Cómo triunfar siendo un perdedor

Woody Allen hizo de la derrota un estilo, y su forma de producir es ahora objeto de estudio en las universidades.

// Por Nicolás Artusi

“Me expulsaron del colegio y conseguí un empleo en Madison Avenue, en Nueva York. Una entusiasta y emprendedora agencia de publicidad estaba dispuesta a pagar 95 dólares a la semana a quien fuera todos los días a sus oficinas y se sentara allí con aspecto de judío. Querían demostrar al mundo que ellos contrataban a las minorías étnicas. Así que me contrataron a mí”: en el monólogo precoz, una mirada irónica al mundo de Mad Men, antes del macho alfa Don Draper y sus copetines vespertinos. Y aunque al final lo terminaran echando porque se tomaba demasiados feriados religiosos, la carrera corporativa de Woody Allen podría haber sido como la parábola de la vaca en cualquier empresa multinacional: déjenla en un pasillo y, en cinco años, la nombrarán gerente.

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