Aquellos años felices

Después del boom de Mad Men, las series vuelven sobre la década del ’60: Pan Am, The Hour, The Playboy Club, The Kennedys. Años en los que no había indignados y el Imperio parecía eterno.

// Por Nicolás Artusi

Una postal del futuro que no llegó: en el asfixiante año 2019 de la película Blade Runner, las terrazas de los rascacielos lucen en neón el logotipo de la marca que se anunciaba eterna: Pan Am. El mundo parece pequeño, apenas trazado por unas líneas azules. Filmada en 1982, la fábula de ciencia ficción pudo imaginar ovejas eléctricas o policías replicantes pero ni se le pasó por la cabeza que la aerolínea de bandera imperial pudiera quebrar nueve años más tarde. Si la nostalgia por lo no vivido es síntoma de una época con furores retro, la televisión replica la añoranza por lo soñado: en pleno horario central, y después del éxito de Mad Men, las series Pan Am, The Playboy Club, The Hour o The Kennedys devuelven la mística a la década del ’60, con un ampuloso diseño de producción que multiplica el peinado a la cachetada o el Impala en versión original. Entre la nostalgia ingenua y la mirada reaccionaria, mientras los indignados copan las plazas de Wall Street, la tele yanqui atrasa el reloj y devuelve al espectador a la época en que el Imperio era interminable. 

La revista Life, con sus tapas de dentaduras áureas en la prehistoria del Photoshop. Decenas de cigarrillos que riegan humo sobre la cabeza de los niños. Hectolitros de licores que extienden la hora del cóctel hasta mucho después de la cena. Un único modelo de hombre recio y sólo dos arquetipos de mujer: Jackie o Marilyn. El zapping devuelve en alta definición las imágenes que parecían confinadas al archivo del “viejo canal 7”, y plantean la discusión generacional en el prime time: ¿todo tiempo pasado fue mejor? Si en el episodio inaugural de The Playboy Club, la voz del mismísimo Hugh Hefner remacha que “en los ’60, las Conejitas eran las únicas mujeres del mundo que podían hacer lo que quisieran”, estas series se proponen discutir desde lo ideológico una época que fotografía lindo en decorados y vestidos. La crisis existencial de Don Draper en Mad Men resume las ansiedades del macho alfa ante la llegada inminente de una nueva manera de ser hombre y la subtrama de azafatas que espían para la CIA en Pan Am sugiere que, en esos años, para la mujer se insinuaban ocupaciones más emocionantes que ser amas de casa o secretarias. Aun con su carga de sexismo cínico, la lucha de la Conejita por la emancipación sexual ofrece un ámbito distinto para los escarceos de la primera generación de mujeres liberadas por la píldora: muda el anticonceptivo del ambiente higienista del consultorio ginecológico al disfrute hedonista del puticlub.

Ahí donde la impotencia por el paraíso (el imperio) perdido cope las tapas de los diarios yanquis, el televidente incauto volverá a excitarse con la viril estampa de un Presidente con priapismo (JFK en The Kennedys). Con la didáctica escolar de Billiken, la crisis de los misiles cubanos, las inquietudes de la Guerra Fría o el asesinato del líder devolverán un aire de intriga, valor y misterio a un país que hoy parece vencido por un gigante asiático: si el noticiero sólo brinda fracasos, la ficción promete gestas heroicas. La nostalgia por los ’60 replica el mito del eterno retorno: un regreso a los años en que viajar en avión era un placer sensorial, en que los deseos sexuales podían cumplirse sin los riesgos del embarazo o el sida, en que una modélica familia patriarcal velaba por los sueños del “hombre de a pie”, como bautizó John Updike al estadounidense promedio de la década dorada. Puro candor y añoranza, parecidos al lamento de las tías que aquí extrañan los carnavales del Club Comunicaciones o los días en que las puertas de calle quedaban sin llave.

Un historiador célebre dice que el siglo XIX fue de Europa; el siglo XX, de los Estados Unidos; y el siglo XXI será de China. Antes de que los popstars de ojos rasgados copen los tabloides y de que el horario central se llene de karaokes, la tele resiste como el último bastión de defensa, levanta el estandarte del ser occidental y lleva los ideales del imperio americano tan alto como un avión de Pan Am.

Publicado en Brando

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