Apagón, caos y cacerolazo

“Vivíamos en un mundo de electricidad, dependíamos de ella para todo y cuando se fue todo dejó de funcionar. No estábamos preparados. El miedo y la confusión dieron lugar al pánico”: así empieza Revolution, la serie producida por J.J. Abrams que se propone (¡al fin!) como la esperada sucesora de Lost y que cuenta las penurias de un mundo donde ya no existe la energía eléctrica. Apagón, caos y cacerolazo: Revolution transcurre en un futuro post-apocalíptico donde, hace quince años, un fenómeno desconocido dejó inservible todo aparato eléctrico, desde computadoras hasta motores de autos. La gente debe adaptarse a un mundo sin tecnología, y bajo el control de milicias formadas ante la caída de los gobiernos centrales.

Azul, como el mar azul

Fanáticos de los Pitufos o viajeros anhelantes del planeta Pandora: quienes saben de estas cosas dicen que el azul es “fresco, tranquilizante y se lo asocia con la mente”. Omm. Con la cabeza fría, los ingenieros de Ford investigaron la influencia de los colores en el interior de los autos para lograr una mayor conexión emocional con el conductor. Y descubrieron que el tono “azul hielo” (“blue ice”) ayuda a conducir en un estado de alerta. La explicación es más científica que esotérica: el cerebro humano no ve el color sino que reconoce la luz y, así, ciertas combinaciones de luz disparan encimas cerebrales que provocan respuestas emocionales como tranquilidad, estrés, felicidad o nerviosismo. Lo explica Mahendra Dassanayake, jefe de Diseño Técnico de Ford: “Si el nivel de luz azul es el correcto, se activa una enzima muy conocida llamada melatonina que mantiene al conductor en un estado de alerta y atención”.  Sigue leyendo

Restaurantes sin señal

“Libres de celulares”: después de la guerra ganada contra el cigarrillo, la nueva batalla de los restaurantes es contra los celulares. Mientras ya se habla de “text-tiquette”, locales como el Eva Restaurant de Los Angeles ofrecen un descuento del 5% en la adición si se mantiene apagado el teléfono. Según sus dueños, la mitad de los comensales acepta la oferta. En Washington, los clientes del Rogue 24 deben firmar un compromiso “libre de celulares” al efectuar la reserva. Y en Chicago, el Perry’s Deli tiene estrictamente prohibidos los teléfonos con una singular leyenda: “Si usted es tan importante como para no poder apagar su celular durante una cena, probablemente debería comer en otro lugar de más categoría”.

La última invasión vikinga

Los libros, la música, el cine y el diseño que llegan desde el norte de Europa son superventas en todo el planeta. Por qué Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca provocan tanta fascinación entre los consumidores más sofisticados. Y a la vez resumen el cinismo de una época desesperanzada.

Desde Escandinavia para el mundo

// Por Nicolás Artusi

Con sus cuernos amenazantes, sus barbas rubias y sus botas de piel pisaron América quinientos años antes que Cristóbal Colón: si los vikingos se animaron a cruzar el Atlántico Norte cuando los barcos eran poco más que cáscaras de nueces, un milenio más tarde todavía se habla de una invasión escandinava. Como testigo mudo de la aventura, ahí está el monigote andrógino del cuadro El grito, del noruego Edvard Munch, que se subastó en mayo por 120 millones de dólares. Los países nórdicos se convirtieron en modelos de civilización para Occidente e inundaron el mundo con sus best-sellers (la saga Millennium, de Stieg Larsson, o los policiales de Jo Nesbø), sus fantasías de liberación sexual, sus teléfonos inteligentes, sus programas de televisión (los oscuros policiales Wallander y The Killing), sus ladrillitos Lego, sus músicos pop (de Miike Snow, Lykke Li y Little Dragon a Mamma Mía!, que exhuma las canciones de ABBA), sus ropas de H&M o sus muebles de IKEA. Sus licencias de 16 meses por maternidad para cualquier mujer que trabaje. Sus promesas de socialismo capitalista. O sus hazañas de ultramar: si hace cien años el noruego Roald Amundsen llegó primero al Polo Sur, hoy los descendientes de aquellos antiguos vikingos están otra vez listos para conquistar el planeta.  Sigue leyendo