La hora de comer

Breakfast club

Snack“No importa qué comas: lo que importa es cuándo”: ésta es la principal conclusión de un amplio estudio sobre hábitos alimenticios realizado en los Estados Unidos y que consagra al desayuno como el rey de las comidas. Según los investigadores del instituto Salk, la TV fue la responsable de convertir la cena en la comida más importante del día. Y eso no es bueno para los ciclos metabólicos (los órganos trabajan más a la noche, durante nuestro descanso). Algunos números: el efecto positivo para la salud de la comida baja un 1,7% a cada hora que pasa del día; la cena es un 15,9% menos saludable que el desayuno; la gente que no desayuna come un 6,8% más durante el día que aquel que desayuna bien; el domingo es el día en que peor se come: 1,5 más cupcakes que un día laboral o 1,6 cervezas más que un martes.

La comida en la era 2.0

Comida, Edelman

SnackLa imagen clásica de la mamá preparando la comida para la familia mientras el padre regresa del trabajo está desvaneciéndose rápidamente. La madre pasó de hacer el pan a quien lo trae al hogar, convirtiéndose en el único o principal sostén de la familia en el 40 % de los hogares en los Estados Unidos solamente. A su vez, el 75% de los padres dicen que están más involucrados en la crianza de sus hijos que lo que estaban sus padres. El estudio America’s Kitchens: Redefining Roles and Values se propone investigar las nuevas reglas de socialización de la comida: los roles cambiaron, las redes sociales se convirtieron en un canal de entrada para los alimentos y los millennials guían las pautas de consumo de la familia.

La historia del almuerzo

Una monumental muestra en la Biblioteca Pública de Nueva York exhuma la historia del almuerzo como institución social en las grandes ciudades. De las primeras colaciones y la lunchera escolar, al carrito para comer en la calle y el almuerzo en la oficina.

Comidas en el recuerdo

Lunch Hour 1

// Por Nicolás Artusi / Desde Nueva York

“De las tres comidas que marcan el día, el almuerzo es la única que adquirió su identidad moderna aquí, en las calles de Nueva York”: con letras de molde y la custodia de dos beatíficos leones de granito, la monumental Biblioteca Pública de la 5º Avenida consagra la fundación mítica del almuerzo como institución social. La imagen ploteada de un carrito que vende hot dogs abraza la puerta y admite el ingreso gratuito a Lunch Hour, una originalísima exposición que seguirá abierta hasta el 17 de febrero, ideal para visitar en la hora del almuerzo, cuando la secretaria ejecutiva promedio lleva los zapatos de taco alto en una mano y una ensalada en la otra. Si la palabra anglo “lunch” deriva de la muy española “lonja” (según la Real Academia, “cosa larga, ancha y poco gruesa, que se corta o separa de otra, como ‘lonja de tocino’”), en 1755 apareció por primera vez en el mítico diccionario inglés de Samuel Johnson, pero no fue hasta el siglo XX que se convirtió en una norma social, protegida incluso por los estatutos laborales. La hora del almuerzo es un derecho de cualquier trabajador. Allá por 1820, por 6 centavos de dólar un empleado podía comer todas las ostras que quisiera (hoy cada pieza cotiza a 2,25 dólares). Bajo las presiones de la industrialización, y con Nueva York asumida tempranamente como “la capital del mundo”, se concluye que el lunch urbano nació en estas calles: ahí donde la tradición rural convertía la cena en la comida más importante del día casi a mitad de la tarde, el almuerzo fue una necesidad de los empleados. Sometidos a las enormes distancias de la modernidad, los horarios de las comidas se codificaron y cuando la ciudad se expandió y los que trabajaban en el centro ya no pudieron volver a sus casas durante el mediodía, nació la hora del almuerzo. Buen provecho.  Sigue leyendo

Bendito pan nuestro

Gingebread Man

SnackEl olor a pan recién horneado hace que las personas sean más amables con los extraños. Según una investigación realizada por la Universidad del Sur de Bretaña, en Francia, los transeúntes son más propensos a alertar y ayudar a un extraño al que se le ha caído una de sus pertenencias si es que, en ese momento, están pasando por una panadería que desprende el agradable olor a pan recién hecho. El estudio, publicado en The Journal of Social Psychology, indica que ciertos olores pueden provocar un estado de ánimo más positivo, lo que se traduce en un mayor grado de altruismo con los extraños.

Sube la espumita: cerveza instantánea

Después del café soluble, la leche en polvo y el pollo en pastillas para las astronautas, llega la cerveza instantánea. La empresa Pat’s Backcountry Beverages, de Alaska, inventó un sistema para producir birra sólo con agregarle agua. El sistema es simple: una botella mezcladora y sobrecitos carbonatados que, al sumarles líquido y sacudir con energía, crean gaseosas o cervezas. Lo renovador del proceso es que no se trata de cerveza deshidratada: es una bebida elaborada casi sin agua, con un componente de alcohol y el sabor y el aroma de la cerveza. Los creadores de la ideota dicen que responden a una necesidad ecológica, al eliminar la necesidad de transportar envases de plástico o vidrio que, en su mayoría, contienen agua.

La guerra contra las gaseosas

Nueva York se va a convertir en la primera ciudad en prohibir los vasos XL de gaseosas y los detractores de la medida dicen que parece una idea propia de un estado totalitario. El alcalde Michael Bloomberg y el Comité de Salud lanzaron la propuesta de prohibir los vasos que tengan más de 0,5 litro (16 onzas), como una medida contra la obesidad. Se descuenta que el proyecto se aprobará el próximo 13 de septiembre pero en las plazas se organizan manifestaciones en contra de la medida. La dieta abundante en grasas, azúcares y calorías, propia de los países occidentales, está provocando un “desastre de salud pública”. En EE.UU., donde la obesidad es un mal endémico, ya se exige a los restaurantes indicar en sus menúes la cantidad de calorías de cada plato. Para los defensores de las “libertades individuales”, en un corto plazo habrá campañas contra el consumo de gaseosas tan agresivas como las que buscan prohibir el tabaco.

Lo que hay que tragar

Habla Gustavo Duch, el autor del libro que denuncia los disparates que comemos. ¿Apocalipsis sobre la mesa?

// Por Nicolás Artusi

Homero Simpson contra Popeye: en la batalla de los dibujitos, si el padre de familia luchara contra el marinero nómade, también se enfrentarían dos modelos de alimentación. Es la guerra de la dona contra la espinaca. En los tiempos modernos se come mal, mucho y caro, entonces: ¿estamos frente a un apocalipsis alimentario? Se requieren 7 litros de petróleo para obtener un kilo de carne de vaca y 3.000 litros de agua para un kilo de pollo: “Los carnívoros debemos tener en cuenta que, si no moderamos nuestro consumo, nos convertimos en parte de una maquinaria perversa”, alerta Gustavo Duch desde Barcelona. El es un veterinario español que acaba de publicar el libro Lo que hay que tragar, minienciclopedia de política y alimentación, una denuncia contra el disparate alimentario: cada 24 horas, 3.500 cerdos viajan desde varios países de Europa hasta España y, en ese mismo día, otros 3.000 cerdos hacen el camino inverso. En el Lago Victoria, en Africa, las multinacionales extraen diariamente millones de peces para el consumo en el Primer Mundo, mientras dos millones de vecinos africanos se mueren de hambre. Los kilómetros que recorren muchos de los alimentos que consumimos encierran absurdos como estos. Y si es cierto que para preparar huevos fritos con chorizo, la gallina colabora pero el chancho se compromete, la parábola ilustra la diferencia entre el interés y la lucha: Gustavo se propone como un Robin Hood de la comida y, ahí donde defiende el derecho a la cena de pobres y jóvenes, también pelea para que los países consigan una “soberanía alimentaria“.  Sigue leyendo