Cómo piensa y qué hace la generación malcriada de los veintipico, que exige la satisfacción inmediata de sus deseos y busca la gratificación instantánea.
Postales de la vida moderna

// Por Nicolás Artusi
¿Qué estás haciendo en este momento? Probablemente, la respuesta sea “leyendo esta revista”. Está bien. Afinemos la pregunta: ¿qué estás haciendo en este momento de tu vida? ¿Lo que te apasiona? ¿No? Entonces, ¡empezá! En pocas palabras, ésta es la filosofía de la época. Con la retórica de una secta positivista, una declaración de principios a favor de la vocación y el placer, de la autogestión y el riesgo. Una diatriba contra la rutina del trabajo de oficina que te esclaviza de 9 a 18 y donde la recompensa (el aguinaldo, las vacaciones, ¡la jubilación!) llegará después de mucho tiempo de esfuerzo y sacrificio. Es la filosofía de los millennials, la generación de aquellos nacidos y criados entre 1981 y 1995, que en sus veintipico exigen la satisfacción inmediata de sus deseos y que buscan la gratificación instantánea: si es cierto que en tiempos de relaciones virtuales, uno puede quedarse en pijama todo el día pero sería imperdonable que no mantenga vital y atractivo su perfil en las redes sociales, la ambición de sus mayores será considerada la más alta renuncia frente al patrón: convertirse en el empleado del mes. Sigue leyendo

Un nuevo concepto se propone medir la calida de vida de las grandes metrópolis: ciudades rápidas o ciudades lentas. La consultora internacional Mercer, junto con la aerolínea British Airways, realizó una encuesta mundial y los resultados determinaron dos grupos de urbes. La “velocidad” de una ciudad no puede medirse según el crecimiento de su población o su superficie, según la eficiencia de su transporte público o la calidad de su aire. La “velocidad” es un “estado de la mente, una actitud”. Y eso midió Mercer: la escala humana de ciudades donde todavía haya tiempo para tomar un café con un amigo o la manera en que un ciudadano promedio trabaja y pasa el tiempo con su familia. ¿Querés saber cuáles son las ciudades rápidas y cuáles son las lentas? 

Una calentura primaveral o las penurias de un patasucia en el aeropuerto de Heathrow: la misma letra podrá ser melodrama o panfleto. “Me gusta mezclar lo blando con lo duro”, le confiesa al Sí! Neil Tennant, el Pet Shop Boy que habla. “Lo blando sería la relación entre dos personas y lo duro, la política: siempre encuentro paralelos entre lo íntimo y lo social”. Mientras Green Day necesita la sutileza de una granada para decir algo sobre los tiempos que corren, y algunos creen que “política” es sacarse fotos con un pobre, para los Pet Shop Boys es “político” titular un disco Fundamental en épocas de fundamentalismos (la edición especial viene con un disquito de remixes llamado, sí: Fundamentalism). “El significado original del término ‘política’ es ‘compromiso social‘”, aclara Neil desde su casa en el norte de Inglaterra, días antes de viajar a la Argentina. “Y nuestra vida sentimental también es una forma de compromiso público”. 




Existen las huellas digitales (¡qué sería de la serie CSI sin ellas!), huellas en la nieve y huellas de carbono: según 