La fiesta no se acaba nunca

Los cuatro músicos de Franz Ferdinand tienen un castillo propio donde celebran shows y fiestas interminables. Su disco debut sacudió a Europa. Combinando hedonismo, melodrama y art-rock, dicen: “La imagen es muy importante”.

Entrevista: Franz Ferdinand

Franz Ferdinand

// Por Nicolás Artusi

Archivo 1El castillo vibra en las afueras de Glasgow: baila la beautiful people y si en 1914, la muerte de Franz Ferdinand (el archiduque del imperio austro-húngaro) disparó la Primera Guerra y decretó el final de la fiesta mundial, en 2003, el nacimiento de Franz Ferdinand (la banda de Escocia) anunció: ¡hay fiesta para rato! Franz Ferdinand (el archiduque) fue asesinado por el grupo terrorista serbio Mano Negra. “Pero soy un gran admirador de Manu Chao” (¡je!), dice Alex Kapranos, el cantante y guitarrista de la banda revelación 2004. Habla con el Sí! desde Norwich, Inglaterra, una escala de su última gira, y multiplica las referencias a otros grupos, artistas, autores. Como buena banda vintage, su marca es el eclecticismo posmoderno: la música se oye como un collage (brit pop y post punk, con una clara influencia Stroke); el look es setentoso; y ellos recrean aquel invento de Ernest Hemingway (“la fiesta móvil”) con un séquito de groupies que los sigue como a todo noble europeo. 

—¿Las fiestas son tan importantes?

—Son algo divertido, no lo voy a negar. Pero si fueran lo único de la vida sería muy deprimente. Nosotros tocamos música, aunque hacer sociales es lindo…

Chicos elegantes acampan en el ambiente hedonista que los Franz Ferdinand crearon en su “residencia”. Allí tocan como anfitriones y después dan pista libre a una selección de DJs.

—¿Es cierto que tienen un castillo?

—Tenemos un edificio muy raro que llamamos el chateau. Queríamos un lugar donde componer, ensayar y tocar: el dueño nos dejó ocuparlo gratis si lo arreglábamos. Cambiamos las ventanas, las cañerías, las luces… Hacíamos conciertos, fiestas y exposiciones. Después la Policía lo cerró porque no teníamos autorización. Y nos mudamos a una cárcel del siglo XIX.

Franz Ferdinand (“la banda que te cambiará la vida”, según la revista NME) recupera un espíritu british & mod, el de un combinado de música, glamour… y corte de pelo. Según el diario Los Angeles Times, hacen “arte pop vodevilesco” (que no es un invento de Miranda!). Y Alex confirma: “En nuestras canciones hay tres cosas: melodrama, escapismo y paranoia, que es lo que está presente en las vidas de todos”.

—¿Y sus letras reflejan la “vida real”?

—Sólo los hechos excepcionales de la vida cotidiana, esos que uno encuentra en la gente común. ¡Me encanta la pasión extrema!

Y todo enmarcado en una visión arty de la vida, con una melancólica liviandad que muta las penas del hombre común en himnos pop. Alex conoció al bajista Bob Hardy en una academia de arte, donde refinaron su gusto por la pintura, la música y la ropa tan elegante como demodé.

—¿Considerás a Franz Ferdinand como una “banda de escuela de arte”?

—Es una definición curiosa, pero prefiero “banda pop“. El arte nos hizo más abiertos: la identidad de un grupo tiene que ver con algo más que la música. La imagen es muy importante.

Cultores del happening, los Franz Ferdinand ironizan sobre lo que le está pasando al ser urbano: la nostalgia por la matiné del cine de barrio o el romance frustrado. “Eso es lo mejor de la música pop”, concluye Alex. “Sirve para comunicar cosas sobre los hombres… de forma simple”.

Publicado en el Sí!

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