La separación en tiempos de Facebook

Cómo evitar convertirte en un fisgón electrónico y estar todo el día al acecho de tu ex.

Apuntes: vidas privadas

Inspector Gadget

// Por Nicolás Artusi

La tecla F5 se convirtió en una extensión del dedo índice. Actualizar. Actualizar. El chequeo compulsivo y masoquista empuja a revisar el muro en busca de alguna grieta, desde que pasó del equívoco “estoy en una relación” al indiscutible “soltera”. Si el secreto para el éxito de toda relación es la disposición a “compartir”, después de la ruptura las redes sociales pueden multiplicar al infinito el flagelo que, en tiempos analógicos, sólo se daba de manera fortuita: verla con otro. ¿Cómo expresar nuestra decepción cuando el sistema sólo nos ofrece la alternativa de un pulgar hacia arriba? Según un estudio de la revista Cyberpsychology, Behavior and Social Networking, el hombre promedio revisa una vez por semana el Facebook de sus ex parejas más significativas. Y con el fisgoneo aumenta la sensación de desdicha, al observar la vida ajena con mejores ojos que la propia. 

No etiquetes fotos de gatitos con su nombre como una manera engañosa de atraer su atención. Nunca investigues sus nuevas relaciones. ¡Jamás le pidas amistad con una identidad falsa! Que el miserabilismo amoroso no te lleve a provocar lástima con una actualización de estado de clara extorsión sentimental: “Toy solo”, con la media lengua propia de una tara infantosenil. Aquel informe psicológico dice que la dependencia virtual de la ex crea una falsa sensación de cercanía, minimiza los motivos reales de la ruptura, impide que pueda realizarse el duelo por la pérdida. Las redes sociales son un campo minado emocional: el indiscreto Instagram la mostrará siempre soleada y refulgente, eternizada en una postal dorada como si fuera la rubia de ABBA. El ubicuo Foursquare nos avisará que acaba de entrar en un bar de Las Cañitas (¿tan tarde? ¿con quién? ¡¿con quién?!). El verborrágico Twitter nos dejará en vela toda la madrugada después de leer su enigmático “GRAN NOCHE”: lo escribe así, en mayúsculas, gritando, echándonos en cara el gozo que la embarga desde que no comparte el amanecer con nosotros, que justo estamos escasos de “interacciones”. No la elimines de tu lista de amigos si no estás seguro de que no le vas a volver a pedir (¡implorar!) amistad en un acto desesperado, cualquier otro día a las 2 de la mañana.

Lo más importante: no investigues. Si una ambición de detective amateur te anima a imaginarte como un Sherlock Holmes 2.0, lo más probable es que tu torpeza natural te haga más incompetente que el inspector Gadget. Si naciste antes de 1990, asumí que no sos parte de la generación de los nativos digitales. En el nerviosismo de la investigación, vas a dejar pruebas que te delatarán en plena escena del crimen, vas a levantar pulgares ahí donde un César habría mandado a los leones. Mejor apagá la computadora, recordá los motivos que te llevaron a separarte de ella y repetí, como un mantra: “Ya no me gusta”.

Publicado en Brando

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