Cajita triste y feliz

Una sitcom sobre cómo es ser joven, negro y pobre en el sur de los EE.UU.

Líneas de tiempo: corresponsal cultural

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DONALD GLOVER, “ATLANTA”.

“No dejo de perder. Quiero decir… ¿algunas personas simplemente se supone que pierdan? ¿Para mantener el equilibrio en la Tierra? ¿Hay algunas personas que deberían estar aquí sólo para que las cosas les sean más fáciles a los ganadores?”. Mientras viaja en colectivo por los suburbios de Atlanta, el veinteañero Earn se pregunta por qué a él las cosas le cuestan tanto: en otra saga de entrañables perdedores, es el protagonista de Atlanta, la sitcom existencialista que acá emite el canal Fox Comedy y que es uno de los mejores estrenos de la temporada. En rabiosos veintidós minutos, cada episodio de esta rara, y a veces triste, comedia sigue al eternamente perdidoso Earn en sus intentos por triunfar en la industria de la música a la vez que muestra cómo es ser joven, negro y pobre en el sur de los Estados Unidos. En la parábola, un intento de redención para el perdedor que aspira a algo mejor y que tiene un destino de gloria sellado en el documento: en inglés, además de un nombre, Earn es el infinitivo del verbo “ganar”.

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Rap de altura

Desde Perú, un fenómeno alterlatino que fusiona el quechua y el español.

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LIBERATO KANI.

Kaykunapi ñuqam purichkani tukuy law takimuspa allinta rimachkani: en su impar combinación de vocales y consonantes, la canción es una traba para las lenguas no entrenadas. En la repetición, el sonido ajeno al oído castellano tiene el poder de abstracción de un mantra: es la letra de Kaykunapi, el primer hit global de rap en quechua. Hace unos meses se viralizó en las redes sociales como el adelanto de un disco que hoy se puede escuchar completo en Spotify, Soundcloud o Apple Music: Rimay Pueblo, que podría traducirse como “voz popular”, y es la obra conceptual de Liberato Kani, un raperito de veintitrés años que está llamado a ser un gran fenómeno alterlatino de la época. Desde el Perú, un defensor de la lengua indígena original de los Andes que hace hip hop de fusión entre el quechua y el español y que en la rima bilingüe repite un versito: “Somos el canto que nunca se perdió”.

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Instantánea mente

Una plataforma muestra vida y obra de famosos nacidos dentro de Internet.

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Un minuto es una eternidad. El piecito patalea, la rodilla baila, el pulgar tamborilea y el espectador divide la mirada entre lo que sucede en la pantalla y la progresión de la línea horizontal que, en su avance lento pero sostenido, responde la pregunta que atormenta al impaciente: ¿cuánto falta? Con el objetivo de “reinventar las revistas de celebridades para la Generación Z”, Time Inc. lanza Instant.me, una plataforma de videítos que, siempre en menos de un minuto, pretenden mostrar vida y obra de los famosos nacidos adentro de Internet: si Brad Pitt o Angelina Jolie fueron alumbrados en una sala de cine, PewDiePie o Tyler Oakley son hijos de la banda ancha. La novedad es una parábola de época: Time Inc., el multimedios que nació hace casi cien años, cuando Henry Luce creó una revista “para que los hombres ocupados puedan emplear poco tiempo para estar bien informados” y que aún hoy edita los semanarios People y Entertainment Weekly, que imprimen toneladas de papel ilustración a cuatro colores con las andanzas de las estrellas de Hollywood, ahora apuesta a las celebridades del momento.  Sigue leyendo

Tinta negra

Una carta de un periodista a su hijo es el ensayo actual más urgente y furioso.

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“Te escribo ahora que tienes 15 años. Y te escribo porque éste ha sido el año en que has visto cómo estrangulaban a Eric Garner por vender cigarrillos; porque ahora sabes que a Renisha McBride la mataron por pedir ayuda; que a John Crawford lo mataron por estar de compras en unos grandes almacenes. Y has visto también cómo unos hombres de uniforme pasaban con el coche y asesinaban a Tamir Rice, un niño de 12 años al que habían jurado proteger. Y has visto a unos hombres con los mismos uniformes golpear a Marlene Pinnock, la abuela de alguien, al costado de una carretera. Y ahora sabes, si no lo sabías antes, que a los departamentos de policía de tu país les han otorgado autoridad para destruir tu cuerpo”. La larga carta que un padre escribe a su hijo es el ensayo más urgente y furioso de la época: ganador del National Book Award, el periodista Ta-Nehisi Coates explica a Samori que los negros fueron esclavos en los Estados Unidos más tiempo del que fueron libres, pero la parábola racial se extiende a cualquier país donde existan desigualdades sociales. El libro Entre el mundo y yo, que acaba de ser traducido al español, es un alegato sobre el despertar de la conciencia: lúcido y emocionante, cruza la vida privada y la historia pública en las palabras de un padre que quiere educar a un hijo “conciente de que este mundo es terrible y hermoso”.  Sigue leyendo

Esta historia continuará

¿Se pueden escribir novelas como si fueran temporadas televisivas?

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La cruza bastarda de la televisión con la literatura se define así: “Todo lo impresionante que tiene la TV (episodios fáciles de digerir, escritura en equipo, nuevo contenido cada semana) junto con todo lo que está bueno de los libros (historias bien construidas, autores talentosos, disfrute en cualquier parte)”. En la genética de Serial Box se encuentra el ADN de los dos: es un nuevo servicio digital que ofrece literatura de calidad en episodios semanales. Todos los miércoles, un capítulo se descarga en la computadora, la tableta o el celular y la historia se acaba después de dieciséis semanas: una temporada completa. Cada episodio exige cuarenta minutos en leerse (no es casual: la duración clásica de cualquier capítulo de una serie) y, en una época plagada de consumos culturales espasmódicos o atracones compulsivos, Serial Box se propone recuperar el espíritu del folletín decimonónico o de la televisión antes de Netflix: una intriga que se resolverá recién dentro de una semana, cada vez que un episodio termine con puntos suspensivos…  Sigue leyendo

La primera hija

A tono con los tiempos que corren, memoria de la noche que pasé con Ivanka Trump.

Souvenir: recuerdos de Miami

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La moza es rubia y de cara pálida pero después del traspié se vuelve transparente: excedida en lo servicial, cumple involuntariamente con una vieja rutina cómica (la del camarero que tropieza, arte modesto en el que nuestros Tandarica y Tristán dictaron cátedra) y vuelca el champagne de una copa sobre el vestido de la invitada. Es uno de esos momentos leves en que el tiempo parece detenerse y en la suspensión del runrún la cara de Ivanka muta de la sorpresa a la furia y finalmente, advertida de las miradas que se posan sobre ella, a la ira contenida. La esperpéntica campaña presidencial de Donald Trump me recuerda la noche que pasé en Miami con su hija, empapada en espumante: como cualquier periodista asalariado, colado por unas horas en el lujo de las vidas ajenas. Es una fiesta de la que no puedo dar muchos detalles, sólo que el selecto círculo de las personas muy importantes está integrado por Ivanka Trump, su madre Ivana, Faye Dunaway, Verónica Castro, su hermana idéntica… y yo: entre las luminarias, un ilustre desconocido que se pregunta qué cuernos hace ahí.  Sigue leyendo

Mitos eran los de antes

Cuando la revisión historiográfica se combina con la cultura pop.

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Dos mil años antes de nuestro infame siglo XX, Julio César se convirtió en uno de los primeros genocidas de la historia: su conquista de las Galias fue un holocausto, aunque no se estudie en la secundaria. Y de todos los líderes políticos contemporáneos el que más se le parece es Donald Trump. Se dice que la legendaria naricita de Cleopatra en realidad era el pico de una mujer más bien fiera, que Rómulo y Remo eran amamantados por una loba pero que así se les decía a las prostitutas en los tiempos de la fundación de la ciudad y que el muy extravagante Nerón tuvo algún rasgo de sensatez: prohibió que los esclavos usaran uniforme porque, en tal caso, se habrían dado cuenta de lo numerosos que eran. Si es cierto que el mito es un habla, y que no podría ser un objeto, un concepto o una idea sin folklore propio (el mito es pura significación), el sensacional libro SPQR: una historia de la antigua Roma, recién publicado acá, demuele cada uno de los mitos de la romanidad con rigor histórico: detrás de la sigla que significa Senatus Populus Que Romanus (“el senado y el pueblo de Roma”), la famosa clasicista inglesa Mary Beard sale de la leyenda y se entrega a la razón.  Sigue leyendo

Pólvora mojada

El cine comercial ya no es seductor como para competir con las atracciones digitales.

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Un año sin blockbusters: no los elefantiásicos videoclubes que fueron los dinosaurios de la cultura pop sino los superéxitos de taquilla. ¿Quién se conmovió con el duelo entre Batman y Superman, se emocionó con el regreso de Jason Bourne o se persignó ante la estampita musculada de Ben-Hur en pleno furor del crossfit? Si es cierto que ir al cine hoy sólo es algo para hacer cuando se corta Internet, probablemente este año pasará a la historia como el más anodino desde que las sagradas colinas de Hollywood se convirtieron en fábricas de sueños artificiales y los que pelean por conquistar nuestras ilusiones ya no se llaman Warner, Paramount o Fox sino HBO, Netflix o YouTube. En la muy actual revista Wired, que explora el impacto de la tecnología en la vida cotidiana, el crítico cultural Brian Raftery declara al cine en coma inducido y plantea la pregunta evidente: “¿Podría ser éste el año en que dejaron de importarnos las películas?”.  Sigue leyendo

Noticiero para pulgarcitos

Cuando las noticias del día se dan sin conductores, anunciantes ni censura.

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Sin conductores, sin anunciantes y sin censura: el noticiero del siglo XXI carece de algunos elementos típicos del género (tampoco tiene helechos ni escritorios, dos clásicos recurrentes del periodismo televisivo del siglo XX). Hace unos días se estrenó Vice News Tonight, el primer noticiero creado para millennials, aquellos nacidos con wi-fi que no se informan mirando televisión sino en sus muros de Facebook o cronologías de Twitter, donde las noticias conviven con memes de gatitos fiacosos o fotos pornográficas de hamburguesas. Sin conductores: todas las noches de la semana, el televisor muestra un lienzo blanco y una barra de menúes desplegables con títulos en tipografía sin serif, como si fuera el escritorio de una computadora, y distintas voces en off relatan las noticias del día. Sin anunciantes: el informativo se emite por HBO, que es un canal pago y sin tandas, lo cual elimina las arcaicas interrupciones comerciales. Sin censura: los abusos en campos de refugiados sirios o los tiroteos en escuelas secundarias, con la crudeza gráfica que exige la época. Señor director, imágenes ya.  Sigue leyendo

Música para los odios

Un fenómeno de esta eterna guerra contra el terror: el sonido de la violencia.

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Así suena la guerra: “El thump-thump-thump de un helicóptero que se acerca. El zumbido del generador. Las voces humanas gritando, llorando, preguntando en idioma desconocido. ‘¡Allahu akbar!’: el llamado al rezo. ‘Down on the ground’, la orden gritada. El dadadadadada del fuego de un arma automática. El shhhhhhhhhhhhh del misil en vuelo. El fffft de la bala al aire. El agudo k-k-k-k-r-boom del mortero. El ondulado BOOM del explosivo”. En su estremecedor libro Listening to War (“Escuchando la guerra”), el musicólogo neoyorquino J. Martin Daughtry reconstruye cómo suena la batalla interminable que los Estados Unidos pelean en Irak y sobre las onomatopeyas se superponen estribillos conocidos: Kiss me baby, one more time o Exit light, enter night. Si es cierto que no escuchamos música sólo con los oídos, sino con todo el cuerpo, recién ahora se estudia un fenómeno de esta época en eterna guerra contra el terror: la música como tortura o el sonido de la violencia.  Sigue leyendo