La música en la sangre

Alguna vez definió como “una maldición” ser el hijo de Mick Jagger. Hoy se muestra orgulloso de su padre y hasta compuso con él un tema para Vinyl, la serie en la que se luce como actor.

Entrevista: James Jagger

James Jagger

“Nadie es un rockstar por accidente”: la frase se deja caer en un capítulo de la serie Vinyl y parece escrita para el personaje de Kip Stevens, el cantante de la banda punk The Nasty Bits que nació para alcanzar una estrella. Tiene eso que debe tener un rockstar: garbo, vulnerabilidad y arrogancia. Adentro del boliche, las groupies estallan en aullidos histéricos y afuera, Nueva York se congela en los días oscuros de 1973: la superproducción de Martin Scorsese y Mick Jagger que se emite por HBO explora el furor del rock, el punk, el hip hop y la música disco en esas noches de vinilos y los instantes previos de un cantante antes de dar el batacazo, ese cambio de fortuna que lo llevará de cargar bafles a disponer de cantidades industriales de sexo, droga o rock and roll. “Recuerden la primera vez que escucharon una canción que hizo que se les pararan los pelos del cuello, que los hizo querer bailar o salir a patear a alguien”, se pide desde el televisor. En el escenario, Kip Stevens sacude su anatomía esquelética y se cuida de bailar como un pollo, pero las caderas no mienten: es igualito a Jagger en el 73. Acaso tenga algo que ver que el actor sea James, su hijo en la vida real: a los 30 años, es uno de los protagonistas de Vinyl y si la línea sucesoria del showbiz alumbró a criaturas como Nicole Ritchie o Peaches Geldof, él aclara que no se cuelga del apellido de su padre, al que alguna vez definió como una maldición más que una suerte, y remarca: “Me eligieron por casting”. 

Cuarto entre siete hermanos de tres diferentes madres, James Jagger es el hijo de Mick y de Jerry Hall e inminente hijastro de Rupert Murdoch, el trillonario dueño de la megacorporación News, que pronto contraerá matrimonio con la supermodelo veterana. Nacido en Nueva York pero instalado en Londres desde niño, James trabajó como modelo para marcas importantes de ropa, tuvo su bandita de rock que se llamó Turbogeist, quiso ser bioquímico pero abandonó los estudios al poco tiempo de empezar, escribió una novela sobre un traficante de opio en la Revolución Industrial, actuó en películas independientes y ahora protagoniza Vinyl, la serie para la que también compuso una canción junto a su padre, aunque parece improbable que vaya a sentarse para ver cómo sale en la tele: “No tengo televisor, estoy demasiado ocupado tocando a Rachmaninoff en mi clavicémbalo”, repite con sarcasmo. Me encuentro con Jagger Junior en el piso catorce de las oficinas que HBO tiene en Manhattan, después de haberlo visto revolcarse como Kip Stevens en dos capítulos de Vinyl dirigidos por Scorsese y, aunque sean evidentes sus esfuerzos para mostrarse como un tipo común (el atuendo atildado y los modales de un sir inglés), cuando entra en el salón donde lo espero, confirmo mi prejuicio: rockstar se nace. Tiene una gracia natural que provoca la admiración de los hombres y el deseo de las mujeres (o al revés) y si la revista Vanity Fair, el boletín oficial de todos aquellos que viven vidas extraordinarias, el año pasado lo consagró como “el hombre más bello del mundo”, parece como si la boca rojo furioso se la hubiera dibujado Andy Warhol directamente sobre la cara.

-¿Cuál es tu idea personal acerca de ser un rockstar?

-Existe un estereotipo sobre lo que es ser un rockstar. Es difícil de medir pero hay algo exótico en serlo: un sentido de extravagancia que no debería ser imprescindible, pero que se repite como un patrón. El personaje que hago, Kip Stevens, todavía es anti rockstar pero quiere serlo: en el glam de los 70 existía una necesidad de ser muy teatral y de poner bajo las luces del escenario algo más que simplemente la música. Ser un rockstar es ser un músico, sí, pero como es Alice Cooper. Sin embargo, para mí es más importante escribir buena música antes que ser tan rimbombante y teatral.

-Al ver las fotos de tu padre en esa época, ¿sentís nostalgia por lo que no viviste?

-Un poco sí. Cuando querías encontrar diversión con algo más, Nueva York era el epicentro del mundo. Imaginate: ibas a una fiesta, pasabas la noche en una discoteca, aparecía Andy Warhol con su cámara rodeado de esos personajes maravillosos… ésa podría ser mi polaroid favorita de los 70.

-¿Tomaste algún músico de entonces como inspiración?

-Hay pocos personajes de los que podría decir que tuvieron una influencia sobre mí, pero algunos de ellos fueron los músicos de la banda Jack Ruby, no el que disparó a Lee Harvey Oswald, sino esos artistas que nunca se volvieron demasiado prominentes pero que fundaron una manera seminal de entender el rock en los 70. Ellos hacían esa música horrible pero eran la antítesis de todo lo que estaba bien y ahí radica la actitud punk. Ésa fue una gran influencia, como la de tantos otros músicos que construyeron la escena contracultural de los 70 en Nueva York.

El hijo del líder de los Rolling Stones, el rockero más longevo y admirado del planeta, elige como su inspiración a los antihéroes olvidados del punk: en los 70, la ruidosa banda Jack Ruby fue el eslabón perdido entre Ottis Redding y los Ramones. Puede haber algo de gesto snob en adorar a unos músicos ignorados por el Salón de la Fama del Rock and Roll pero que empiezan a ser considerados de culto (Thurston Moore, el cantante de Sonic Youth, escribió que Jack Ruby supo inscribirse en “la línea neoyorquina de William Burroughs y la Velvet Underground, en la energía poética y radical de John Sinclair y los MC5 y en las intrigantes visiones neo-noir del cine alternativo europeo”). Algo de ese espíritu es el que se propone rescatar la serie Vinyl, que tiene tanto de Velvet Goldmine como de Sérpico y que en el furor actual por la retromanía ofrece más imágenes subyugantes sobre ese pasado que adoramos aunque no hayamos vivido. La última década maldita tuvo la efervescencia heredada de los movimientos por los derechos civiles, la píldora anticonceptiva, la filosofía revolucionaria, la conciencia planetaria y el rock como banda de sonido para la primera generación que no se identificó con los ideales de sus padres. ¿Pero qué pasará cuando nos quedemos sin pasado al que reverenciar?

“No soy la persona indicada para contestar cuán exacto o auténtico es todo lo que se ve en el programa… ¡porque no estaba en Nueva York en los 70!”, dice James: “Pero HBO hizo un trabajo increíble de producción para esta serie: el vestuario y la escenografía son asombrosos porque hay una tremenda atención por los detalles”. En una era enloquecida por el pasado cercano (“bandas que vuelven a juntarse, reediciones, mash-ups, biopics y documentales de rock”, enumera el crítico Simon Reynolds en su libro Retromanía), el horario central del cable se ve invadido por esos entrañables inadaptados que encontraron en el rock una voz propia… y los empresarios que los explotaron. Con menos violencia pero similares dosis de locura, Scorsese vuelve a las noches de Taxi Driver y Jagger Senior, a las de Sticky Fingers, Exile on Main St. o It’s Only Rock’ n’ Roll: si la época hubiera tenido un mantra, ese mantra podría haber sido “es sólo rock and roll, ¡pero me gusta!”.

-¿Cómo te sentiste al trabajar con Scorsese?

-Fueron unos meses increíbles. Cuando tuvimos la primera reunión con el equipo y el elenco, estaba muy pero muy nervioso. Es que soy fanático de Scorsese y tenía toda la ansiedad antes de verlo hasta que él se acercó y dijo: “Ey, Jimmy, un gusto conocerte” (nota: lo imita con un tono de voz aflautado, mezcla de ardillita con abuelo italiano que habla cocoliche). Instantáneamente me hizo sentir fantásticamente cómodo (otra nota: le gustan los adverbios). A partir de ese primer encuentro, el resto fue una brisa, con escenas muy divertidas de rodar recreando la magia de Nueva York en esa época, lejana y a la vez tan especial para mí, como gran admirador del punk rock y la música disco.

-¿Sentís que creciste como actor?

-¡Es que Scorsese es el mejor coach que alguien puede tener! No es intimidante, uno puede tener la idea de que es una persona distante, pero cuando trabaja con él es muy cálido, te hace sentir cómodo. Él está detrás de todos los detalles, no sólo de la actuación: sabe qué clase de luz es mejor para cada escena o cómo tiene que sonar una banda y trabaja con la gente más valiosa. Es muy interesante ver a alguien con semejantes niveles de control sobre todo lo que hace. Y estar listo para hacer exactamente lo que él quiere, siempre con las mejores formas. Cuando algo no le gusta, te mira y dice en voz baja: “Mmm, no estoy tan seguro sobre eso…” (vuelve a imitarlo). Es difícil de cuantificar una experiencia como ésta, tuve una gran dicha al hacer este programa.

-Y además te lucís como músico.

-En la serie toco yo mismo. Disfruto a la vez tanto de tocar música como de actuar, por eso fue tan reconfortante trabajar en algo en lo que pudiera involucrar ambas cosas. Yo quise hacer esto por muchos años y también disfruté estar en una banda… En Vinyl, el trabajo con la música fue muy concienzudo, investigando sobre los sonidos de esa época. En los 70 había una gran efervescencia en Nueva York, en Detroit o en Cleveland y es muy interesante la investigación que se hizo sobre la ingeniería del sonido en esos lugares y esa época.

-Sin embargo, la serie muestra una visión no tan amable de aquellos años…

-Eran los 70 y la industria de la música era diferente a la de hoy: las compañías controlaban a los artistas y a veces el negocio estaba relacionado con el crimen. Había acuerdos con las emisoras de radio, convenios por publicidad, vínculos con la mafia… Es interesante porque fue una de esas industrias en las que todo parecía tan lindo, con el arte y la música como trasfondo, pero que también pudo ser muy cruel y desagradable con tantas personas. Y en Vinyl se puede ver lo más despiadado.

Con sus modales de señorito inglés, James deja la impresión de que es todo lo normal que se pueda ser con semejantes padres, con los que pasa las navidades o los cumpleaños: si se preocupa por las críticas que tal vez reciba (“siempre pienso que me van a vapulear debido a quién es mi padre”), Jagger Junior parece la clase de hijo de superfamoso que supo construirse una vida de normalidad. “Es muy difícil crecer dentro del negocio del entretenimiento y alcanzar el éxito”, reflexiona: “Estoy increíblemente orgulloso de ser un miembro de mi familia y de todos los logros de mis padres. Soy un hijo muy agradecido, pero… muchas veces habría anhelado tener mayor anonimato. Es duro sobre todo cuando sos adolescente y yo pasé muchos momentos embarazosos entonces”. Como testimonio de eso quedan sus recurrentes apariciones en los tabloides ingleses: “Duro otra vez”, tituló The Daily Mail el verano pasado, después de que James subiera una foto a su Facebook con los ojos ocultos detrás de anteojos oscuros y la expresión turbia de haber pasado una noche larga. Pero Jagger Junior parece la clase de hijo de un superfamoso que supo construirse una vida con normalidad.

Publicado en La Nación

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