Jóvenes titanes

Los estudios buscan películas de superhéroes para seducir con sagas interminables.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Mark Twight

El hombre más buscado de Hollywood no es un director ni un productor ni un actor taquillero: es un personal trainer. O “gurú del fitness”, como lo promueven sus representantes. En nueve meses, Mark Twight se dice capaz de gestar un cuerpo nuevo: lo hizo con los actores de la película 300, flacuchos espartanos a los que convirtió en gigantes hercúleos capaces de ganar batallas sin un rasguño, y con los de Batman versus Superman, entre muchos otros tanques: si el poder iniciático de un superhéroe es aquel capaz de transformar a un alfeñique de 44 kilos en un Atlas, el entrenador usa los métodos extremos del ejército estadounidense para sacar el musculito o eliminar el rollo ahí donde haga falta. Y así confirma las prioridades de un fenómeno de época: suena lógico que en tiempos de películas anabolizadas, un personal trainer obtenga los presupuestos más inflados.  Sigue leyendo

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Ella es una sensación

En The Ramonas, el lugar de Joey es ocupado por Cloey y el de Johnny, por Rohnny.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Tha Ramonas

“HEY! HO! LET’S GO!”. Saltan sobre el escenario, con las melenitas oscuras agitadas en cabeceos epilépticos, las infaltables camperas de cuero aun en la asfixia, las remeras rockeras ceñidísimas al cuerpo, las zapatillas All Star demasiado caminadas y la actitud arrogante. Son una banda tributo a los Ramones. Son todas chicas. Esta noche, el Lady Luck Bar de Canterbury, en Inglaterra, recibe a The Ramonas y aunque los tipos del público se parezcan más a sus ídolos que las artistas, ellas encabezan un nuevo fenómeno fantasmal: las bandas tributo femeninas, que rinden homenaje a sus héroes musicales sin distinciones de género. Si es cierto que la imitación es la forma más extrema de la adoración, y que vivimos en una época obsesionada por revivir los artefactos culturales del pasado inmediato, esta banda travestida (como otras que homenajean a Iron Maiden, Duran Duran, Nirvana o Metallica) reversiona la idea del readymade a la manera de Marcel Duchamp, cambia el sexo de los artistas y otorga una nueva dimensión al clásico rockero de los Ramones, She’s a SensationSigue leyendo

Los argentinos de Europa

Entre cerveza y cerveza, las razones por las que los irlandeses nos consideran como hermanos.

Souvenir: recuerdo de Dublín

Dublinesca

El abrazo me sorprende con la guardia baja. “¿Argentino? ¡Entonces es un amigo!”. En la mano derecha sostengo una pinta de cerveza negra y con la izquierda rodeo los hombros del desconocido: con el escaso equilibrio de un boxeador con Parkinson, la prueba me parece digna de un Guinness. En la puerta del pub, el irlandés quiere seguir con la charla efusiva y yo, que nunca dependí de la amabilidad de un extraño, trato de zafarme y me pierdo en el acento gutural que no tiene nada que ver con el inglés british que aprendí en la Cultural. Es la amistad más instantánea, y más fugaz, de mi vida porque dura lo que tardo en terminar mi vaso, más bien poco. Antes de llegar me habían advertido que los irlandeses nos consideran a los argentinos cómplices de un sentimiento: la antipatía contra los ingleses. Y si el mes que viene se cumplen treinta años del gol divino que ellos gritaron como propio, el mes pasado se cumplieron cien años del día en que se declaró la independencia que los separó definitivamente de sus vecinos del otro lado del Canal de San Jorge. En el abrazo de dos borrachines que se juran una amistad eterna que no podrá durar más de cinco minutos, el irlandés se empeña en hacer un brindis por “la manou de Dios”. Sigue leyendo

Un deseo mecánico

Actores del cine XXX, en pie de guerra ante el avance de la realidad virtual.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Virtual Porn

Mmm… mmm… Corte. Vamos de nuevo. Mmm… mmm… Corte. Otra vez. Mmm… mmm… ¡Corte! Mejor paramos. Si el rodaje de una película porno es parecido a lo que se ve en Boogie Nights, imagino que debe ser difícil hacerlo ante una pequeña multitud de camarógrafos, iluminadores y sonidistas fisgones. Pero el último grito de la tecnología agrega una dificultad aún mayor al momento de concentrarse para la faena amatoria: la grabación de películas con el sistema de realidad virtual (VR, según la sigla en inglés) exige que el actor, además de ofrecer una performance digna de un Sansón, deba cargar en su cuerpo con equipos de filmación para registrar tomas subjetivas y aguantar que las escenas se repitan decenas de veces. ¡Acción! Mmm… mmm… Corte. Ahí donde se diga que las máquinas conspiran contra la concreción del deseo, los actores del cine XXX de Los Angeles, la mayor industria pornográfica del mundo, se levantan de la cama para ponerse en pie de guerra: así no hay cuerpo que aguante.  Sigue leyendo

Crema americana

Hollywood Boulevard y la decadencia de una firma que fue ícono del sueño californiano.

Souvenir: recuerdo de Los Angeles

American Apparel, Bangladesh

“Hecho en Los Angeles por una mujer con seguro de salud para ella y sus tres hijos”: la etiqueta del buzo color cremita apela al orgullo del ser nacional y comunica que este trapo que cuesta 69,90 dólares no fue confeccionado en China, Laos o Vietnam. En Hollywood Boulevard, acaso la única avenida para ir a pie en una ciudad desangelada rendida a la pulsión del automóvil, la vidriera de American Apparel exhibe el póster de una veinteañera con las tetas apenas tapadas por una leyenda en tipografía con negritas: “Made in Bangladesh”. Es otra ironía de la marca que se propone como revulsiva y juvenil y que vende un pantalón al valor de un sueldo del sudeste asiático. Mientras camino de una punta a la otra, pienso que toda esta avenida es una buena síntesis del ser americano: gigantismo y espectacularidad, con el piso tachonado de las estrellas que dejaron su nombre frente al Teatro Chino y los neones cegadores aun en el mediodía. Pero el sueño americano está a un paso de convertirse en pesadilla: las montañas de basura se acumulan en las esquinas y esa marca que nació para vender al mundo la ideología californiana (prendas básicas, colores simples, tetas grandes) cae en bancarrota.  Sigue leyendo

Poder decir adiós es crecer

Las crisis existenciales de los de treinta y pico, en un libro que pinta a una generación.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Bon Iver, Calgaryjpg

El frío que corta como un cuchillo, los días demasiado breves, la nieve, la nieve y la nieve: el pueblito se llama Little Wing, queda en lo más remoto de Wisconsin y allí nacieron cuatro amigos que crecieron juntos pero cuyas vidas tomaron rumbos distintos. Uno se convirtió en rockstar de fama internacional, otro se hizo vaquero de rodeo pero tuvo un accidente que lo dejó alelado, uno más fue agente de bolsa en Chicago y el último se quedó, para casarse con su novia de toda la vida, la chica más admirada de la secundaria. Entre la ambición y el conformismo, los cuatro personajes de la novela Canciones de amor a quemarropa pintan una generación, la de aquellos que fuimos adolescentes en los 90, la década del hedonismo de los Guns N’ Roses y el pesimismo de Nirvana. Recién publicado en la Argentina, y siguiendo la estela de un rutilante éxito mundial que pronto lo convertirá en una película, el libro de Nickolas Butler consagra en letras de imprenta un fenómeno de época: el mumblecore literario, que según la fría definición clínica es un subgénero de diálogos naturalistas que explora las crisis existenciales de personas que están en sus treinta y pico.  Sigue leyendo

El rap de las hornallas

Una delicia para los oídos: Action Bronson, el chef que se decidió a cantar sobre comida.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

Action Bronson

“Yo conozco la suavidad de tu pelo, estás en mi menú como el caldo de cordero”: con poética culinaria, ella para él no es sólo un pedazo de carne. Si es cierto que la lujuria y la gula son los pecados capitales más emparentados, y que cada falta equivale a morder de nuevo la manzana prohibida, las rimas románticas del cantante Action Bronson están repletas de metáforas gastronómicas: dice “me gusta el conejo como a una Playmate” o “persigo a mi mujer en todos sus sabores”. Ancho como un Buda de barba pelirroja y empachado de tatuajes, es el cocinero rapero que confirma un fenómeno a punto de hervor: los chefs son los nuevos rockstars. Algunos tan famosos como las estrellas de cine o los deportistas de elite, se los admira como los dueños de un saber específico muy valorado aunque, a diferencia de lo que sucede con otros artistas, casi ninguno de nosotros experimentará jamás su obra. ¿Quién probó la espuma líquida de Ferrán Adriá o el ceviche de Gastón Acurio? Y si el escritor gastronómico Michael Pollan dice que en esta época hay millones de personas que pasan más tiempo viendo por televisión cómo se prepara un plato que cocinándolo, además de mirar o leer a los cocineros, vamos a escucharlos.  Sigue leyendo