La mujer invisible

El thriller doméstico de Fiona Barton ubica el suspenso en los límites del dormitorio.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

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“Querido lector: me he pasado mucho tiempo observando a la gente”. El libro empieza con una aclaración que es casi una excusa: la periodista judicial inglesa Fiona Barton explica por qué eligió como protagonista de su primera novela a una mujer invisible. Silenciosa y resignada, es la que aparece detrás de su marido en las escaleras de un juzgado mientras él ofrece testimonio y repite que todo es una campaña en su contra, que él es inocente. En La viuda, un best seller que fue publicado en más de treinta países y pronto se convertirá en una serie de televisión, Barton pone el ojo sobre Jean Taylor, la abnegada esposa de un hombre acusado de haber secuestrado a una nena. Pero si él hubiera hecho algo horrible ella lo sabría. ¿O no? Si los límites del apoyo conyugal incondicional fue el tema de la sensacional serie The Good Wife, que terminó este año con una esposa triunfante ante los desaguisados de su marido, ahora La viuda confirma un nuevo fenómeno editorial: el domestic thriller, que ubica el suspenso en los límites del dormitorio.  Sigue leyendo

Homo sapiens homo

Ficciones infanto-juveniles que exploran las diversas posibilidades del amor.

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“Aún no estoy preparado para salir del armario”. A los 16 años, Simon ya tiene clara la orientación de su deseo pero reclama para sí un derecho personal: cuándo decirle lo que siente al mundo (su mundo, el de un adolescente típico: la familia, los amigos, el colegio). El dilema se devela casi shakespeareano porque un compañero descubre su secreto y lo chantajea a cambio de no contarlo: ya no ser o no ser sino decirlo o no decirlo. En Yo, Simon, homo sapiens, la maravillosa novela de iniciación de la psicóloga estadounidense Becky Albertalli, la adolescencia se expresa en toda su confusión hormonal y el ideal romántico no se reprime entre quienes nacieron bajo la misma estrella: sin traumas ni censuras, chico busca chico. El libro, que ganó el premio William C. Morris y fue finalista del National Book Award, acaba de salir en la Argentina (con una traducción tan castiza que hace sangrar la vista, ¡joder tío!) y confirma un fenómeno editorial: las ficciones infanto-juveniles que exploran las diversas posibilidades del amor.  Sigue leyendo

El popstar anónimo

Billonario en ventas, el pop coreano es furor en Oriente y casi ignorado en Occidente.

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La prueba concluyente de que un cantante cualquiera se convierte en una superestrella es que sus fans adapten su nombre y copien la organización de un ejército: si Justin Bieber es perseguido por una legión de believers, su irreductible corte de fanáticas, a Roy Kim lo acosan las royroses. En las calles de Seúl o de Busán, su rostro afilado de cutis perfecto adorna paradas de colectivos y gigantografías de neón porque cada disco que edita, y el último fue The Great Dipper, que salió a fines del año pasado, es un fenómeno popular. Como sucede con cualquier galancito, las chicas lo desean y los chicos lo desprecian (o lo envidian) pero aunque en Asia no pueda asomar la nariz a la ventana sin provocar una modesta revolución, ahora Roy Kim está estudiando en Washington y no lo reconoce nadie. En la broma se devela cómo funciona la geopolítica del showbiz: muy famoso en medio mundo, entre sus nuevos compañeros no es diferente a los otros coreanos porque, para aquellos de ojos redondos, los rasgados son todos iguales.  Sigue leyendo

¿Qué me quiso decir?

Los emojis, un sistema de comunicación tan falible como el de hace 30 mil años.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

The Story of Emoji

Es uno de los grandes debates culturales de la época: ¿ese montoncito de crema marrón es chocolate o excremento? Los intérpretes de emojis dicen que el dibujito representa un helado de chocolate sonriente (tiene boca blanca y ojos redondos), pero el pueblo dio otro veredicto: si hace treinta mil años los ideogramas de las cuevas de Altamira eran la única manera de transmitir un mensaje, hoy los emojis son un sistema de comunicación tan falible como aquel, en el que un helado puede convertirse en caca. “Los emojis permiten dotar a nuestras comunicaciones digitales en formato corto de una despreocupación y de un humor que sólo con palabras no podríamos”, escribe el periodista londinense Gavin Lucas, autor del libro The Story of Emoji, un ensayo recién publicado en inglés que explica génesis, significado e influencia cultural del sistema de símbolos y pictogramas que se propone simplificar el catálogo infinito de las actividades y las emociones humanas: un alfabeto sin matices de caritas felices o enojadas. Sigue leyendo