorcidos.

En ocho episodios de una hora coproducidos por la muy británica BBC, Taboo navega por aguas oscuras sin explicar casi nada: Delaney tiene un plan de venganza y lo ejecuta a sangre fría pero es difícil, por no decir imposible, identificarse con él cada vez que salta a la yugular de un enemigo para saciarse con sus carnes blandas o esas noches en que entra duro en el cuerpo de su hermana. Atormentado por las memorias de África, sufre visiones sobrenaturales que le recuerdan la selva en plena ciudad y así se completa la fábula clásica del varón blanco instruido que se vuelve salvaje en la naturaleza y de la ciudad que se convierte en una jungla de cemento. Bajo la galera negra, la mirada oscura del antihéroe se enciende con un chispazo fugaz: en la fiereza contenida o desatada, un hombre se transforma en mono con navaja y no tiene ningún tabú el día que vuelve para consumar su venganza.

Publicado en La Nación

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