Placer gratuito: correr, como misión divina

// Por Nicolás Artusi

El trotecito apacible como epopeya, el pique en velocidad como remanso. Palpitación y taquicardia como epílogo para el sprint por el Rosedal, en el que me fantaseo a lo Usain Bolt, justo en la semana en que el hombre-jet corre 100 metros en 9 segundos, 58 centésimas. No es para tanto, sólo una cuadra. Más próximo al robot que al héroe, el maratonista profesional vuela sin despeinarse y, ahí donde la velocidad supersónica se vuelve reposo, me comparo con él: hierven las sienes, el corazón sube a la garganta, los muslos se agarrotan… y entro en Nirvana, pausado en el esfuerzo, soplando el viento como diría Dylan, curiosamente lúcido (el autoanálisis no se me da en circunstancias naturales), casi iluminado en el padecer.

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Los reyes de la comedia

Lo sabíamos: según la ciencia, somos más graciosos que ellas. Supervivencia o seducción, el humor tiene cara de varón.

// Por Nicolás Artusi

El experimento tuvo todo el rigor de cualquier universidad yanqui: cartoncitos con chistes de humor gráfico, pero con globitos en blanco. Dos grupos: de un lado, hombres; del otro, mujeres. Y en el medio, el desafío: completar las piezas con un texto cómico. Los resultados científicos confirman lo que suponíamos. Nosotros somos más graciosos, dicho por unos y otras. Hace treinta años, el blues brother John Belushi despertó las iras feministas con su afirmación (“las mujeres no son divertidas”), pero ahora deberían exonerarlo con una disculpa póstuma: según el estudio publicado en el Psychonomic Bulletin & Review de la Universidad de Southern California, los hombres sacamos 0,11 puntos más que las mujeres en el show del chiste. No es mucho, es cierto, pero alcanza para confirmar la rutina criolla del capocómico que se reserva el remate del sketch y que congela a ella en la prisión de la pluma y el conchero.  Sigue leyendo

Salvando el mundo con estilo

Una muestra en el Metropolitan de Nueva York devela cómo los superhéroes y sus trajes corporizan las metáforas sociales del siglo XX.

// Por Nicolás Artusi / Desde Nueva York

Cuando tenés siete años, una toalla te puede cambiar la vida: te la anudás al cuello y te convertís en Superman.

Ahora, un juego de espejos engaña la vista y el anodino ambo de Clark Kent, modelo de “hombre beige”, se transforma en una calza prieta mientras la malla desteñida de La Mujer Maravilla confirma cierta dejadez en los hábitos higiénicos del superhéroe, lo que podría ser otro síntoma de sus problemas de autopercepción: “¡Me pongo estos anteojos y nadie me reconoce!”. Mientras las esculturas grecorromanas se exhiben impúdicas en sus músculos sobrehumanos, los fondos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York se convierten en una Baticueva con la muestra Superheroes: Fashion and Fantasy, que devela cómo el paladín fue usado para corporizar metáforas sociales y realidades políticas.  Sigue leyendo

Histeria de dos ciudades

Con apenas unas líneas y colores plenos, el diseñador gráfico Vahram Muratyam resume su obsesión por las dos ciudades más amadas del mundo. En su hermoso librito Paris vs. New York, traza los paralelos que unen y dividen a franceses y yanquis. Los dibujos primero se publicaron en Internet, después se vendieron como pósters autografiados y llegaron a las librerías finamente encuadernados. Aunque no se declara ganadora a ninguna de las dos ciudades, la rivalidad eterna se multiplica en los íconos de uno y otro lado del Atlántico: los anteojos de Godard y los de Woody, la baguette y el bagel, Quasimodo y King Kong, los perfiles de CDG y JFK (los grandes presidentes del siglo XX y, ahora, las siglas de los aeropuertos) o una copa de vino versus una de Cosmopolitan. Vos, ¿de qué lado estás?

¡Estoy aburrido! Cómo lidiar con la desconexión

Las 24 horas con celular y con Internet, ya no soportamos un segundo sin la información que nos traen las redes sociales. Conexión o muerte.

// Por Nicolás Artusi

Los dedos tamborilean frenéticos sobre un mostrador de fórmica, el pasamanos de una escalera o el respaldo de una silla en esa incierta tierra de nadie llamada “sector de atención al público” en el banco: la fila se nos antoja kilométrica como la Larga Marcha de Mao a través de la China y, ahí donde las normas de seguridad impidan usar el telefonito, una crispación muda le hará subir los calores al hombre impaciente. El varón se roza la entrepierna para percibir una vibración, pero, lejos de cualquier pulsión autoerótica, nomás comprueba que el celular no esté sonando. ¿Y si justo ahora recibe una llamada importante? ¿Y si se pierde el tweet más comentado del día? ¿Y si el correo le filtra la foto de la última vedettonga enchastrada y él acá, confinado a la espera en una bóveda que se anuncia eterna?  Sigue leyendo

Aquellos años felices

Después del boom de Mad Men, las series vuelven sobre la década del ’60: Pan Am, The Hour, The Playboy Club, The Kennedys. Años en los que no había indignados y el Imperio parecía eterno.

// Por Nicolás Artusi

Una postal del futuro que no llegó: en el asfixiante año 2019 de la película Blade Runner, las terrazas de los rascacielos lucen en neón el logotipo de la marca que se anunciaba eterna: Pan Am. El mundo parece pequeño, apenas trazado por unas líneas azules. Filmada en 1982, la fábula de ciencia ficción pudo imaginar ovejas eléctricas o policías replicantes pero ni se le pasó por la cabeza que la aerolínea de bandera imperial pudiera quebrar nueve años más tarde. Si la nostalgia por lo no vivido es síntoma de una época con furores retro, la televisión replica la añoranza por lo soñado: en pleno horario central, y después del éxito de Mad Men, las series Pan Am, The Playboy Club, The Hour o The Kennedys devuelven la mística a la década del ’60, con un ampuloso diseño de producción que multiplica el peinado a la cachetada o el Impala en versión original. Entre la nostalgia ingenua y la mirada reaccionaria, mientras los indignados copan las plazas de Wall Street, la tele yanqui atrasa el reloj y devuelve al espectador a la época en que el Imperio era interminable.  Sigue leyendo

Furor por la década del ’60

El éxito de Mad Men logró un revival de la década del ’60: junto con su línea de ropa inspirada en Don Draper, la marca Banana Republic lanzó una ambiciosa campaña titulada Secretos para conseguir el estilo Mad Men en el mundo moderno. Dividida en episodios como Viajes, Cultura, Comidas o Bebidas, la campaña se enfoca en el rescate de los valores del consumo de los años ’60: objetos más nobles y durables, experiencias de lujo cercanas y hedonismo cotidiano. También se incluyen consejos concretos como darle un tono vintage a las fotos con aplicaciones como Instamatic o Hipstamatic, recuperar los viejos vinilos y entregarse al “renacimiento de lo cool”.

La historieta confesional

Le dicen el “Philip Roth en cuadritos” y su cómic, “Wilson”, fue el mejor libro de 2010 según Amazon. Aquí, Daniel Clowes.

// Por Nicolás Artusi

Primer cuadrito: un cuarentón acaso algo envejecido pasea su perro por la calle y se cruza con una chica que le dice “¡qué lindo perrito!” El, mudo. Segundo cuadrito: se cruza con un vecino que le dice “¡awww, lindo perrito!”. El, mudo. Tercer cuadrito: se cruza con una mujer que le dice “hola, perrito”. El, mudo. Cuarto cuadrito: se cruza con un tipo que no le dice nada, y él: “¡Fucking asshole!”. ¿Cómo se llama la obra? Wilson, la última historieta del maestro yanqui Daniel Clowes y el mejor libro del 2010 según Amazon, o la consagración de un género (el cómic confesional) que justifica el apodo de su autor fundamental: “Philip Roth en cuadritos”, como entomólogo de las penurias del hombre crepuscular eternizado en una tarde perros.  Sigue leyendo

Los psicópatas del poder

Según un estudio, el 4 por ciento de los CEOs son psicópatas. El rol de los megalómanos en la crisis y la enfermedad de los que mandan.

// Por Nicolás Artusi

Con un desproporcionado sentido de la autoestima, son grandes promotores de sí mismos: roban los méritos ajenos, tienen tendencias megalomaníacas, esconden sus emociones y mienten descaradamente. Según la helada descripción clínica, son psicópatas: “Personas cuya conducta es amoral y antisocial que se caracterizan por sus acciones impulsivas e irresponsables, encaminadas a satisfacer sus intereses inmediatos y narcisistas, sin importar las consecuencias sociales, sin demostrar culpa ni ansiedad”. Pero no están presos o internados: son los jefes más exitosos del mundo. Un estudio comprueba que las personas psicópatas tienen cuatro veces más oportunidades de ocupar un sillón en el directorio de una gran compañía. Si en El aprendiz, el magnánimo Donald Trump te liquidaba con su lapidario “estás despedido”, para el empleado tipo la promesa de martirio llegará con otra frase: “Estás contratado”.

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