Los psicópatas del poder

Según un estudio, el 4 por ciento de los CEOs son psicópatas. El rol de los megalómanos en la crisis y la enfermedad de los que mandan.

// Por Nicolás Artusi

Con un desproporcionado sentido de la autoestima, son grandes promotores de sí mismos: roban los méritos ajenos, tienen tendencias megalomaníacas, esconden sus emociones y mienten descaradamente. Según la helada descripción clínica, son psicópatas: “Personas cuya conducta es amoral y antisocial que se caracterizan por sus acciones impulsivas e irresponsables, encaminadas a satisfacer sus intereses inmediatos y narcisistas, sin importar las consecuencias sociales, sin demostrar culpa ni ansiedad”. Pero no están presos o internados: son los jefes más exitosos del mundo. Un estudio comprueba que las personas psicópatas tienen cuatro veces más oportunidades de ocupar un sillón en el directorio de una gran compañía. Si en El aprendiz, el magnánimo Donald Trump te liquidaba con su lapidario “estás despedido”, para el empleado tipo la promesa de martirio llegará con otra frase: “Estás contratado”.

Un calvario de proporciones bíblicas empezará el día en que tengamos a un psicópata como jefe. Según el libro Snakes in Suits: When Psychopaths Go To Work (gran título: “Serpientes de traje: cuando los psicópatas van al trabajo”), eso pasa. Seguido. El psicólogo canadiense Robert Hare demostró que el 4 por ciento de los CEOs son psicópatas clínicos, contra el 1 por ciento de la población general. ¿Estamos dirigidos por loquitos? El “psicópata corporativo” se parece menos a Hannibal Lecter que a Patrick Bateman, el ejecutivo demoníaco que Bret Easton Ellis concibió para su novelón American Psycho. En el mundo real, sin rémoras de conciencia, son encantadores ante los ojos ajenos pero brutales en lo privado, se aburren rápido, tienen dificultades para manejar la frustración y sus relaciones sexuales se reducen a un ejercicio de dominación. Aunque uno se los imagine entre rejas o confinados a la reclusión psiquiátrica, escalan posiciones en las empresas enfundados en trajes pintados. Son pródigos en sus habilidades sociales, siempre sólidos ante los dilemas, encantadores frente al desconocido, implacables ante la debilidad ajena: parecen llamados a ser jefes.

El pilón de tareas que se multiplica como los panes y los peces a las 6 de la tarde o la mezquindad en el reparto de los francos compensatorios serán apenas canapés vespertinos para el señor gerente: el estudio La teoría de los psicópatas corporativos en la crisis financiera internacional, publicado por el Journal of Business Ethics, afirma que el quebranto mundial estuvo generado por una manga de omnipotentes con gastos de almuerzo pagos a cargo de Lehman Brothers. Si es cierto que Wall Street tuvo (¡tiene!) la mayor concentración universal de psicópatas por metro cuadrado, el que en el barrio era conocido simplemente como “garca” será impiadoso en su misión destructiva como jefe: con el encanto cínico de un Michael Douglas pasado de anfetaminas, aquel tipo simpático que con una sonrisa Colgate todos los días tiene una ocurrencia a última hora, y te cuelga: “No se vaya sin haber terminado”.

Publicado en Brando

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