La era de la madurez

La medicina y el Viagra prolongaron la salud y la sexualidad de los hombres, pero el desafío no es mantenerse joven sino envejecer bien. La adultez en los tiempos de las vidas largas.

// Por Nicolás Artusi

“Tu madre tenía razón: lo mío es machopausia. Me comporto como un lunático”: la confesión del padre lo exime de mayores explicaciones para su errática conducta, recién llegado de Sevilla donde, en viaje exploratorio de la mediana edad, se entregó al flamenco. Si Dustin Hoffman en Los pequeños Fockers resume con su taconeo la renacida juvenilia del sesentón, su esposa Barbra Streisand, sexóloga enteradísima en la comedia, diagnostica el cuadro: sí, “machopausia”. En disputa con el calendario y con cualquier síntoma de declive físico, una generación de sesentones se eterniza en la vigencia aeróbica y sexual, proponiendo un modelo actualizado de varón. O, en palabras de la prensa del último momento, los sesenta son los nuevos cuarenta.

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El mundo, según tu perro

¿Huelen los perros la tristeza? ¿Cómo perciben el paso del tiempo? ¿Piensan? Una experta en comportamiento animal devela estos y otros secretos.

// Por Nicolás Artusi

Conmovido por el afecto animal, o acaso reblandecido por los festejos de un cachorro entusiasta, Charles Darwin quiso dejar por escrito su interpretación de los lametones: “Los perros tienen una sorprendente forma de demostrar su afecto, la de lamer la mano o la cara de sus amos”. Malas noticias, Darwin: las últimas investigaciones en comportamiento animal comprobaron que los perros y los lobos simplemente lamen el hocico del recién llegado para saber a través del olor dónde estuvo… y si en ese lugar había comida.

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El futuro del trabajo

¿Cuánto tiempo le queda a la jornada de ocho horas? Los argentinos están en el top ten de los que más tiempo trabajan por día y eso no es bueno. Un análisis sobre los modelos que buscan reemplazar la oficina con horarios de 9 a 17 y las discusiones laborales alrededor del mundo.

// Por Nicolás Artusi

Un mal día, la frente chocó contra el escritorio y el empleado quedó ahí, seco. Un eficiente escuadrón del servicio de limpieza recogió el cuerpo, vació los cajones, reseteó la computadora y, en cuestión de minutos, el cubículo estuvo listo para ser ocupado por otro empleado del mes. Log in, shut down. Con la imaginería apocalíptica de un cuento de  Philip K. Dick, la fábula transcurre en el presente imperfecto de una oficina del Japón: radiopasillo informará de otro caso de Karoshi, literalmente “muerte por exceso de trabajo”, pero no alcanzará el rango de notición en un mundo que está redefiniendo los horarios laborales. Si en 1930 el célebre economista John Maynard Keynes había predicho que los hombres del siglo XXI trabajarían apenas 15 horas a la semana porque los avances tecnológicos harían inútiles las jornadas maratónicas, el avance del teletrabajo o la extinción de los estatutos profesionales están redefiniendo la cultura del “9-17” o la máxima peronista más transitada por el laburante: de casa al trabajo y del trabajo a casa.  Sigue leyendo