Sexo: puesta al día

De cómo fue la evolución del levante; de cómo el matrimonio igualitario tiene mucho que enseñarle al heterosexual; de cómo las redes sociales eliminan el concepto de “ex”; de cómo el porno se volvió una amenaza para los amantes.

Una actualización de los protocolos sexuales para la vida 2.0

Tinder

// Por Nicolás Artusi

Cada vez más enredados, descubrimos una nueva zona erógena en nuestro cuerpo: el teléfono. El placer táctil de acariciar una pantalla se extiende a otras partes de la anatomía con infinitas terminales nerviosas y el hormigueo ahí, sí, justo ahí, sugiere lo que confirma el LED de 32 pulgadas: “¡Estalló la primavera!”. Acumulamos contactos con la retórica de un agente secreto (“contactos”, ya no “amigos”) y alumbramos fantasías de popstars o candidatos en campaña: la dignidad personal se mide en cantidad de “seguidores”. Rodeados de aparatos, necesitamos un manual de instrucciones para la vida cotidiana: los usos y costumbres de la era moderna redefinen el ciclo vital de una relación amorosa, pero sería un error pensar que sólo la vuelve más líquida: el matrimonio igualitario demostró que el vínculo puede tornarse más sólido. En el mes del amor, teoría y práctica de los nuevos protocolos románticos. O cómo la modernidad se cuela entre nuestras sábanas y encuentra nuevas formas para el levante, la pareja, la separación y el duelo. O la venganza, si fuera cierto que en el amor, en la guerra y en la red todo vale.

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¡Arriba las manos!

En Estados Unidos renació una vieja corriente: la que desaconseja la masturbación para no “derrochar” energía. El onanismo resiste.

Apuntes: vidas privadas

Masturbación

// Por Nicolás Artusi

Las estadísticas son contundentes: un hombre heterosexual promedio se masturba 17 veces por mes y un homosexual, cerca de 40. Si fuera cierta la máxima de Woody Allen, aquella que glorifica la masturbación como el sublime acto de hacer el amor con la persona que uno más quiere, una nueva corriente de varones virtuosos se empeña en el celibato de la autosatisfacción como una manera práctica de ser hombres mejores. La insólita polémica copó los medios estadounidenses en las últimas semanas: ¿masturbación sí o no? Con su afición por los neologismos, los yanquis alumbraron la bella palabra “fapstinencia” (viene de la onomatopeya “fap, fap, fap”, el ruido que hace un hombre en la muda intimidad de su onanismo) y mientras el debate llegó a las revistas y los noticieros, una multitud de jóvenes saludables promueve la abstinencia total del manoseo como un método para resetear el sexo, el cerebro, el deseo. Tocata y fuga.  Sigue leyendo

Números en rojo

17

Es la cantidad de veces que se masturba por mes un hombre heterosexual promedio, según la revista Details.

La encuesta entre sus lectores también devela que su lector promedio tiene sexo casual 7 veces por mes y que llega al orgasmo 23 veces cada 30 días.

Vicio por el porno

Antes había que ir al kiosco, poner cara de póker para pedir la revista y pagarla. Ahora alcanza con tener Internet y ver todos los desnudos que uno quiera completamente gratis.

// Por Nicolás Artusi

Como el rinoceronte negro occidental, el casete, los mapas impresos o la capa de hielo polar, en la primera década de este siglo la Humanidad también perdió el porno pago. No es broma: el reputado diario inglés The Guardian incluyó el voyeurismo arancelado entre las cosas que se extinguieron en los últimos diez años y, si la crisis de una industria amenaza con dejar en el paro (je) a los pornostars de Los Angeles, la gratuidad de lo erótico y la ubicuidad tecnológica permiten que siempre tengamos el sexo a mano.  Sigue leyendo

La era de la madurez

La medicina y el Viagra prolongaron la salud y la sexualidad de los hombres, pero el desafío no es mantenerse joven sino envejecer bien. La adultez en los tiempos de las vidas largas.

// Por Nicolás Artusi

“Tu madre tenía razón: lo mío es machopausia. Me comporto como un lunático”: la confesión del padre lo exime de mayores explicaciones para su errática conducta, recién llegado de Sevilla donde, en viaje exploratorio de la mediana edad, se entregó al flamenco. Si Dustin Hoffman en Los pequeños Fockers resume con su taconeo la renacida juvenilia del sesentón, su esposa Barbra Streisand, sexóloga enteradísima en la comedia, diagnostica el cuadro: sí, “machopausia”. En disputa con el calendario y con cualquier síntoma de declive físico, una generación de sesentones se eterniza en la vigencia aeróbica y sexual, proponiendo un modelo actualizado de varón. O, en palabras de la prensa del último momento, los sesenta son los nuevos cuarenta.

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Romances de oficina

Lo dice la estadística: 4 de cada 10 personas tienen amoríos en el trabajo. Consejos para que el final de una relación no signifique el despido.

// Por Nicolás Artusi

Los chichoneos eternos junto a la máquina de café o las horas muertas en la charla ociosa. ¿En qué otro lugar nos pasamos ocho, diez o doce horas por día? El boludeo eterniza la jornada laboral y nos mantiene ahí, sentaditos como impone la lógica patronal de la silla caliente: si la Argentina es uno de los países donde se trabaja mayor cantidad de horas, la oficina es el gran promotor de romances de nuestros tiempos. Es oficial: según el supersitio de búsquedas laborales CareerBuilder.com, cuatro de cada diez trabajadores tendrán un amorío con un/a compañero/a en algún punto de sus carreras. Y tres se casarán con la persona que conocieron en el laburo. Ahí donde el cliché del acoso inmortalizó el sketch del jefe con la secretaria sentada en sus rodillas, ¿cómo llegamos a encontrar el amor en ese despelote de carpetas, memos, abrochadoras, biromes y remitos?

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