La era de la madurez

La medicina y el Viagra prolongaron la salud y la sexualidad de los hombres, pero el desafío no es mantenerse joven sino envejecer bien. La adultez en los tiempos de las vidas largas.

// Por Nicolás Artusi

“Tu madre tenía razón: lo mío es machopausia. Me comporto como un lunático”: la confesión del padre lo exime de mayores explicaciones para su errática conducta, recién llegado de Sevilla donde, en viaje exploratorio de la mediana edad, se entregó al flamenco. Si Dustin Hoffman en Los pequeños Fockers resume con su taconeo la renacida juvenilia del sesentón, su esposa Barbra Streisand, sexóloga enteradísima en la comedia, diagnostica el cuadro: sí, “machopausia”. En disputa con el calendario y con cualquier síntoma de declive físico, una generación de sesentones se eterniza en la vigencia aeróbica y sexual, proponiendo un modelo actualizado de varón. O, en palabras de la prensa del último momento, los sesenta son los nuevos cuarenta.

Hace apenas un siglo, la expectativa de vida promedio para el hombre occidental era de 50 años. Hoy casi roza los 80. “Llegamos así a los 60 no porque se haya prolongado la juventud, que dura lo mismo que siempre”, opina el periodista Sergio Sinay, entomólogo del sentir masculino y autor de los libros La vida plena y La masculinidad tóxica, entre muchos otros: “Lo nuevo es que vamos a tener más años como adultos y vamos a poder cumplir todos los ciclos de la vida. Los 60 son una etapa de adultez madura, algo que antes no existía”. Desde las novelas de Philip Roth o John Updike hasta películas como Las confesiones del Sr. Schmidt o Maridos y esposas, un subgénero narrativo se dedicó a retratar el ennui, ese estado de tristeza ligera, abulia recurrente y declive hormonal que aqueja al hombre promedio al borde de los 60. Y si el libro La menopausia masculina, del psicólogo yanqui Jed Diamond, se apuró a diagnosticar el fenómeno, recién ahora la cultura pop enfoca al sesentón que, como el padre de familia en excursión por Sevilla, prolonga la pulsión amatoria. ¿Olé a la jubilación?

El New England Journal of Medicine publicó el informe más completo hasta ahora sobre sexualidad madura. Según encuestas realizadas entre 3.000 personas, el 73 por ciento de los hombres de entre 57 y 64 años mantiene una vida erótica activa; entre los 65 y los 74 años, el 53 por ciento sigue practicando el sexo; e incluso entre los 75 y los 85, el 26 por ciento dice seguir en carrera. Con su promesa de vigor indeclinable, el Viagra, más que un filón farmacéutico, fue un fenómeno social que prolongó la vida útil de la sexualidad masculina. “Pero sería una lástima si nos quedáramos sólo en eso”, se lamenta Sinay: “El Viagra fija al varón en el lugar de objeto sexual de sí mismo: a los 60 se repite que debe ser una máquina perfecta de rendimiento. Tenemos vida sexual hasta que nos morimos pero cambia, igual que nuestra vida deportiva o intelectual, y es una oportunidad donde el varón puede unir el rendimiento con el sentimiento. El Viagra le promete que siempre va a tener 20 años hasta que se muera de un infarto en la cama y sin entender que la sexualidad es algo más que potencia”. Para el periodista y psicólogo Eduardo Chaktoura, autor del libro 30/40, la gran oportunidad, una mirada positiva de la crisis de la mediana edad, “el Viagra apareció como un vigorizante y como una posibilidad de extender el rendimiento, pero vive mejor el hombre que se permite ser moderno, en función de las emociones y la sensibilidad”.

Ni macho alfa ni varón proveedor: el sesentón que nos sirve de modelo es un tipo sensible pero no reblandecido, en las antípodas de un arquetipo del viejo choto: “No te despertás un día siendo viejo. Desde tu juventud vas construyendo el adulto que vas a ser. En los viejos que están bien no hay un milagro: existe la construcción de una vejez”, resume Sinay. Ahí donde la necesidad mediática de la novedad exija etiquetas, en algunas revistas ya se habla de la “sexalescencia”, que identifica a ciertos adultos mayores de 60 y que pretende actualizar a esos hijos del baby-boom. “Así como en otras épocas, pasados los 60 todo caía indefectiblemente en manos de los médicos y la gerontología, hoy pisa fuerte una generación que decidió renunciar a la palabra ‘sexagenario’ porque no tiene en sus planes actuales el hecho de envejecer”, explica Chaktoura. La estadística lo confirma: según la investigación del New England Journal, el 65 por ciento de los hombres de entre 65 y 74 mantiene relaciones sexuales dos o tres veces por mes.

La rebelión íntima ante el paso del tiempo no debería alumbrar a una generación de pendeviejos, eternizados en el anhelo de prolongar la adolescencia. El siglo XXI alumbra un nuevo tipo de maduro, que no rivaliza con el treintañero por migajas de juventud. Como escribe Jed Diamond en Menopausia masculina, “el varón en la edad madura tiene la oportunidad única de convertirse en un árbol frondoso bajo cuya sombra crezcan otros árboles que no sean quemados por el sol”. ¿Quemaduras? El nuevo sesentón desprecia el bronceado artificial, las cabezas teñidas o los afeites infructuosos que lo denuncian como un impostor en su parodia juvenil. Para Sinay, “es casi un deber moral para un hombre envejecer bien, porque es una responsabilidad hacia los otros: cuando un tipo le escapa a su edad le está evitando dejar un modelo a los que vienen después”.

Publicado en Brando

Anuncios

Un pensamiento en “La era de la madurez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s