Éste fue el año en que…

Twitterature, libro

La astuta Lena Dunham enseñó cómo ser ese tipo de chica. Mi Pequeño Pony renació de las cenizas. El libro Plush demostró la influencia del pubis femenino en el arte universal. La inteligencia artificial copó las ficciones “serias”. Un hijo de Bob Marley fundó la primera multinacional de marihuana legal. Los ejecutivos de Hollywood buscaron inspiración en los videítos de la red social Vine. El fan fiction imaginó un romance hot entre Sherlock Holmes y su amado señor Watson. La directora Ava DuVernay no pudo contra la maquinaria machista de Hollywood. La actriz Desiree Akhavan volvió cool ser iraní en Brooklyn. Los videojuegos intelectuales conquistaron a los adultos. El colombiano Sergio de la Pava escribió la gran novela latinoamericana. El rap exigió su derecho a la libertad de expresión. Un libro iluminó la oscura fascinación por el cine del dictador de Corea del Norte. Cuba inventó su propio Netflix puerta a puerta. Una investigación demolió el mito del bienestar nórdico. Un romance gay llegó al horario central televisivo de la Rusia homofóbica. Un bar de Nueva York agotó localidades con su concurso de preguntas y respuestas sobre Friends. Se descubrió la mitología detrás del Monopoly, el juego de mesa más popular de la historia. Una academia estadounidense abrió una cátedra sobre vida y obra de Britney Spears. Se revisaron los crímenes de “Sollywood”, el Hollywood sudafricano de los años del apartheid. Bagdad quiso volver al mapa del arte mundial. La nonagenaria Iris Apfel se confirmó como la it girl más a la moda de Manhattan. El jovencísimo Shamir se asumió como el primer popstar sin género sexual. Los Muppets abrieron sus camarines. El músico noruego Lindstrom hizo despegar el “pop espacial”. Se empezó a leer twitteratura. La serie Hannibal convirtió el canibalismo en una costumbre chic. La novela La chica del tren imploró que nadie cuente el final. Apareció una secuencia de cine porno editada por Orson Welles. Se bautizó la Generación Yuccie. El capitalismo artístico hizo negocios multimillonarios. El fumón se transformó en un fetiche de la ficción inteligente. El director Judd Apatow investigó la teoría de la comedia. El rapero Prince Harvey grabó un disco completo en un Apple Store. El cine de la India se consolidó como el más productivo del mundo. El libro 33 artistas en 3 actos pulverizó el aura mágica de los creadores. Un experimento puso a mujeres a leer mientras tenían un orgasmo. Las series volvieron una y otra vez sobre los años 80. Se consagró al peor rapero del mundo. La censura china aprobó la primera película de temática gay. Un libro rescató el valor del videoclub como formador cultural. Se recordó a Jack Smith, el único artista al que Andy Warhol habría querido copiar. Se estrenó la versión de Plaza Sésamo para niños árabes. La serie Mr. Robot se confirmó como la más inteligente del año. El rap pudo unir a judíos y palestinos (pero no lo hizo). El libro Mundo cruel fue el pequeño acontecimiento literario del Caribe. El pibito Abraham Attah se convirtió en la estrella infantil más improbable. Se vendió el Village Voice a un magnate textil. Se publicaron las conmovedoras memorias de Oliver Sacks. El mundo descubrió el cine de África mientras África redescubrió el cine. Los latinos llegaron al prime time de las cadenas yanquis de aire. Un documental develó por qué Tower Records, mi disquería favorita, se vio obligada a poner un cartel con la palabra terminante: “Fin”.

El resumen de un año en mi corresponsalía cultural de La Nación Revista. Hasta el domingo que viene.

 

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