La cofradía del emoticón

Las redes sociales cambiaron los protocolos de la interacción humana: se coincide en el tiempo, no en el espacio, y ese “minuto a minuto” se parece a la euforia.

Comunicación en la era de Internet

// Por Nicolás Artusi

En esa voz segura y algo metálica, él creyó oír el sonido del amor verdadero: David se enamoró de Siri, sin importarle que Siri fuera el sistema de reconocimiento de voz que responde las preguntas del dueño de un iPhone. “¿A cuántas cuadras queda el sushiclub más cercano, Siri?”. “A cinco, David”. Esta es la fábula que narra el libro Siri and Me, que recién se publicará en octubre pero que ya es un best-séller anticipado en Amazon.com, la mayor librería virtual del planeta. Su autor es el blogger David Milgrim, que ya había publicado la novela Goodnight iPad y que ahora explora el peculiar vínculo amoroso que un hombre establece con su teléfono inteligente cuando se fascina con la misteriosa, y a veces críptica, mujer que reside adentro del aparato. Que se acabe la pasión pero no la batería: al principio, David y Siri entienden que la buena comunicación es el secreto para sostener una relación exitosa. Pero después se dan cuenta de que tomar la mano cálida de la pareja es algo incomparable.  Sigue leyendo

La adicción moderna

Hay Internet y computadoras pero no todos saben aprovechar el tiempo. Para la mayoría, es una fuente más
en la distracción eterna.

Apuntes: vidas privadas

// Por Nicolás Artusi

Regla número uno: cerrar todas las ventanas (y cuando digo “ventanas”, se me hace inútil aclarar: sé que ya nadie piensa en esos agujeros calados en una pared para que entre luz). Regla número dos: mantener los dedos sobre el teclado (con el mismo rigor de un cura en el colegio de varones: ¡no se toquen!). Regla número tres: poner en marcha alguna clase de actividad productiva (una planilla de texto, el borrador de una columna llamada, ponele, Vidas privadas) para sostener una continuidad que genere el hábito. Si en los ’90 el término “brecha digital” distinguía entre quienes tenían acceso a Internet y quienes no, hoy significa otra cosa: la diferencia que hay entre quienes hacen algo útil con la computadora y quienes pierden su tiempo (¡su vida!) frente al monitor. Entregados al último videíto viral y a la tentación del porno gratuito, una generación de hombres considera el mouse como una extensión de su brazo y la red social como el lugar donde pasar sus días.  Sigue leyendo

Números en rojo

Es la cantidad de muertes registradas en las cinco temporadas de “Breaking Bad”, la más maravillosa serie de televisión.

Los ocho episodios finales se empiezan a filmar en noviembre y se pondrán en el aire recién a mediados del año que viene. #ansiedad

Locos por Mad Men

La serie inspirada en el mundo creativo publicitario
de los años ’60 se convirtió en un verdadero fenómeno
sociológico del prime time televisivo.

Luz, cámara y acción, en versión retro

// Por Nicolás Artusi

La postal bucólica de un picnic familiar se arruina cuando levantan el mantel y el pasto queda manchado de botellas vacías, paquetes de galletitas, celofanes de cigarrillos. En el parque, no hay tachos a la vista. De camino a casa, la temeridad del padre lo llevará a superar por mucho la velocidad máxima y volverá inútiles los cinturones de seguridad del viejo Mustang: nadie los usa. Para inducir al sueño, la madre acunará al bebé con el ritmo maníaco de una mujer ansiosa, mientras fuma un Lucky Strike y la nube de humo se suspende sobre la frágil cabecita. Mugre, cigarrillos, galones de nafta. Si la corrección política contemporánea multiplica prohibiciones en su ambición paradójica de garantizar un planeta más libre, la serie Mad Men despierta fascinación ahí donde se discutan las reglas: en la misoginia de la oficina o en el whiskicito de la siesta. Todo un fenómeno sociológico en el prime time, en sus cinco temporadas, la fábula de los publicistas estresados nos devuelve un mundo que ya no existe, con estricto dress code para la hora del martini y, en su apertura animada, con una profecía de los años por venir: la imagen ralentizada, casi eterna en su ocaso, de un hombre cayendo al vacío.  Sigue leyendo

La dama de gris, a todo color

El documental “Page One”, que puede verse en la rotación del cable, se interna en la Redacción de The New York Times.

Las entrañas del diario más admirado del mundo

// Por Nicolás Artusi

Con el morbo propio de todo documental, las cámaras se regodean sobre la especie en extinción: los rollos de papel. Las páginas del diario de mañana circulan entre cilindros tiñendo de gris el ambiente fabril y el fragmento del noticiero alarma con el tonito altisonante: “Las secciones de Obituarios de estos días están repletas de las muertes de los grandes diarios estadounidenses”, se dice. Pero digna como cualquier dama de la alta sociedad, la mole del diario The New York Times se mantiene erguida y orgullosa sobre la 8° avenida de Manhattan, y así la muestra el documental Page One: herida pero de pie, y confiada en su supervivencia en la época en que Internet jaquea a los grandes diarios de papel y cuando la frase que resumía la urgencia de todas las redacciones (“¡paren las rotativas!”) se presenta como alegoría cruel de la crisis de una industria o como reversión paródica de la amenaza que se heredó del neoliberalismo: rotativa que para, rotativa que cierraSigue leyendo

Sube la espumita: cerveza instantánea

Después del café soluble, la leche en polvo y el pollo en pastillas para las astronautas, llega la cerveza instantánea. La empresa Pat’s Backcountry Beverages, de Alaska, inventó un sistema para producir birra sólo con agregarle agua. El sistema es simple: una botella mezcladora y sobrecitos carbonatados que, al sumarles líquido y sacudir con energía, crean gaseosas o cervezas. Lo renovador del proceso es que no se trata de cerveza deshidratada: es una bebida elaborada casi sin agua, con un componente de alcohol y el sabor y el aroma de la cerveza. Los creadores de la ideota dicen que responden a una necesidad ecológica, al eliminar la necesidad de transportar envases de plástico o vidrio que, en su mayoría, contienen agua.