Rebelde en la pausa

SnackPrimero fue un blog; después, un libro; ahora, un fenómeno. La obra se llama Advertising for People Who Don’t Like Advertising (“Publicidad para gente a la que no le gusta la publicidad”) y, aunque fue publicado por una agencia holandesa llamada Kesselskramer, se propone dinamitar los mitos alrededor de la publicidad y el marketing. Con un impactante diseño gráfico, el libro contiene consejos sobre “publicidad responsable”. El libro está dedicado a todos aquellos que se hayan irritado al ver un comercial. Fundada en 1996, la agencia fue pionera en la publicidad viral no tradicional y resume su pensamiento en conceptos tan polémicos como “el triunfo de lo pequeño, lo pequeño es humano”, “invente noticias, no avisos” o “nunca haga brainstorming”.

Mal pronóstico para la tormenta de ideas

Inventado hace más de 50 años, el “brainstorming” está en el banquillo. Una nueva ola de estudios cognitivos dice que esta técnica de creatividad tiene un problema: no funciona.

// Por Nicolás Artusi

Con tres paquetes de cigarrillos por día, un trago old fashioned sobre el escritorio a la hora de la siesta y un riguroso arsenal de camisas almidonadas, hubo una época en que los hombres de Mad Men eran reales: cuando las agencias de publicidad no habían sido invadidas por metegoles y mesas de ping pong, un tal Alex Osborn, socio de la mítica agencia BBDO, escribió el libro Your Creative Power (Su poder creativo), que se convirtió en el best seller inesperado de principios de los ’50. Con una astuta combinación de autoayuda cientificista y anécdotas del negocio, a Osborn se le ocurrió uno de sus mejores eslóganes para vender su propia obra (“si lee este libro duplicará su potencial creativo”) aunque la epifanía llegara recién en el capítulo 33: Cómo organizar un equipo para crear ideas. Era el nacimiento del brainstorming . Formado en la rutina de inventar avisos para vender planchas de General Electric o navajas de Gillette, el gurú concluyó que, cuando las personas piensan juntas, se genera una “tormenta de ideas” capaz de resolver cualquier problema. Pero una nueva generación de estudios cognitivos desmiente la utilidad de la tempestad y afirma que el brainstorming tiene un solo inconveniente: no funciona.  Sigue leyendo