El mal de las noticias

Breaking News

SnackEn los tiempos modernos, padecemos sobredosis de datos: ¿pero qué pasa con la tonelada de información que se evapora rápidamente y que recibimos diariamente en forma de noticias? El libro The Art of Thinking Clearly: Better Thinking, Better Decisions (“El arte de pensar claramente: mejor pensamiento, mejores decisiones”), de Rolf Dobelli, analiza el mal que nos hace estar expuesto al exceso de información: “Las noticias son para la mente lo que el azúcar es para el cuerpo”. El periodismo perdió sentido: pasó de ser una fuente de información útil para la toma de decisiones y el conocimiento del mundo a una fuente de producción (barata) de información desechable. Nos enteramos de las noticias que hacen “más ruido”, no de las que efectivamente podrían cambiar nuestra vida. Además del aspecto social, Dobelli afirma que la sobredosis de noticias es literalmente tóxica para el cuerpo.

Mi barba tiene tres pelos

Eso de afeitarse todos los días es cosa del pasado. Ahora se usa pelo facial abundante. Barbas, bigotes y sus usos, la vuelta del hombre recio.

Apuntes: vidas privadas

Barba hipster

// Por Nicolás Artusi

Las cuchillas se deslizan sobre la cara como los patines de un partido de hockey sobre hielo. Pzzzzzzzzzz. El hombre venerable pretende que rostro y cuello estén suaves como un piso de parquet y se somete a la diaria tortura de la afeitadora, en desigual lucha contra la rutina, el ardor y la voluntad de controlar la botánica facial (en mi casa, se decía que el tío Tito era tan hirsuto que debía afeitarse a la mañana y a la tarde, sólo para mostrarse digno y presentable a toda hora). Ahí donde un filósofo haya definido “lo liso como sinónimo de lo perfecto”, una nueva generación de hombres levanta la bandera del orgullo facial, renuncia a los afanes de la perfección y se deja crecer la barba como contraseña de época: si durante años fue incompatible con la rígida idea de “buena presencia”, hoy es una marca de identidad para señores de todas las edades que necesitan aferrarse a algo real, natural y estableSigue leyendo

Estilo de vida: ahorro de energía

MyEnergi

Ford, viñetaExisten las huellas digitales (¡qué sería de la serie CSI sin ellas!), huellas en la nieve y huellas de carbono: según Wikipedia, “la totalidad de gases de efecto invernadero emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto”. En pocas palabras: algo muy malo para el planeta. En los últimos cien años, los autos fueron grandes productores de la huella de carbono. En los próximos cien años, algunos vehículos van a luchar contra ella. Entre ellos, la iniciativa MyEnergi Lifestyle de Ford, que contribuye al ahorro de energía. Y que busca demostrar cómo una familia tipo puede llegar a gastar menos dinero y reducir el impacto ambiental combinando la última tecnología en casas inteligentes… y un vehículo eléctrico.

El siglo XXI estará marcado por el consumo conciente: el proyecto MyEnergi propone una mejora en el uso de la tecnología para que los dispositivos que más consumen en el hogar usen menos energía y concentren su recarga en los períodos de bajo costo. Un ejemplo: a la noche, cuando las tarifas son más bajas, una heladera inteligente puede realizar las tareas que requieran más energía, como preparar cubitos de hielo o descongelarse. Y mientras todos duerman, los vehículos eléctricos de Ford aprovecharán la madrugada para hacer la recarga mediante un enchufe. Estamos todos conectados.

Brunch, la película

Its A Disaster

SnackCuatro parejas de amigos se reúnen a compartir el ritual del desayuno-almuerzo como todos los domingos hasta que, en medio de huevos revueltos, diarios y café, se enteran de que acaba de empezar el fin del mundo. Esta es la historia que cuenta It’s a Disaster, la primera película catástrofe dedicada al brunch. Los amigos quedan encerrados en una casa mientras el planeta se desintegra. Con humor negro sólo apto para “bohemios-burgueses” y un tono satírico sobre el narcisismo y el consumismo de la época, es la primera película que consagra el brunch como un ritual social, cultural y gastronómico de los tiempos modernos.

“¿Qué es lo más cool que hay en beneficencia?”

Bruno

“La beneficencia es una gran manera de hacerse famoso. Debía encontrar la mayor tragedia del mundo para ayudar”: con la aspiración típica de la época (convertirse en una celebridad), el supermodelo austríaco Brüno intenta llegar a la cima de Hollywood por la colectora: “Quiero una beneficencia que no implique mucho esfuerzo, pero que marque la diferencia”. En el ácido documental ficcional Brüno (2009), el incombustible Sacha Baron Cohen revisa la mugre pegada en cada peldaño de la escalera a la fama y así llega hasta las mellizas Nicole & Suzanne DeFosset, especialistas en dar prensa a las más diversas obritas de caridad. “¿Hay algo en lo que creas?”, preguntan ellas. “Me importa todo”, contesta Brüno. Después de discutir la conveniencia de pelear contra el calentamiento global, el supermodelo encuentra su epifanía: “Tengo muchas ganas de hacer algo, tal vez, por Africa. ¿Sigue estando de moda? O salvar a un animal en extinción. ¿Qué se está extinguiendo ahora?”. Delatadas en su cinismo ante la cámara, las hermanas dudan pero ante la pregunta exacta (“¿qué es lo más cool que hay ahora en beneficencia?”) responden casi a dúo, satisfechas en la certeza: “¡Salvar a Darfur!”.

La filantropía pop

Famosos obsesionados por los huérfanos de Malawi o por los niños desabrigados del Ecuador. En época de relativismos morales, la filantropía es un boom para las celebridades. ¿Madonna o Ashton Kutcher pueden salvar el planeta?

Postales de los tiempos modernos

Madonna, Malawi

// Por Nicolás Artusi

Siempre preocupado por las causas justas y urgentes, Bono baja de una avioneta en plena sabana de Uganda, acompañado por su esposa Ali. Llevan dos bolsos de cuero Louis Vuitton. “Cada viaje empieza en Africa”, reza el epígrafe del aviso de la supermarca francesa de lujo. ¿Cinismo o apenas inconsciencia? Un observador astuto podría calcular que, con el precio de dos carteras, comerían cientos de niños ugandeses durante cientos de días. Que lo solidario no embarre lo glamoroso: en épocas de relativismos morales, la nueva filantropía es un boom para los famosos, obsesionados por los huérfanos de Malawi o por los chicos desabrigados del Ecuador. Si es cierto que la ayuda al prójimo desventurado se inscribe entre los más nobles sentimientos, el humanitarismo vacuo y una visión ingenua del mundo nos repiten que, con buena voluntad y un eficiente jefe de prensa, Madonna o Ashton Kutcher pueden salvar el planeta.  Sigue leyendo